ENERGÍA Y OPTIMISMO PARA TODA LA VIDA

Fragmentos, convivencias y resonancias en 60 años de la galería Ruth Benzacar

En Energía y optimismo para toda la vida, el tiempo deja de ser un dato histórico para volverse experiencia. No se lo enuncia: se lo ve, se lo atraviesa, se lo recorre con el cuerpo. La exposición, que celebra los sesenta años de la galería, evita la cronología y la lógica del hito para proponerse como un dispositivo donde pasado y presente conviven, se superponen y, en algunos casos, se tensan.

El montaje es clave en esta operación. Las paredes móviles que segmentan la sala —referencias a las distintas sedes que la galería ocupó desde su fundación en 1965— funcionan como capas temporales que interrumpen cualquier lectura lineal. El recorrido obliga a avanzar y retroceder, a cruzar umbrales que no ordenan la historia sino que la fragmentan. La muestra se construye así como un conjunto de retazos antes que como un relato continuo, dejando ver una trayectoria marcada por desplazamientos, cambios de escena y reconfiguraciones.

Esa lógica de fragmentos le da a la exposición un carácter de recopilación casi museística, aunque atravesada por un rasgo claramente afectivo. No se trata de una narración histórica organizada desde categorías duras o taxonomías cerradas, sino de una memoria que se arma desde vínculos, afinidades y decisiones situadas. La nostalgia, cuando aparece, no opera como cierre ni como idealización del pasado, sino como una categoría blanda: una forma de volver a mirar sin fijar definitivamente los sentidos.

Lejos de organizarse como una suma de nombres —aun cuando reúne obras de más de sesenta artistas de distintas generaciones—, la exposición articula un sistema de convivencias que incide directamente en la visita del espectador. Piezas que nacieron en contextos estéticos, políticos y culturales muy distintos se encuentran en un mismo plano para poner en evidencia sus diferencias y resonancias.

Algunas combinaciones resultan especialmente llamativas: trabajos de Jorge de la Vega, Marta Minujín y Luis Felipe “Yuyo” Noé comparten espacio y obligan a una mirada errática, casi inquieta, que duda sobre dónde detenerse primero: ¿en la cabeza rosada de la serie Gino Coiffeur de Pablo Suárez, que convoca desde el ingreso aunque esté en mitad de sala, o en los corazones desarmados de Delia Cancela?

El eclecticismo de figuras, lenguajes y técnicas —que van desde pintura, cerámica y escultura hasta fotografía, bordados y arte digital— no busca armonía, sino fricción. Un modo de hacer visible la coexistencia de tiempos y gestos que no responden a una misma lógica. Es en ese cruce donde las obras dejan de leerse desde su época de origen y empiezan a producir sentidos nuevos en el presente.

En ese sentido, la galería emerge no solo como un espacio de exhibición y comercialización, sino como un dispositivo temporal de construcción de trayectorias a lo largo de los años. La muestra permite tomar verdadera dimensión del recorrido de Ruth Benzacar; más que como una cronología explícita, desde la posibilidad de percibir cómo ciertas obras se transforman al ser vistas hoy, cómo otras adquieren una vigencia inesperada y cómo las producciones más recientes dialogan con aquellas que fueron testigo del nacimiento del proyecto.

El título de la exposición —tomado de la frase que Federico Manuel Peralta Ramos le dedicó a Ruth Benzacar en 1985— funciona menos como consigna celebratoria que como clave de lectura. Energía y optimismo para toda la vida no remite a una promesa ingenua de futuro, sino a una forma de persistencia; a la capacidad de sostener un proyecto en el tiempo, atravesando crisis, transformaciones del sistema del arte y cambios generacionales, sin perder la vitalidad ni el riesgo.

Curada por Sofía Dourron, junto a Orly Benzacar y Mora Bacal, la muestra evita el tono nostálgico y propone una lectura activa de su historia y, por extensión, del arte contemporáneo argentino. El tiempo, aquí, no se contempla a distancia: se camina. Y en ese recorrido, lo que se pone en juego no es solo la memoria de un proyecto institucional, sino la posibilidad de pensar cómo se construye —y se sigue construyendo— una escena artística en el presente. Candelaria Penido

Martes a viernes de 14 a 19
(hasta el 27 de febrero de 2026)
Galería Ruth Benzacar

Juan Ramírez de Velasco 1287
Villa Crespo – CABA
(011) 4857-3322
Entrada gratuita
Sitio Web Ruth Benzacar

Obras de los siguientes artistas: Ingeborg Ringer, Eduardo Rodríguez, Juan Batlle Planas, Roberto Aizenberg, Jorge Kleiman, Luis Fernando Benedit, Osvaldo Romberg, Victor Grippo, Clorindo Testa, Rogelio Polesello, Ernesto Deira, Jorge De la Vega, Luis Felipe Noé, Antonio Berni, Josefina Robirosa, Alfredo Prior, Emilio Renart, Marta Minujín, Marie Orensanz, Liliana Porter, Pablo Siquier, Ana Gallardo, Ernesto Ballesteros, Ennio Iommi, Alfredo Hlito, Alejandro Puente, Marcelo Pombo, Miguel Harte, Pablo Suárez, Alejandro Kuropatwa, Sebastián Gordín, Fabio Kacero, Graciela Hasper, Daniel García, Marina De Caro, Miguel Rothschild, Jorge Macchi, Leandro Erlich, Matías Duville, Adrián Villar Rojas, Flavia Da Rin, Leopoldo Estol, Luciana Lamothe, Nicola Costantino, Julio Grinblatt, Florencia Rodríguez Giles, Guillermo Iuso, Chiachio & Giannone, Carlos Herrera, Eduardo Basualdo, Mariana Tellería, Carlos Huffmann, Daniel Joglar, Tomás Saraceno, Tomás Maglione, Jazmín López, Sofía Durrieu, Stella Ticera, Catalina León, Ulises Mazzuca, Francisca Rey, Rómulo Macció, Delia Cancela, Andrés Piña.

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