RODIN, vivas esculturas

Excelente presentación con coreografía de Boris Eifman; brillo de de Nadia Muzyca y Juan Pablo Ledo en los roles principales

Los cuerpos pétreos, aquellos que han aparecido una vez que al bloque se le ha quitado lo que sobra -al decir de Miguel Ángel-, aparecen humanos y expresivos aunque sin perder la pátina del mármol. “Una estatua vive, cambia con el día y la hora por el juego de las sombras y la luz” dijo Auguste Rodin. Así lo entendió el siberiano Boris Eifman para el estupendo desarrollo coreográfico y la consecuente puesta en escena que cuenta la historia del más célebre escultor francés.

Independientemente del relato y del revisionismo histórico, siempre discutible, que se haga de la vida de Rodin –y puntualmente la relación con su colega y amante Camille Claudel-, es deleitable la estética utilizada en lo escenográfico y en la iluminación diseñada para marcar momentos íntimos y de suma sensualidad, no exentos de dramatismo. La vida de este hombre tiene su correlato en las esculturas. Y son los grupos humano escultóricos en donde más se aprecia el trabajo precioso y por ende gozoso de expresiones pensadas sólo por el alma de un artista, quizás inimaginables hasta descorrer el lienzo que las cubre o, en este caso, el telón teatral que ofrece este espectáculo único y conmovedor.

La pareja protagónica se entrega no sólo en la danza sino en la sustancia de los personajes. Nadia Muzyca es, categóricamente, Camille Claudel. La bailarina expresa en su mirada el dolor y la sensualidad por partes iguales, el calor y el frío cuando pasa de lo humano a lo escultórico, el sentir ante el hombre que le da forma, en todo sentido. Su vida es tan dura como el material que trabaja, e inclemente con sus sentimientos. Muzyca lo refleja en un trabajo ímprobo que se suma a su indiscutible don como bailarina, y se permite ser tan sutil y emocionante como enérgica y sorprendente. Juan Pablo Ledo encarna al envejecido escultor que siempre seduce a las mujeres que lo rodean, haciendo un excelente trabajo en lo técnico, desde lo más clásico hasta lo contemporáneo.

La idea de Boris Eifman, de una coreografía de variopintos movimientos sin estilo predominante,  tiene también su paralelo en la música, con diferentes piezas útiles a cada cuadro, pertenecientes a compositores franceses: Maurice Ravel, Claude Debussy, Camille Saint-Saëns, Jules Massenet, Erik Satie y hasta las notas de un nostálgico acordeón. De hecho, Debussy está presente en la historia, interpretado impecablemente por Vagram Ambartsoumian, con su prestancia y técnica notables. Asimismo, Daiana Ruiz -como Rose Beuret, la mujer que acompañó a Rodin hasta su muerte- brilla en un trabajo que, más allá de la danza, marca una estética de inusual elegancia.

La Orquesta Filarmónica, dirigida por Emmanuel Siffert, sonó precisa en el conjunto y en los solistas que marcaron clásicos y reconocibles momentos como El Carnaval de los animales o la Meditación de Thays, así como conciertos de piano o violín de los compositores mencionados. Martin Wullich

Fue el sábado 26 de julio de 2014
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109
teatrocolon.org.ar
Auguste Rodin en Wikipedia

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