DOS FRIDAS, un lazo más allá de la vida

Una mirada poética sobre la relación entre la célebre pintora mexicana y la mujer que la acompañó durante sus últimos años

Dos Fridas (2018, Costa Rica, 92 min.) – Género: Drama – Elenco: Maria de Medeiros, Ishtar Yasin, Grettel Méndez, Diana Lein, Maxim Baboshkin y otros – Música: Alex Catona – Fotografía: Mauro Herce – Guion y Dirección: Ishtar Yasin

Dos Fridas está inspirada en la relación entre la pintora mexicana Frida Kahlo y su enfermera costarricense Judith Ferreto. Isthar Yasin, directora y guionista del film, interpreta a la artista con una lograda recreación de su figura y su carácter, mientras Maria de Medeiros compone a la mujer que la acompañó durante los últimos años de su vida. Desde el presentimiento de la muerte hasta el instante mismo de la despedida, Judith recordará sin pausa, como una fotografía grabada en su mente, a esa querida Frida en su esplendor y su dolor, en la vitalidad limitada por un cuerpo castigado, en sus caprichos y también en sus encantos.

Frida fue atendida por Judith en la Casa Azul, en México, y con el paso del tiempo nació entre ellas una relación de amor y admiración que trascendió el cuidado físico de un cuerpo inmovilizado y sujeto por corsés. Con su presencia serena, Judith dejó de cuidar únicamente el cuerpo para acompañar también el alma de Frida. Permaneció a su lado entre quejas y rebeldías, alentándola a encontrar fuerzas para disfrutar de sus amores, de la pintura, los cantos y los bailes, entre polleras, flores en el cabello, vestimenta regional, aros precolombinos y guitarras.

Frida fue una mujer profundamente sola, castigada por un destino que dañó su cuerpo, frustró su maternidad y también resquebrajó su vida sentimental por las reiteradas infidelidades de Diego Rivera, su marido, artista consagrado y figura política. En la habitación donde transcurría gran parte de su existencia se debatía una mujer que desafiaba la inmovilidad con el deseo inquebrantable de vencer aquello que el destino le había negado. Y allí estaba Judith para apaciguar esa lucha con la serenidad de su cariño, hasta que ambas conciliaban un sueño reparador.

Judith pasó de ser enfermera a convertirse en la fuente de alegría de Frida y también en quien le administraba los calmantes que le proporcionaban un alivio momentáneo frente al infierno de sus padecimientos físicos. La decadencia fue avanzando y Frida Kahlo comenzó a apagarse, aunque Judith nunca volvió a estar sola: su recuerdo siguió acompañándola. Durante los años compartidos absorbió su manera de ser, sus palabras, sus estallidos, sus momentos de plenitud y de poesía, su creatividad, sus lágrimas, sus risas, sus insultos y su ternura.

Sin advertirlo, experimentó una suerte de transfusión espiritual, una verdadera trasmigración del alma. El destino pareció reflejar la vida de Frida cuando Judith fue atropellada por un automóvil, quedó postrada y, de regreso en su tierra, fue cuidada por otra enfermera. En ese largo reposo revivió, como en un sueño, todo lo compartido con Frida Kahlo.

Tal vez, con absoluta libertad asociativa, pueda pensarse en el célebre cuadro Las dos Fridas, de 1939. Allí aparecen dos versiones de la artista unidas por un mismo corazón, que una de ellas corta tras la separación de Diego Rivera. Simbólicamente, en cambio, entre estas dos mujeres no hubo ruptura, sino un injerto afectivo que permaneció para siempre.

La película concluye en las Grutas de Cacahuamilpa, en el estado de Guerrero, durante una cena pantagruélica que evoca, de algún modo, la Última Cena. Allí, un grupo de contemporáneos se reúne para despedirse antes del destino inevitable que alcanza a todos: la muerte, que finalmente viene en busca de Judith para reencontrarla con Frida. Martha Wolff

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