LOS ESPÍRITUS DE LA ISLA, relaciones absurdas

Los vínculos humanos abordados en una atrapante película de Martin McDonagh

Los Espíritus de la Isla (The Banshees of Inisherin, Reino Unido, 2022 – Dur.: 114 min.) –  Actúan: Colin Farrell, Brendan Gleeson, Kerry Condon, Barry Keoghan, Pat Shortt, David Pearse – Fotografía: Ben Davis – Edición: Mikkel E.G. Nielsen – Música: Carter Burwell – Guion y Dirección: Martin McDonagh

Las relaciones humanas a veces son curiosas, extrañas, absurdas, incomprensibles. Y es posible escribir relatos insospechados a partir de ello, haciendo foco en lo sencillo, para elaborar situaciones, metafóricas o no, sumamente profundas. Es lo que sucede en Los espíritus de la isla, del director angloirlandés Martin McDonagh, que se estrenó en el 79° Festival Internacional de Cine de Venecia, en septiembre de 2022. Allí recibió una ovación interminable, con el público de pie durante cerca de quince minutos.​ El film también se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Toronto y en la apertura del 31° Festival de Cine de Filadelfia, antes de su estreno internacional en salas comerciales, hacia fines de octubre.​

Pádraic Súilleabháin (Colin Farrell) vive con su hermana Siobhán (Kerry Condon) en una pequeña isla ubicada frente a las costas de Irlanda. Allí no hay mucho para hacer, excepto cuidar los animales que cada uno tiene, concurrir al único pub local para tomar unas cervezas, y dejar que los chismes corran. La historia comienza cuando Pádraic va a buscar a su mejor amigo, Colm Doherty (Brendan Gleeson), para ir como siempre juntos al pub, y este no le dirige la palabra. La película avanza entonces brevemente en torno de lo obvio: la indagación del motivo que lo ha llevado a tomar tal actitud. Muy pronto se revela que no hay ninguna razón. Al menos, ninguna que pueda ser satisfactoria a los ojos de Pádraic. Sencillamente, a Colm ha dejado de agradarle su presencia.

La situación se le presenta a Pádraic como un sinsentido, porque el desinterés de Colm parece haber surgido de la noche a la mañana. Esto no hace sino profundizar el problema, pues al no tener otra cosa que hacer, enfrentado a la soledad y el aburrimiento, Pádraic se obsesiona y comienza a acosar a su otrora amigo, exigiendo una explicación. Por su parte, Colm va a reaccionar a estos reclamos de la peor manera: con la violencia. No hacia Pádraic, sino hacia sí mismo. Y toda escalada de violencia, se sabe, termina irremediablemente mal.

Que una situación parezca absurda no significa nada. Puede darse. La vida es así: hay acontecimientos que no ofrecen ninguna explicación, que simplemente tienen lugar, y acaso lo absurdo sea exigir razones que quizá no estén al alcance de la mano. No obstante, en el caso que nos ocupa las explicaciones en cuestión son dadas: Colm aclara que no se trata de una cuestión de enojos, sino que simplemente ha comprendido que la compañía de Pádraic le impide disponer de su vida de la manera en que él desea hacerlo. Pádraic no logrará entender ni aceptar ninguna explicación. Cabe que el espectador se pregunte si el cambio en Colm habrá sido realmente repentino, o si acaso Pádraic no ha logrado o querido ver eventuales insinuaciones previas. La película, narrada desde la mirada de Pádraic, no nos dará estos detalles.

Reconocida como uno de los grandes trabajos cinematográficos del 2022, esta película es una impactante metáfora de las relaciones humanas en general, de nuestra naturaleza social y de la insensatez que existe detrás de la mayor parte de los conflictos que enfrentan a las personas. Hay un poderoso paralelo entre la pugna de esta pareja de amigos y la guerra civil que se desarrolla en las cercanas costas irlandesas. En ambos casos se hace evidente la dificultad para distinguir entre amigos y enemigos, o comprender siguiera por qué alguien se cuenta entre unos u otros. Este es uno de los ejes centrales del relato, y es puesto de manifiesto en repetidas ocasiones. También es posible indagar en torno de las relaciones familiares, el miedo a la soledad y la intrascendencia, y la transformación que puede darse en nuestra identidad en función de la relación que establezcamos con los demás. 

Resulta increíble que algunas reseñas hayan calificado Los espíritus de la isla como comedia. Mucho más grave es que haya sido nominada a los Globos de Oro en esa categoría. Es un malentendido tan grande como el que separa a los protagonistas principales. Estamos decididamente ante un drama, muy bien llevado mediante las excelentes actuaciones de Colin Farrell y Brendan Gleeson, que invitan a apreciar la ambigüedad de sus personajes. Por momentos nos identificamos con uno, más tarde con el otro, sentimos compasión por ambos, y también espanto. En efecto, hay razón en los argumentos de Colm, más allá de su comportamiento patológico, en tanto Pádraic transmuta de un hombre simple y bondadoso a un ser resentido y salvaje. El personaje interpretado por Kerry Condon hace de contrapeso, encarnando la voz de la razón, pero tiene su contraparte en Dominic Kearney (Barry Keoghan), un joven inocente que es representado como el idiota de la isla.

The Banshees of Inisherin (título original) es una película magnífica, por momentos algo truculenta, pero profundamente humana. Imperfectamente humana. Con escenas preciosas, una banda de sonido muy interesante debida a Carter Burwell, una buena cuota de misticismo y mucho de un existencialismo que no suele estar presente en el cine contemporáneo -y mucho menos en convivencia con un guion interesante-, una muy buena fotografía y un ritmo narrativo por demás llevadero. Germán A. Serain

Los espíritus de la isla: banda sonora
Filmografía de Martin McDonagh
Martin McDonagh en Wikipedia

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