La niña sobre un altar – Libro: Marina Carr – Traducción: Cecilia Chiarandini – Elenco: Paulo Brunetti, Analía Couceyro, Pablo Mariuzzi, Carlos Kaspar, Mercedes Fraile, Ligüen Pires, Lula Guttfleisch – Vestuario: Camila Ferrín – Escenografía: Vanesa Abramovich – Iluminación: Claudio Del Bianco – Música y Sonido: Shino Ohnaga – Dirección: Oscar Barney Finn
Esta obra de la escritora irlandesa Marina Carr retoma un clásico del teatro griego: Ifigenia, de Eurípides, representada por primera vez en el año 406 a. C. Como señaló Italo Calvino, los clásicos son obras a las que volvemos continuamente porque siempre tienen algo que decirnos; nunca pierden vigencia. Eso ocurre con La niña sobre un altar, definida como “una tragedia contemporánea”.
En el relato de Eurípides, Agamenón reconoce: “El poder es un arma de doble filo / seductor, dulce, halagüeño / pero en la cima / sólo hay miedo y vértigo”. La historia es conocida: el rey de Argos y líder de los griegos, varado en Áulide, desea avanzar hacia Troya, pero los vientos no son propicios. Entonces obedece al oráculo, que exige el sacrificio de su hija mayor, Ifigenia. La campaña concluye con la victoria griega en Troya. Sobre ese trasfondo mítico, la dramaturga sitúa la acción en el momento de su regreso y del enfrentamiento con Clitemnestra.
Dirigida por Oscar Barney Finn, la puesta no podría tener mejor emplazamiento que la Sala Casacuberta. La elección del elenco respondió a una búsqueda concreta y plenamente lograda: intérpretes con buena voz, sólida presencia escénica y un saber decir que resulta esencial en una dramaturgia intensa y poética donde las palabras ocupan un lugar protagónico. El director parte de decisiones acertadas desde el inicio. No hay cambios de vestuario ni una escenografía ostentosa. Por el contrario, la propuesta visual se apoya en una notable economía de recursos que potencia el impacto dramático.
La escenografía de Vanesa Abramovich, de apariencia minimalista y gran belleza plástica, cobra nuevas dimensiones gracias al diseño lumínico de Claudio Del Bianco, que modela los espacios y crea distintas atmósferas mediante un elaborado juego de tonalidades donde el rojo adquiere especial protagonismo. Ese color, presente tanto en la iluminación como en un paño utilizado de manera simbólica a lo largo de la obra, parece evocar la sangre, el sacrificio y la violencia que signan la historia. A ello se suman la música y el diseño sonoro de Shino Ohnaga, que generan climas de gran fuerza emocional. El resultado es una experiencia escénica envolvente en la que cada elemento contribuye a sostener la tensión dramática.
Los siete intérpretes afrontan con solvencia un desafío de gran exigencia, en un trabajo que se distingue por su homogeneidad y por la ausencia de protagonismos excluyentes. Todos sostienen un desempeño parejo y convincente que habla tanto de sus capacidades individuales como de la precisa dirección de actores. A diferencia de las tragedias griegas, aquí no existe un coro. Son los propios personajes quienes narran los acontecimientos, reflexionan sobre ellos e interactúan entre sí, tarea que el elenco resuelve con notable eficacia.
La niña sobre un altar habla del poder y de su contracara, el amor; del lugar sacrificial de las mujeres y de los desposeídos dentro de la sociedad. Una propuesta que el público vive con intensidad y que encuentra resonancias en la realidad cotidiana, cuando la violencia política se impone sobre los derechos colectivos y deja a los individuos a merced de decisiones emanadas desde el poder. Irene Chikiar Bauer
Miércoles a sábados a las 19
(hasta 21 de junio 2026)
Teatro San Martín
Av. Corrientes 1530 – CABA
0800-333-5254
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