PRELUDIOS DE DEBUSSY, por Haydée Schvartz

La pianista interpreta la serie completa en una edición particularmente cuidada

“La escucha ha perdido el hábito de quedarse a solas con la música”, dice Margarita Fernández en el inicio del video con el cual la pianista argentina Haydée Schvartz ha querido formalizar la presentación de su proyecto discográfico más reciente: la grabación del ciclo completo de los Preludios de Claude Debussy.

Si bien podría argüirse que toda música se genera en contraste con un fondo de silencio, en el caso de este compositor francés esta verdad se incrementa. Para escuchar a Claude Debussy (1862-1918) hay que hacerlo a solas con el sonido, sin nada que interrumpa o nos distraiga, para poder apreciar de manera plena su exquisitez.

Los dos libros que integran el ciclo de estos veinticuatro Preludios de Claude Debussy habían sido registrados por Schvartz hace un tiempo, en la Jordan Hall de Boston. Pero había quedado pendiente el trabajo de mezcla y edición, que finalmente se concretó a través del sello neoyorkino Mode Records, uno de los más importantes en el campo de las músicas contemporáneas, que decidió encarar por primera vez un proyecto vinculado a una obra de corte más tradicional.

La pianista ya había grabado con el sello otros discos: uno dedicado a John Cage, otro a Luciano Berio, Mauricio Kagel, Gabriel Valverde y Gerardo Gandini, entre otros. La relación fue tan grata que le preguntaron qué otro proyecto podía interesarle hacer con el sello. Ella propuso entonces estos Preludios. Y si bien es cierto que Debussy no es un exponente de la música contemporánea, fue quien abrió las puertas a muchas de las músicas del siglo XX.

Una de las particularidades de estas lecturas, según lo reconoce la propia intérprete, es que las mismas están realizadas desde lo porvenir, con el conocimiento pleno de lo que el propio compositor intuía, que fue todo lo que musicalmente llegaría después. Esta mirada involucra no sólo al Debussy posterior a estos Preludios, que fueron compuestos entre 1909 y 1913, sino  también los desarrollos de otros músicos como Stockhausen, György Kurtág o Luciano Berio.

Haydée Schvartz

La grabación se hizo con el auditorio vacío, en solamente tres días, pues había compromisos que impedían disponer de más tiempo. Al tratarse de una sala de conciertos con una tradición propia, en lugar de un estudio, le dio al registro una impronta especial. Además hubo un tratamiento muy cuidado en lo relativo al sonido del piano, que fue realizado por un técnico especializado, David Walters, con una foja de antecedentes poco frecuente.

Por su complejidad sonora, el piano es un instrumento mucho más complicado para grabar de lo que podría suponerse. Aquí la intención fue evitar un defecto propio de muchas grabaciones de piano, que suenan artificiales al comprimirse el sonido en los extremos tímbricos. La intérprete quería respetar los planos que el propio Debussy propuso, sugiriendo a veces grandes distancias, y otras una sonoridad muy cercana. Señala la pianista: “Si no se consigue un sonido acorde, ya no es Debussy, porque es en la exploración del sonido donde radica la construcción de su música. Y especialmente en esa cualidad del sonido que es el timbre”. 

Entre los secretos de la génesis de este registro, se cuenta la decisión de eliminar por completo el uso del pedal izquierdo del piano. Su utilización habitual como sordina en estas partituras, afectaba en demasía la sonoridad general de la música. Así que Schvartz realizó los efectos de corda exclusivamente desde el teclado, manteniendo de este modo la riqueza armónica subyacente. Es probable que al hacerlo la pianista haya recordado su estudio de la obra para piano de Mariano Etkin, quien pide expresamente evitar el uso del pedal, para evitar que el sonido se achate.

El disco Preludios de Claude Debussy incluye como bonus track una canción de la época, Ain’t It Funny What a Difference Just a Few Hours Make, firmada por Henry Blossom, que fue grabada junto al barítono Bryan Church. Esta inclusión se justifica porque en Minstrels (preludio 12 del libro primero), Debussy cita un fragmento de esta canción, de una manera tan sutil que sólo al tener la canción original como referencia es posible apreciarla.

En otra parte del video referido al inicio de estas líneas, señala Fernández que el disco es un artilugio que nos brinda algunas posibilidades ciertamente especiales. Por ejemplo, nos permite quedarnos a solas, en un estrecho intimismo, con la música y sus fantasmas. Un intimismo redoblado por la ausencia física incluso del propio ejecutante. Algo que resulta muy adecuado para el caso de este Debussy, pleno de sutilezas, que vale la pena apreciar en el marco de un delicado silencio, que también sea parte de la música.  Germán A. Serain

Escuchar los Preludios de Debussy por Haydée Schvartz

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