La retrospectiva Marcos López. Fotografías 1975–2025 propone una lectura de una obra que delineó una estética reconocible dentro de la fotografía latinoamericana y consolidó una forma de entender la imagen como simulacro. Curada por Valeria González, la exposición reúne más de doscientas obras y ocupa, por primera vez, ambas salas de la Fundación Larivière.
Cinco décadas de creación se organizan a partir del color: paredes pintadas en tonos pasteles, las obras que integran la serie Pop Latino, marcos en rojos, verdes, naranjas y rosados, y piezas retocadas digitalmente construyen un montaje donde la precariedad se vuelve —bajo la lente de López— una estética de periferia.
El recorrido permite trazar una trayectoria e identificar vestigios biográficos. Avanzar por la muestra implica reconocer los rastros de una poética visual que se consolidó en la estridencia y la irreverencia, y que encontró en la hibridez su marca más persistente. Realidad y ficción, parodia y denuncia, lo kitsch y lo político se cruzan sin jerarquías claras, componiendo un universo donde lo personal se vuelve colectivo y lo íntimo, emblemático.
La realidad aparece aquí como simulacro. Muchas de las fotografías expuestas —que el propio López define como “teatralizadas”— adoptan gestos del cine, del retrato oficial o de la escena popular. Desde una de sus primeras imágenes —un retrato familiar tomado en contrapicado junto a un cartel de cumpleaños— se hace visible una decisión que atraviesa toda su producción: asumir que toda imagen es construcción y que, en esa construcción, se juega una forma de verdad.
En la muestra, esa lógica se despliega a través de un repertorio simbólico reconocible. Figuras del arte, la política y la religiosidad popular —Andy Warhol, Frida Kahlo, Leonardo da Vinci, Perón y Evita, el Che Guevara, el Gauchito Gil— conviven en un mismo plano visual, generando capas de sentido que oscilan entre la cita, la parodia y la alegoría.
Los retratos ocupan un lugar central. Rostros iluminados frontalmente, fondos saturados, escenografías precarias y poses artificiales construyen imágenes donde lo marginal no se estetiza, sino que se expone como forma de resistencia visual. La parodia, lejos de ser un recurso superficial, opera como una herramienta crítica que pone en tensión los imaginarios sociales y sus modos de representación.
En algunas de las imágenes más emblemáticas, los personajes posan frontalmente frente a fondos saturados de color, con una gestualidad que remite tanto al retrato oficial como al afiche publicitario. En otras, la religiosidad popular aparece atravesada por el artificio, entre luces duras y escenografías improvisadas. En todas, el rostro funciona como superficie simbólica donde lo individual se vuelve emblema.
Vista en conjunto, Marcos López. Fotografías 1975–2025 funciona como una investigación antropológica del ser argentino entendido como construcción visual: una identidad atravesada por el exceso, el humor y la contradicción, que en estas imágenes se vuelve tan incómoda como persistente; tan atractiva como inquietante. La exposición confirma así la vigencia de una obra que, lejos de agotarse en su iconografía, continúa interrogando los modos en que miramos nuestra propia realidad. Candelaria Penido
Jueves a domingos de 12 a 19
(hasta abril de 2026)
Fundación Larivière
Caboto 564 – La Boca – CABA
Sitio Web Fundación Larivière














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