Annie, el musical – Actúan: Lizy Tagliani, Miguel Ángel Rodríguez, Julieta Nair Calvo, Emma García Torrecilla, Paloma Leila Coso Ferro, Loana Muriel Martinez, Gustavo Monje y elenco – Escenografía: Tato Fernández – Coreografías: Analía González – Iluminación: Mariano Demaría, Santiago Camara – Vestuario: Sofía Di Nunzio – Sonido: Eugenio Mellano Lanfranco – Dirección: Mariano Demaría
Hay espectáculos que llegan en el momento justo. Annie, el musical, es uno de ellos. Con el país en crisis y el mundo que parece girar al borde del precipicio, ver a una niña pelirroja cantar con todo en un escenario porteño es como un abrazo inesperado. Annie, el musical tiene ese raro privilegio de los clásicos: todo el mundo la reconoce aunque no la haya visto nunca. Nació en 1977 en Broadway, se metió en la memoria colectiva con la versión cinematográfica de John Huston, y desde entonces no para de circular.
La historia es simple, casi elemental. Una niña huérfana sobrevive en un orfanato de Nueva York en plena Gran Depresión, bajo el ala cruel de Miss Hannigan. Por obra del azar, ese motor secreto de todas las historias buenas, termina en la mansión de Oliver Warbucks, un millonario que no sabe muy bien qué hacer con los sentimientos. Lo que empieza como algo frío y calculado se transforma, de a poco, en otra cosa.
Detrás de esta versión de Annie están Nicolás Vázquez y el productor Gustavo Yankelevich. Juntos apostaron a una escala grande: 22 artistas en escena, 185 vestuarios, 25 cambios escenográficos, 650 cambios de luces. Y tres Annie distintas, tres grupos de amigas y hasta tres perros que se turnan función tras función. La ley de trabajo con menores lo exige, y el espectáculo lo resuelve con elegancia. Emma García Torrecilla, Paloma Leila Coso Ferro y Loana Muriel Martínez se turnan en el rol protagónico, y las tres están a la altura. No es fácil cargar un espectáculo de esa escala. Ellas lo hacen naturalmente.
La puesta de Mariano Demaría no compite con la historia. La acompaña. En un escenario giratorio, las escenas se encadenan sin tropiezos, la tecnología aparece donde tiene que aparecer, hay muy buenas proyecciones, acompañadas de una certera iluminación de la dupla formada por el propio director y Santiago Camara. El público se traslada por momentos a Nueva York en un relato que fluye.
Lizy Tagliani construye a Miss Hannigan desde el humor y el grotesco, con esa picardía que le es propia, y encuentra su mejor versión en las escenas con las chicas. Miguel Ángel Rodríguez compone a Warbucks con capas: al principio distante, después… algo más. Julieta Nair Calvo, como Grace, es el puente entre esos dos mundos, el del millonario y la huérfana, y lo hace sólidamente. El resto del elenco complementa muy bien cada escena y tienen su momento para brillar.
Hay algo en Annie, el musical que va más allá del entretenimiento. En un mundo donde las buenas noticias escasean, ver una historia que insiste en que las cosas pueden salir bien tiene un peso particular. No es ingenuidad. Es otra cosa. Es la convicción, caprichosa, necesaria, de que la ficción también puede ser un lugar donde respirar.
Para los grandes, es volver a algo que alguna vez los movió. Para los chicos, es descubrir que todavía se puede soñar en grande. ¿Vale la pena verla? Sin dudas. Hay que dejarse llevar. Para eso, entre otras cosas, existe el arte. Cristian A. Domínguez
Jueves a domingos
(horarios varios)
Teatro Broadway
Av. Corrientes 1155 – CABA
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