MALUCO BELEZA, distante Brasil

A la propuesta de los miércoles le falta alma brasileña en muchos aspectos

Siempre que no tenga muchas pretensiones, Maluco Beleza ofrece la posibilidad de un show de brasileñas composiciones, en un ambiente simpático con algún toque de color. Pero falta el ánimo, la idiosincrasia y la simpatía de su gente.

SHOW en MALUCO BELEZA - www.martinwullich.com

Maluco Beleza abre sus puertas a las 22, aunque no es conveniente llegar muy temprano, sobre todo si es una noche fría, pues le dirán que el lugar está también frío “porque recién se prendió la calefacción”. Por otro lado se pasará esperando que el show comience y sólo asistirá a las pruebas de sonido.

Sentado a la mesa, con servilletas de papel, vendrá el ofrecimiento de la comida, que tiene sólo 2 posibilidades: feijoada o pollo con arroz. Entretanto, considerando que se está en un lugar que desde su mismo nombre representa a Brasil, uno calcula que una caipirinha es  buena opción. Sin embargo, no debe ser la especialidad del barman, le falta sabor y está servida en un vaso que tiene más hielo que otra cosa.

Mientras llegan los principales, las chicas acercan –sin muchas ganas- unos platitos que contienen farofa y una salsita con ajíes, montados sobre sí mismos, de modo que cuando se apoyan sobre la mesa, parte del contenido de uno será arrastrado por la base del otro. Una panera, que mucho no aporta, ayuda a la espera. Llegan al rato los platos pedidos, con pinta de haber salido de gran olla gran, sin mucha precisión en el tiempo de la cocción. Del show todavía nada.

Para el postre no hay opción, es torta de coco con helado de único gusto, crema. Si no le gusta, no coma. Casi con las mismas luces mortecinas que han estado encendidas sobre el escenario, a lo que se añade un azul pálido, un guitarrista sube junto a un descalzo baterista. Al primero casi no se lo ve, y debido al murmullo de la gente –que mucha atención no presta- se los oye poco. Ya es casi medianoche. Una sucesión de temas brasileños desconocidos, una letanía sin contrastes musicales y con ánimo lavado, predisponen más a reclinar la cabeza que a alegrar la vida.

El espíritu de la canción escrita por Raul Seixas, a la que alude el nombre del lugar, está algo ausente. Martin Wullich

Miércoles desde las 22
Sarmiento 1728 – Cap.
(011) 4372-1737
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