LOS REYES MAGOS LLEGARON, ¿y eran tres?

Una mirada a una tradición de larga data, con base más apócrifa que bíblica

Dentro de la vasta iconografía de temas narrados en los Evangelios, hay uno que solo figura en el primero, el de Mateo: la visita de los “magos” de Oriente, según el primer versículo del segundo capítulo de ese evangelio. Ninguno de los otros tres hace mención alguna a este evento. Sin embargo, el tema de los Reyes Magos es una de las historias que más hondo ha calado en la gente, en lo religioso, o simplemente como una excusa para colmar de atenciones a los más pequeños. También ha sido fuente de inspiración de obras de arte de todo tipo, y trampolín para expresiones artísticas de otros rubros. Por ejemplo, la Adorazione dei Magi (1475) de Sandro Botticelli inspiró a Ottorino Respighi (1879-1936) para la parte central de su Trittico botticelliano (ver video abajo). Esto, como botón de muestra, ya que, al menos, en pintura los artistas que han tomado el tema de los Reyes Magos y lo han representado exceden el espacio que pueda dedicarse en estas líneas: solo por mencionar algunos, Da Vinci, Durero, Rembrandt, Rubens, Velázquez, y El Greco plasmaron un relato en la historia de la fe que ha perdurado por más de dos mil años; relato que cruzó los mares y fue recogido en nuestras latitudes para integrar una parte de la Misa Criolla de Ariel Ramírez.

Según la tradición que se ha transmitido a lo largo de tantas generaciones, los hombres provenientes de tierras lejanas de Oriente que visitaron al Niño Jesús fueron tres. Del Evangelio árabe de la infancia de Jesús, un escrito apócrifo, surge la noción de que eran tres sabios. Aunque parece que no llegaron solos, sino que los acompañaban legiones de soldados. Y es lógico suponer que, en aquellos tiempos, difícilmente tres hombres viajaran solos a lugares tan distantes a lomo de camello, por caminos quizás poco seguros y portando regalos tan costosos sin una mínima custodia. Por su parte, el Evangelio de Mateo no dice cuántos eran, exactamente. Tres fueron, según el evangelista, los regalos entregados al Niño. Según San Ireneo (130-208), el oro obedecía a la condición real de Jesús; el incienso, a su divinidad, y mirra, a su condición humana. Tres es también el número de la Trinidad. Y otras versiones más arriesgadas sugieren que eran tres por los tres hijos de Noé: Sem, de quien descendería Gaspar; Jafet, de quien descendería Melchor (también llamado Melkon); y Cam, el díscolo vástago maldecido por Noé vía su nieto Canaán, sería ancestro de Baltasar. Este dato quizás explicaría por qué Baltasar sería negro, ya que se cree que Cam también lo era.

El relato evangélico no da indicios de que estos personajes pertenecieran a la realeza. Y sobre el título “magos”, en realidad es posible que hubieran sido personas muy versadas en los astros. Martín Lutero utilizó Weisen (“sabios”); la Vulgata Latina utiliza el término magi; en las versiones españolas de Reina-Valera, Biblia de Jerusalén y Biblia del Pueblo de Dios figura “magos”, mientras que la Nueva Versión Internacional, Dios habla hoy y la Traducción en Lenguaje Actual  mencionan “sabios” venidos de Oriente. Algunas traducciones bíblicas en inglés, como la King James o Douay-Rheims, utilizan wise men (“hombres sabios”), mientras que la New International Version retiene magi.

Ya se mencionaron sus nombres en líneas anteriores, pero estos no figuran en el relato evangélico. Se supone que estos tres nombres vienen del siglo IV y aparecen en otra escritura apócrifa, conocida como Evangelio armenio de la infancia. En caso de dar crédito a este escrito, los tres eran hermanos y, además, cada uno era “rey” sobre distintas tierras: Melchor/Melkon reinaba sobre los persas, Gaspar sobre los árabes y Baltasar sobre los indios.

Pero la cosa se complica. A Beda el Venerable (ca. 673-735), monje benedictino inglés, se le atribuye Excerptiones patrum, collectanea et flores, o Pseudo-Beda como se la conoce también. Allí, el monje daría una pista de la semblanza de los sabios de Oriente. Melchor sería de origen semita; generalmente se lo representa como el más anciano de los tres y con larga barba, como queriendo indicar sus muchos años  y su mucha sabiduría. A Gaspar se lo vincula con Europa; quizás esta cuestión ha llevado a muchos a representarlo como el más joven de todos, el más inmaduro y el de tez blanca. Y por último, Baltasar, del África negra. 

El tema de los regalos que cada uno de los Reyes Magos entregó al Niño Jesús parece también tener alguna relación con sus supuestos nombres, aunque es difícil confirmarlo. Melchor, cuyo nombre proviene del hebreo malki owr, “mi rey es luz”, fue quien entregó oro. Gaspar, que significa “administrador del tesoro” y tendría origen persa, kansbar, fue quien regaló incienso. Baltasar sería nombre de origen babilónico, Bel-Sar-Utsor, es decir “Dios protege al rey”; su regalo fue mirra, una sustancia resinosa utilizada para la elaboración de perfumes, incienso, medicinas y que durante la era romana se la solía mezclar con vino como anestésico para los condenados a muerte.

Muchos siglos han pasado desde el nacimiento de Cristo, un acontecimiento bisagra en sentido espiritual y en sentido secular; por lo pronto, digan lo que digan sus detractores, la historia se cuenta antes y después de. Cuestiones que han quedado tan lejos en el tiempo y en la memoria de muchos son pasibles de deformaciones, de alteraciones, y cuyo recuerdo se va esfumando de a poco. Sin embargo, pese a todo, la historia de los Reyes Magos, o de los sabios de oriente (como uno prefiera llamarlos) trascendió a otros ámbitos que tienen que ver con la capacidad creativa del hombre. Esta bella amalgama entre historia, o leyenda, y arte nos ha dejado obras inmortales, de esas que, de tanto en tanto, nos conectan con lo inefable. Viviana Aubele

Los Reyes Magos en Wikipedia

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