DENIS MATSUEV, ante la sala vacía

El pianista ruso aislado pero en concierto

Una reflexión antes de elogiar a Denis Matsuev. Una de las mayores satisfacciones de un artista es, por supuesto, el aplauso de su público. Si esos aplausos son a sala llena, mejor; si son con ovación y de pie, tanto mejor; pero a veces la taquilla es más bien exigua, y el artista debe conformarse con menos, como en aquel capítulo de Anillos de oro donde los actores que representaban la obra de Calderón de la Barca eran tibiamente aplaudidos por apenas una decena de espectadores.

Pero ¿y si la sala está vacía? La presente pandemia y el aislamiento social obligatorio generalizado en casi todo el mundo han golpeado también al mundo de la cultura. En este portal se han reseñado conciertos transmitidos por internet, obras de teatro on demand, libros, en fin: alternativas varias como para que el lector no sienta tanto la falta de los teatros y los cines. La instrucción es clara: por ahora, ir al teatro o al cine está fuera de la cuestión.

No obstante, hay quienes se atreven a brindar presentaciones a sala vacía. Sí, leyó bien: sin un solo espectador propiamente dicho. Esto es lo que se ha propuesto la Moscow Philharmonic Society: ha lanzado el proyecto Conciertos desde el sillón (Armchair concerts), en los que se ofrece un ciclo de conciertos a sala vacía. Algo extraño -estos tiempos que nos tocan vivir están lleno de extrañezas- pues, lógicamente, nadie recibe al artista en su ingreso al escenario y nadie lo despide -ni mucho menos pide un bis- al final.

Como dice el presentador, “prometemos que los escucharemos aplaudir”; y hasta se permite una humorada: “Este formato forzoso presenta sus propias ventajas: hoy, en la sala, no sonará un solo celular; y ustedes podrán aplaudir sin problemas entre movimientos”. Por supuesto, lo que no se escuchará tampoco es a espectadores tosiendo entre pausas.

El primer concierto de este ciclo estuvo a cargo de “el pianista nacional de Rusia”: Denis Matsuev. Nacido hace cuarenta y cuatro años en Irkutsk, Siberia, Matsuev mostró a los tres años que tenía condiciones para la música—sus padres son ambos pianistas—y se educó en el Conservatorio de Moscú. En 1998 ganó el Concurso Internacional Tchaikovsky, con tan solo veintitrés años.

El concierto escuchado en esta oportunidad es un precioso conjunto de breves obras, Las estaciones op. 37b. Este conjunto es producto de la cruel necesidad: Tchaikovsky andaba falto de emolumentos, y alguien le ofreció la iniciativa a cambio de esos emolumentos. Es decir, una obra por encargo fue la génesis de esta maravilla.

“Esta música no es una descripción del clima y de los doce meses del año, sino de lo que permea en estos: escenas de la vida cotidiana, impresiones fugaces de la naturaleza y encuentros entre personas”, dice el presentador. Y hay que creerle, pues eso es lo que esta obra evoca en la mente de quien la escucha con atención. De principio a fin, Matsuev transmite sin imperfecciones la belleza de esta obra, imprimiendo su sentimiento, amén de su técnica y su manejo exquisito de las teclas. Fue una impecable ejecución de todas las partes por igual.

Pero Matsuev también dio muestra de su otra pasión: el jazz. Como regalo a una audiencia remota pero presente en espíritu, este genial siberiano ofreció, junto con dos amigos, Andrey Ivanov en contrabajo y Alexander Zinger en batería, unas improvisaciones de jazz y una hermosa versión de En la gruta del rey de la montaña, de Peer Gynt (Edvard Grieg). Aunque no se escucharon en el auditorio, seguramente los aplausos habrán resonado en los hogares. Viviana Aubele

Denis Matsuev Sitio Oficial

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