ISRAFEL, loca vorágine de vida

Un Edgar Allan Poe intenso en monumental puesta en escena de la obra de Abelardo Castillo

Israfel – Actúan: Cristina Allende, Antonia Bengoechea, Juan Manuel Correa, Christian De Miguel, Martín Lopez Fiorini, Ezequiel Moyano, Aldo Pastur, Julieta Perez, Mario Petrosini, Diego Sassi, Miguel Sorrentino, Marcos WoinskiVestuario: Paula Molina – Música: Ezequiel Moyano (violín) – Coreografía: Mecha Fernández – Iluminación: Miguel Morales – Arte: Héctor Calmet – Autoría: Abelardo Castillo – Dirección: Daniel Marcove  

Edgar Allan Poe no tuvo una vida fácil. Lo reflejó en sus cuentos y en sus poemas. Su orfandad, su fracaso económico, la enfermedad y precoz muerte de su esposa (y prima) Virginia, su adicción al alcohol, tornaron sus cuarenta años de vida terrenal en una alocada vorágine que, no obstante, produjo una de las plumas más privilegiadas del romanticismo estadounidense, responsable de cuentos de efecto como El tonel de Amontillado, El corazón delator,  La máscara de la Muerte Roja o Ligeia, y de lo que se considera el poema más bello de la lengua inglesa, El cuervo.

La fascinación por el escritor nacido en Boston en la primera década del siglo XIX no caducó con su fallecimiento. Julio Cortázar fue acaso el traductor más célebre de sus cuentos y poemas, y Abelardo Castillo (1935-2017) escribió, en 1964, Israfel, una dramatización de la atormentada vida de Edgar Allan Poe. De esta manera, Poe, el personaje, el escritor, se cruza permanentemente con quienes fueron parte de su vida, sean personas reales o personajes de sus obras. La obra comienza en una taberna y concluye también en una taberna, enmarcando el período en que Poe acaso fue, o intentó ser, feliz.

El punto fuerte de esta puesta en escena de Israfel es, sin dudas, la soberbia actuación de Juan Manuel Correa como Poe: el remolino de emociones que suscita su interpretación deja casi sin respiro a la audiencia. Sazonada por la sapiencia y destreza de Daniel Marcove en la dirección, Israfel es un desfile incesante de episodios y personajes, inmersos en un ambiente opresivamente nostálgico que va degradándose conforme el escritor cae en un espiral descendente de alcohol y depresión. La sombra de William Wilson, su doppelgänger, impregna toda la obra; El cuervo aletea implacable en el espíritu de Poe y en la atmósfera.

Es el mismo Abelardo Castillo, en la piel de un magnífico Aldo Pastur, quien narra, en vivo y en directo, los acontecimientos más salientes de la vida de Poe y, además, penetra en su atormentada psiquis, que ni la dulce e inocente Virginia (Antonia Bengoechea) ni el cariño de su tía Marie (Cristina Allende) logran aplacar. De nada sirven las concienzudas advertencias del tío Nilson (Mario Petrosini) respecto de la reputación del sobrino y su peculiar relación con Virginia. Tampoco trae paz la música de violín que resuena de principio a fin, ora atribulada, ora inquietante, ejecutada de manera estupenda por Ezequiel Moyano, que al igual que Wilson y el cuervo no dejan al protagonista ni a sol ni a sombra.

“¡Nunca más!” graznó el cuervo, y el espejo devolvió una imagen. La vida de Poe se apagaba, pero no su estrella. La pluma de Abelardo Castillo y la puesta en escena de Marcove nos traen a un Edgar Allan Poe inmensamente humano, intenso como su breve pero prolífica vida. Israfel es una maravillosa alquimia de actuaciones excelentes, ambientación y vestuario acordes a la época y brillante desempeño musical, gracias a la acertada intervención del director Marcove. Viviana Aubele

Viernes a las 19.30
Sábados a las 22.30
Centro Cultural de la Cooperación
Av. Corrientes 1543 – Cap.
centrocultural.coop
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