Derecho de piso – Elenco : Victoria Baldomir, Nicolás Martín, Rochi Caldés, Andrés Granier, Guadalupe Otheguy – Músicos: Agustín Cañas, Pablo Moral, Toto Shifres – Canciones y Dirección musical: Ian Shifres – Escenografía: Rodrigo González Garillo – Iluminación: Sebastián Francia, Diego Becker – Vestuario: Lara Sobel – Coreografía: Malena Martin – Dramaturgia y Dirección : Ana Schimelman, Ian Shifres
Hay obras que entretienen. Otras te hacen pensar. Están las que logran ambas cosas sin que te des cuenta, casi como quien no quiere la cosa. Derecho de piso entra en esa última categoría, y con todo derecho. Este musical argentino arrancó en El Galpón de Guevara allá por 2024, y ahora pisa fuerte en la calle Corrientes. Ian Shifres y Ana Schimelman, coautores y codirectores han armado una puesta que habla del teatro desde adentro, sin filtro ni nostalgia romántica. Eligieron poner en el centro a quien siempre está al costado, la asistente del grupo teatral. Esa figura que resuelve, anticipa, carga con los errores ajenos y nunca aparece en los créditos grandes.
La escenografía de Rodrigo González Garillo replica el tras bambalinas sin adornos innecesarios, tan solo elementos simples que sitúan al espectador en ese clima de ensayo permanente. Debo destacar un elemento de realismo impecable como la tortuga gigante en el medio del esceniaro. La iluminación de Sebastián Francia hace lo suyo, como potencia sin gritar, acompaña sin subrayar.
Pero el verdadero hallazgo está en cómo se integra la música en vivo. Agustín Cañas, Pablo Moral y Toto Shifres arman la base sonora con lo justo y necesario: batería, bajo, teclado y percusión. Nada más, nada menos. Con esa formación construyen melodías potentes y delicadas que sostienen las canciones de Shifres. En simetría, el trío organiza el ritmo de la puesta, y marca tiempos. Los números musicales no se separan del supuesto ensayo ficticio, ya que son parte del flujo. Y eso cambia todo, pues el musical deja de ser dispersivo y se convierte en parte de la narrativa.
Y acá viene lo más interesante: las actrices y actores manejan registros opuestos con una versatilidad notable. Saltan de la sátira al drama, del homenaje a clásicos como El Fantasma de la Ópera, Drácula o Los Productores a momentos de pura crudeza emocional. El elenco respira parejo, no hay estrellas ni comparsa, solo un conjunto que funciona. Sin embargo, debemos destacar a Nicolás Martín, en el rol de dramaturgo, ácido y espumante, se luce en lo vocal y suma momentos muy divertidos. Guadalupe Otheguy lleva sobre los hombros el rol de iluminadora y apoyo emocional de Brenda, la asistente, núcleo de la trama. Su voz aterciopelada tiene una precisión demoledora.
El resto del elenco funciona como engranaje colectivo, Rochi Caldés, Andrés Granier y Victoria Baldomir arman una maquinaria precisa donde cada uno tiene peso específico. No hay villanos individuales, ese es el truco. Lo que se expone es una lógica de grupo, una forma naturalizada de abuso que se sostiene bajo la promesa de «algún día vas a estar del otro lado».
Temáticamente, la historia pone el dedo en la llaga del trabajo invisibilizado. ¿Cuánto debe soportar alguien para alcanzar su sueño? ¿Dónde empieza el aprendizaje y dónde la explotación? La obra no da respuestas fáciles,ya que plantea preguntas incómodas y confía en que el público traiga las propias. No es casual que hayan recibido siete Premios Hugo en 2025 (incluidos Mejor Musical Off, Mejor Dirección, Mejor Música Original). Tampoco lo es el salto del circuito independiente al comercial. Este musical tragicómico toca una fibra generacional, ya que habla de inestabilidad laboral, de promesas diluidas, y de sueños que se pagan caro.
Lo hace desde el humor, pero un humor que reconocés de inmediato. La platea se ríe todo el tiempo como un espejo empático, porque sabe exactamente de qué están hablando, como esa orden desubicada lanzada al pasar, la tarea que nadie asume, el «ya va a llegar tu momento» que nunca llega. No hay moraleja tranquilizadora ni cierre que cierre. Lo que queda, cuando se apagan las luces, es una pregunta abierta flotando en el aire: ¿cuánto vale tu lugar? ¿Quién decide cuánto tenés que tolerar?
Pues bien… eso es lo que hace grande a Derecho de piso. No te da soluciones empaquetadas. Te muestra el reflejo—y después vos decidís qué hacer con lo que viste. Cristian A. Domínguez
Miércoles a las 20.15
(hasta 25 feb 2026)
Teatro Metropolitan
Av. Corrientes 1343 – CABA
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