CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE, dulce tentación

Un elenco convincente, atractivas coreografías y un impactante despliegue visual en una versión con ambición y oficio

Charlie y la fábrica de chocolate – Elenco: Agustín “Rada” Aristarán, Juan Martín Flores, Sebastián Almada, Mery Del Cerro, Denise Cotton, Dolores Ocampo, Marcelo Albamonte, Sebastián Holz y otros – Escenografía: José Ponce Aragón – Videos: Maxi Vecco – Coreografía: Analía González – Canciones: Marc Shaiman y Scott Wittman – Dirección musical: Fede Vilas – Iluminación: Anteo Del Mastro y Sebastián Viola – Vestuario: Romina Lanzillotta y Catalina Rodríguez Loredo – Autor: David Greig – Dirección: Ariel Del Mastro y Marcelo Caballero

Charlie Bucket, un niño pobre y bondadoso, consigue uno de los cinco tickets dorados escondidos en las barras de chocolate del excéntrico Willy Wonka. Junto a otros cuatro ganadores, entra a una fábrica que parece sacada de un sueño, donde el cuento con moraleja hace su trabajo: cada exceso tiene su castigo y la humildad tiene su recompensa. El punto de partida de Charlie y la fábrica de chocolate es la novela de Roald Dahl, autor de Matilda, aunque la referencia visual y tonal más evidente parece ser la versión cinematográfica que dirigió Tim Burton en 2005, con Johnny Depp como protagonista. Antes, en 1971, Mel Stuart había llevado el libro al cine con Gene Wilder en el papel de Wonka. La historia conserva toda su eficacia.

La dirección apuesta fuerte por el despliegue visual. Las coreografías son el punto más alto, especialmente las de cada niño en su presentación individual. Las secuencias de los Oompa Loompas resultan oscuras y cómicas a la vez, con una inventiva visual que recuerda que Dahl nunca escribió “solo para chicos”. Se agradece, además, el uso moderado de las pantallas. En una época en que muchas producciones abusan de las proyecciones, aquí la escenografía sostiene gran parte del atractivo visual por mérito propio.

Las canciones fueron adaptadas al castellano con gran criterio por Marcelo Caballero y Juan Pablo Schapira, quienes además pulieron el guion sin alterar lo esencial de la obra. Agustín “Rada” Aristarán es Willy Wonka, y el papel le sienta bien. Canta, baila, hace magia y compone una criatura de aire chaplinesco que convence. Tiene momentos brillantes y algún tropiezo de afinación, pero la entrega es genuina. El Wonka que construye pasa del megalómano al benefactor con naturalidad.

Entre las revelaciones de Charlie y la fábrica de chocolate se destaca Juan Martín Flores, el chico de 11 años que interpreta a Charlie. Su encanto y convicción sostienen el corazón emocional del espectáculo. Sebastián Almada, como el abuelo Joe, aporta precisión vocal y presencia dramática. Dolores Ocampo, en el papel de la señora Teavee, destaca por una voz imponente y un timing cómico impecable.

Los otros cuatro niños, Félix Anton, Olivia Staffolani, Catalina Giorgi y Romeo Russo, hacen sus primeras armas con una soltura que sorprende. Cada uno perfila con claridad el rasgo dominante de su personaje.

Este espectáculo demuestra que una producción local puede competir con estándares internacionales. El nivel de trabajo confirma una evolución respecto de propuestas anteriores del mismo grupo, como Matilda, School of Rock y La Sirenita. Charlie y la fábrica de chocolate es un musical de calidad y gran dinamismo que no pretende reinventar nada. Toma una historia que ya funciona, la ejecuta con dedicación y la pone en manos de intérpretes que creen en ella. Esa convicción llega intacta al público. Cristian A. Domínguez

Miércoles a viernes a las 20
Sábados a las 17.30 y a las 20.30
Domingos a las 15 y a las 18
Teatro Gran Rex
Av. Corrientes 857 – CABA
Tickets por TuEntrada.com

Vota esta nota

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación / 5. Recuento de votos:

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Publicado en:

Deja una respuesta