TÉ DE CEIBO, onírico desvarío

Gonzalo Demaría pinta un fresco Ilusorio y alucinante como el té del título

Té de ceiboActúan: Cristina Allende, Eduardo Calvo, Florencia Cappiello, Nicolás Furtado e Isabel Quinteros – Vestuario y Escenografía: Giles / Torrado – Iluminación: Giles / Crasso – Música: Gerardo Gardelín – Autor: Gonzalo Demaría – Director: Alejandro Giles

El gran disparate en que nos sumerge Gonzalo Demaría tiene diferentes aditamentos y variantes tragicómicas, junto a algún elemento de grand guignol y hasta remembranzas del Rocky Horror Show y de Flash Gordon. Todo puede suceder en Té de ceibo, cuyo texto utiliza elementos de la vida cotidiana y cuestiones algo herméticas, en donde prima el particular humor del autor, basado en vivencias de diferentes ámbitos sociales y variopintas geografías, en tiempos que parecen renacentistas con visiones y acciones futuristas. Muy naturalmente se preguntan ante alguien moribundo si llaman a un médico o a un policía, y más natural aún es la respuesta: “un médico del Churruca, que además es policía”. Parece obvia, también ocurrente, también delirante la respuesta y la decisión subsiguiente, como locuaz y surrealista es lo que ocurre.

Aparecen un jardinero, una aborígen, una dama ilustre, un militar y ecologistas fundamentalistas, en el reflejo de un tiempo que parece ser conocido para muchos, pero son sólo atisbos, lo importante es un escape tóxico, o no tanto. Tal como Gonzalo Demaría recreó en La Anticrista y las langostas contra los vírgenes encratitas, hay resabios y reminiscencias, hay verdades y mentiras, hay engaños y pareceres, con similitudes que impresionan. Si hay un trabajo actoral de primera línea, superlativo, sustanciado, parejo e impecablemente realizado es el de Isabel Quinteros en su composición de la india confundida hasta cierto punto y doliente siempre. No le va en zaga Eduardo Calvo, en su tremebunda y maquiavélica ambivalencia, que pasa de la pretendida inocencia de quien cuida su jardín hasta el ingobernable fascista que no trepida en ejemplificar de un modo y actuar de otro, personaje donde brilla con su habitual elocuencia gestual y miradas desorbitadas.

Cristina Allende interpreta a la madre que no titubea en defender a su hijo en cualquier decisión y cuidarlo porque se puede resfriar, generando momentos muy graciosos, sobre todo cuando pasa de distinguida y despreocupada señora bien a ser un perro atado con cadenas, que no cambia su actitud primigenia. Los jóvenes ecologistas, en buen trabajo de Nicolás Furtado y -algo más tibia- Florencia Cappiello, parecerían adolecer de una dirección algo imprecisa (Alejandro Giles) que ha liberado al elenco de necesarios ajustes. Bajo el manto neblinoso, entre la madrugada incipiente y la nube de uranio, hay un buen trabajo de iluminación, escenografía kitsch y creativo vestuario, que coadyuvan a crear la atmósfera confusa y el delirio exacerbado de una historia con muchas lecturas. Martin Wullich

Se dio hasta fin 2015
Teatro El Método Kairós

El Salvador 4530 – Cap.
(011) 4831-9663

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