ANASTASIA, entre el mito y la memoria

La producción argentina del musical apuesta por el impacto escénico, grandes interpretaciones y una maquinaria teatral de alto nivel

Anastasia, el musical – Elenco: Minerva Casero, Iñaki Aldao, Pichu Straneo, Andrea Mango, Carolina Mainero, Lucila Gandolfo, Agustín Iannone y otros – Orquesta: Aeropuertos Argentina – Dirección musical: Néstor TedescoDirección vocal: Pili Noseda – Coreografías: Alejandro Ibarra – Escenografía: Carlos Cifani – Vestuario: Stella Maris Müller – Iluminación: Claudio Del Bianco – Sonido: Gastón Briski – Vestuario: Jaime Ávila – Autor: Terrence McNallyDirección: Marcelo Rosa 

La llegada de Anastasia a la cartelera argentina propone un desafío singular: trasladar al escenario local un musical profundamente asociado al imaginario popular desde la película animada de 1997 y, al mismo tiempo, sostener la dimensión espectacular de Broadway. La versión producida íntegramente en el país consigue buena parte de ese objetivo gracias a un sólido despliegue técnico, un elenco comprometido y varios momentos de genuino impacto teatral, aunque el relato nunca termina de resolver ciertas debilidades dramáticas y simplificaciones históricas.

La historia sigue a Anya, una joven amnésica que sobrevive en la Rusia posterior a la revolución bolchevique. Cuando dos oportunistas —Dmitry y Vlad— advierten su parecido con la gran duquesa Anastasia Romanov, deciden entrenarla para presentarla ante la emperatriz viuda en París y obtener una recompensa. Naturalmente, el plan se complejiza cuando aparecen recuerdos fragmentados, tensiones políticas y un vínculo afectivo entre los protagonistas.

La dirección de Marcelo Rosa articula con eficacia una puesta dinámica y visualmente ambiciosa. Las coreografías de Alejandro Ibarra aportan ritmo y precisión, mientras que el vestuario diseñado por Stella Maris Müller se luce especialmente en las escenas de conjunto y en los cuadros ambientados en París. La iluminación de Claudio Del Bianco acompaña con inteligencia los distintos climas del relato y las proyecciones —basadas en el diseño original de Broadway— expanden el espacio escénico con fluidez.

Uno de los aspectos más logrados de la producción es su capacidad para construir imágenes teatrales de gran impacto. La secuencia del tren sobresale especialmente: un enorme vagón giratorio montado sobre una estructura metálica permite observar simultáneamente su exterior e interior desde distintos ángulos, en uno de los momentos visuales más potentes de la obra. También el ballet del segundo acto confirma el cuidado puesto en la composición escénica.

La música en vivo, interpretada por la Orquesta Aeropuertos Argentina, con la dirección de Néstor Tedesco, aporta cuerpo y calidez a toda la función, elemento indispensable en un musical de estas dimensiones.

En el centro del relato, Minerva Casero sostiene a Anya con presencia y convicción. Su interpretación encuentra buenos momentos emocionales, aunque el personaje queda demasiado cerca del modelo clásico de princesa romántica. Iñaki Aldao compone un Dmitry convincente y Pichu Straneo aporta soltura y comicidad como Vlad.

Entre los secundarios, Carolina Mainero se convierte en una de las grandes revelaciones de la puesta. Su condesa Lily domina la escena cada vez que aparece y eleva notablemente la energía del segundo acto. También se destaca Andrea Mango, quien aporta gravedad y sensibilidad a la emperatriz viuda.

Más complejo resulta el trabajo dramático del antagonista. Agustín Iannone construye un Gleb Vaganov interesante desde lo interpretativo, atravesado por contradicciones internas y conflictos ideológicos. Sin embargo, el musical nunca termina de darle el peso amenazante necesario para sostener la tensión narrativa, especialmente en comparación con la figura de Rasputín presente en la versión animada.

Tampoco profundiza demasiado en el trasfondo histórico que rodea a los Romanov. La familia imperial aparece retratada casi exclusivamente desde una dimensión romántica y trágica, sin mayores referencias al contexto social y político que desembocó en la revolución rusa. Aunque la versión claramente privilegia el tono emocional y fantástico por sobre la reconstrucción histórica, esa idealización deja cierta sensación de superficialidad.

Aun así, Anastasia conmueve a través de la escena, el movimiento y la música. El espectáculo sostiene su eficacia en el despliegue visual y en ciertos momentos de gran intensidad dramática, capaces de generar en el público una emoción genuina. Cristian A. Domínguez

Miércoles a las 20
Sábados a las 15.30
Domingos a las 16
Teatro Astral

Av. Corrientes 1639 – CABA
Entradas por Plateanet
Sitio Web Anastasia

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