PORGY AND BESS, ópera en blanco y negro

La ópera de Gershwin abre la 25ª temporada del Ensamble Lírico Orquestal

Porgy and Bess (selección con puesta en escena) –  Música: George Gershwin – Textos: Ira Gershwin, DuBose Heyward – Actúan: Pol González, Ximena Farías, Juan Salvador Trupia, Lídice Robinson, Christian Casaccio, Juan Feico, Clara Pinto – Producción: Ensamble Lírico Orquestal – Coordinación: Cecilia Layseca – Dirección escénica: Gonzalo Berdes – Dirección musical: Gustavo Codina

Por supuesto, sabemos que existe la ópera contemporánea. Una ópera escrita por compositores y libretistas que viven y crean en la misma época que nosotros. Pero hubo un tiempo en que solía afirmarse (digámoslo abiertamente: aun hay muchos que opinan así) que la ópera como género había concluido con la muerte de Puccini y que su última expresión había sido Turandot.

En este contexto, uno de los aspectos interesantes de Porgy and Bess, ópera en tres actos de George Gershwin, con libreto en inglés de Ira Gershwin y DuBose Heyward, es que a menudo es el título que se esgrime como contraprueba a quienes pretenden que la ópera solo deba mirar hacia su pasado. Esta razón sería de por sí suficiente para justificar el atractivo de poder apreciar este título en Buenos Aires, como propone el Ensamble Lírico Orquestal en el inicio de su 25ª temporada. Pero la obra de Gershwin presenta además otras particularidades, comenzando por el hecho de que su partitura deriva del cruce con un género musical con el que la ópera hasta ese momento no había tenido mayor contacto, como es el jazz. También tiene mucho de gospel y spiritual.

La obra se centra en el estilo de vida de la comunidad negra en la ficticia Catfish Row, en Carolina del Sur, a principios de la década de 1930. Una vida marginal, llena de sacrificios, carencias, sueños y promesas vanas. Porgy es un minusválido que vive de la caridad, a pesar de lo cual se enamora de Bess, una bonita joven que ha sido amante de Crown, un pendenciero que huye de la justicia tras haber matado a un hombre en una pelea. Ella decide intentar una vida junto a Porgy, pero Crown pretende que regrese con él, mientras un cuarto en discordia, un traficante conocido como Sportin Life, intenta convencerla para llevarla consigo a Nueva York. De entre las opciones que tiene por delante la protagonista de esta ópera, ninguna parece muy promisoria.

En este punto alguien podría proponer que definamos el concepto de ópera, para discutir en qué medida Porgy and Bess podría o no entrar en tal categoría. No nos interesa ingresar en ese debate, porque los límites de un género artístico siempre pueden dibujarse para lograr que algo quede dentro o fuera de esas fronteras. Sí nos interesa decir que este trabajo de Gershwin marca una serie de hitos: la incorporación del jazz al género operístico, el establecimiento del inglés como un idioma legitimado en el rubro, la incorporación de una temática abiertamente negra y la extracción de arias operísticas nutriendo el cancionero popular. 

Por todo esto celebramos la presentación de esta obra, con la cual el Ensamble Lírico Orquestal comienza a celebrar sus primeras veinticinco temporadas de óperas, conciertos y espectáculos líricos en Buenos Aires y otros espacios y ciudades de Argentina desde 2002. Con un sólido quinteto de jazz como base y varios solistas muy bien posicionados (destacamos los trabajos de Pol González y Ximena Farías en los roles protagónicos, Juan Salvador Trupia como Crown, Lídice Robinson como Serena y Clara Pinto como Clara), la producción ofrece una versión reducida que de todos modos da una noción muy precisa de la historia ideada por la dupla Gershwin-Heyward, con sobretitulado en español.

Ahora bien, hay otro debate en relación a Porgy and Bess, que tiene que ver con si la obra, estando protagonizada por personajes negros, puede ser llevada a la escena con cantantes actores blancos. Por supuesto, este planteo aparece como un absurdo si pensamos que, por ejemplo, a nadie se le ocurriría reclamar que la antes citada Turandot sea interpretada por cantantes de origen oriental por tener lugar la acción en  el antiguo Imperio Persa. Si vamos al caso, la historia de Heyward podría perfectamente tener lugar en muchos rincones del conurbano, lo cual además estaría avalado por nuestra costumbre de usar de un modo casi indistinto los apelativos de negro y morocho. El asunto incluso recuerda la exigencia de Samuel Beckett de que los personajes de Esperando a Godot no puedan ser interpretados por mujeres.

Sin embargo, hay que reconocer que hay algo en el espíritu del jazz, el gospel, el blues (por no hablar del negro spiritual, cuyo nombre lo dice todo), que reclama una raigambre que difícilmente alguien nacido en Sudamérica, en Europa o en Asia le pueda dar a estos personajes. Si Heidegger afirmaba que la auténtica filosofía solo podía hacerse en alemán, hay algo en estos ritmos que reclama negritud. Lo señalado no es una crítica, pero sí un señalamiento: el público se encuentra ante un desplazamiento inevitable, similar a lo que sucede cuando un japonés o un estadounidense intentan cantar un tango o una chacarera. Pero como la alternativa sería viajar a Brodway para acercarse a una versiòn más auténtica, felicitamos al Ensamble Lírico por la iniciativa y alentamos al lector para que asista a ver este espectáculo. Germán A. Serain

Fue el sábado 11 de abril de 2026
Próximas funciones:
Sábados 18 y 25 de abril a las 16 
Teatro Picadero
Pje. E. S. Discépolo 1857 – CABA
(11) 4044-5263

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