CARAVAGGIO, más claro que oscuro

Roberto Bolle, Maria Khoreva y nuevos caminos para el Ballet Estable del Teatro Colón

Caravaggio (ballet en dos actos) – Primeros bailarines invitados: Roberto Bolle y Maria Khoreva – Coreografía: Mauro Bigonzetti – Reposición: Roberto Zamorano – Música: Bruno Moretti ( basada en una selección de Claudio Monteverdi) – Iluminación y Escenografía: Carlo Cerri – Vestuario: Kristopher Millar y Lois Swandale –  Ballet: Estable del Teatro Colón – Dirección: Mario Galizzi – Orquesta: Filarmónica de Buenos Aires – Dirección: Bruno Moretti 

Muchos coreógrafos han tomado las vidas y obras de pintores o escultores como eje para darles un nuevo punto de vista en la escena danzada. Tal es el caso de Leonardo da Vinci (1.618… Da Vinci, Joshua Cienfuegos, 2010), Gustav Klimt (Celebrando a Gustav Klimt, Vladimir Issaev, 2011), Henri Matisse, Sandro Botticelli, Kasimir Malévich y William Turner (Colores del mundo, Robert North, 2011), Frida Kahlo (Broken Wings, Anabelle López Ochoa, 2020; y Pies pa’volar, Analía González, 2007) o Auguste Rodin (Rodin, Boris Eifman, 2011), y la lista continúa. Yendo más atrás en el tiempo, nos encontramos con el Trittico botticelliano que la legendaria Margarita Wallmann montó para el Ballet del Colón; o Antiguas arias y danzas, la coreografía que Jorge Tomín creó sobre los personajes pintados por Raúl Soldi en la cúpula del Teatro, con motivo de su inauguración en 1966. También recordamos Entre deux rondes, la deliciosa fantasía que Serge Lifar situara en una sala del Louvre, vista en Buenos Aires en 1972 durante la visita del Ballet Clásico de Francia.

En 2008, el inolvidable Vladimir Malajov –por esa época director y fundador del Ballet de la Staatsoper de Berlín– encargó a Mauro Bigonzetti una obra que fungiera de homenaje a la cultura italiana. El coreógrafo romano sintetizó ese homenaje en la figura del célebre y controvertido pintor Michelangelo Merisi da Caravaggio, quien hizo del claroscuro su sello personal e introdujo como modelos en su pintura a personajes y expresiones de la vida cotidiana, algunos surgidos de los más bajos estratos sociales. El resultado fue Caravaggio, que el propio Malajov protagonizó en el estreno.

El Ballet del Teatro Colón convocó a Mauro Bigonzetti para montar la obra como segundo título de su temporada 2023, y redobló la apuesta invitando a los primeros bailarines Roberto Bolle (American Ballet Theatre de Nueva York) y Maria Khoreva (Ballet del Teatro Mariinski), ambos debutantes en nuestro primer coliseo.

Un marcado contraste se percibió entre cada uno de los actos que componen la obra. En el primero, luego de una bella y significativa imagen inicial que sumergió en la penumbra al cuerpo de baile e iluminó al protagonista, se intentó bosquejar la vida disipada del pintor en un ambiente marginal compuesto por prostitutas, pendencieros y otros personajes rústicos. Hubo escenas de conjunto cuyo diseño dinámico recordó a la reciente Cantata de Bigonzetti, vista en 2022 por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

La Luz (Maria Khoreva) y la Sombra (contundente Ayelén Sánchez) fueron los elementos con los que jugó Caravaggio en su etapa de inspiración artística, al igual que la Belleza. Pero tanto el perfil dramático del protagonista como el de los roles comprimarios y la intervención de los conjuntos no transmitieron esa sordidez y visceralidad que caracterizó la existencia del pintor, por lo que este primer segmento se quedó, en ese aspecto, a mitad de camino. Mucho más logrado, el segundo acto transcurrió en dos planos escénicos que se entremezclaron conceptual y visualmente: la vida y la obra, en una simbiosis estética de profunda poesía, en especial en el dúo entre Caravaggio y su alter ego (excelente Nahuel Prozzi). La iluminación y la escenografía de Carlo Cerri se convirtieron en dos pilares importantísimos en la construcción de la pieza, como también el vestuario en colores tomados de la paleta del pintor.

La esperada actuación de Roberto Bolle reveló al artista en su espléndida madurez (tiene 48 años) con increíble estado físico y dominio técnico. Sin embargo, su physique du rol refinado no es el mejor para encarnar a Caravaggio, aunque logró imprimir el dramatismo necesario en el potente final. De delicadas líneas y pasmosa seguridad, Maria Kholeva dio vida a la Luz con maestría, y junto a Bolle conformaron una dupla inolvidable.

Todos los solistas del Ballet del Colón estuvieron ampliamente a la altura de las estrellas invitadas: Ayelén Sánchez interpretó con fuerza y carácter a la Sombra, Camila Bocca fue una adecuada corporización de la Belleza, Lola Mugica compuso a una misteriosa Quiromántica. Por el lado masculino, Emanuel Abruzzo y Emiliano Falcone derrocharon simpatía y desenfado como los amigos de Caravaggio. El cuerpo de baile se plegó con vitalidad a la complicada propuesta coreográfica, a pesar de que, según se informó, las bailarinas debieron actuar en media punta dado que el Teatro no les proveyó las zapatillas correspondientes.

La Filarmónica tocó sin mucho entusiasmo los cuestionables arreglos de Bruno Moretti de partituras monteverdianas, trasladadas a un lenguaje romántico de tipo convencional. Celebramos esta acertada decisión de Mario Galizzi y su equipo de abrir nuevos caminos para la compañía. Patricia Casañas

Fue el 28 de mayo de 2023
Teatro Colón

Libertad 621 – Cap.
(011) 4378-7100
Comprar entradas
teatrocolon.org.ar
Mauro Bigonzetti en Wikipedia
Roberto Bolle en Wikipedia
Maria Khoreva en Wikipedia

Publicado en:

Deja una respuesta