EL PRESENTE DE EDUARDO, valor y valentía

Un empleado se arriesga a renunciar a su trabajo, nueva obra del Teatro Cervantes

El presente de Eduardo – Actúan: Horacio Acosta, Guido Botto Fiora, Adriana Ferrer, Roberto Peloni – Música: Matías Villanueva – Coreografía: Valeria Narváez – Iluminación: Omar Possemato – Vestuario: Laura Staffolani – Escenografía: Lula Rojo –  Dramaturgia: Juan Felipe Villanueva – Dirección: Guillermo Hermida.

Hay en El presente de Eduardo algunas metáforas preciosas. La del perro acostado en medio de la acera, por ejemplo; durmiendo una siesta, haciendo caso omiso a todo lo que lo rodea; más importante que cualquier eventualidad, al punto de obligar a los autos a tomarse el trabajo de esquivarlo. Si no desean atropellarlo, deberán ser ellos los que hagan el esfuerzo. Nunca sabremos, sin embargo, si el perro hace lo que hace movido por una desafiante e intrépida valentía, o debido a una completa y total inconsciencia.

También es relevante la reflexión relativa al valor de las personas y las cosas. La polisemia de la palabra (valor con el sentido de valentía, por una parte; de lo valioso, por la otra) deriva en un interesante juego léxico. Aunque convendrá tener presente en este punto que el valor, ya sea de una cosas o de una personas, jamás es el mismo para todos. Lo que es valioso para algunos, puede no tener ningún valor para otros, y viceversa.

Está asimismo la cuestión central del empleado que, haciendo gala de una valiosa valentía, sencillamente disconforme, y ante la repentina lucidez que lo lleva a vislumbrar su propia disconformidad, se arriesga a lo desconocido, decidiendo su renuncia. Adiós, patética y segura zona de confort. Que una cosa es reconocerse harto de repetir todos los días la misma insatisfactoria rutina, y otra muy diferente hacerse cargo de semejante evidencia.

Hay un delicado equilibrio en la dramaturgia, que refleja las ambivalencias de este empleado: su referida valentía, enfrentada a sus razonables dudas. Su incipiente libertad cotejada con el hábito de haberla resignado durante tanto tiempo. Ahora, ¿qué vas a ser? (en lugar de hacer), le preguntará un compañero ante la inminencia del cambio de vida que supone esta decisión. Se hace evidente además cómo la renuncia (al trabajo) supone al mismo tiempo dejar por fin de renunciar a otras cosas. Están muy bien planteadas las dualidades del personaje en cuanto a su poder territorial, dentro del contexto laboral que ha decidido abandonar. Una lámpara, una planta, una caja o una corbata atada a una silla, se convierten en elementos capaces de establecer interesantes juegos simbólicos.

A pesar de todos sus méritos, y del buen desempeño de los cuatro actores, el conjunto de esta obra escrita por Juan Felipe Villanueva y dirigida por Guillermo Hermida por momentos también pierde su norte. Sentimos que de a ratos la obra naufraga en episodios musicales cuya inclusión no terminamos de entender, en situaciones secundarias que se alejan por completo del eje central del relato o en cambios en la propuesta actoral que distraen y confunden.

Estos altibajos no obstan a que El presente de Eduardo nos siga pareciendo meritoria. Al igual que la bienvenida estrategia del Teatro Nacional Cervantes de ofrecer esta serie de trabajos, seleccionados en el marco del concurso Nuestro Teatro, para garantizar la continuidad de la actividad teatral y el acceso libre del público al teatro durante este tiempo de pandemia. Germán A. Serain

Contenidos del Teatro Nacional Cervantes / Cervantes On Line

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