JAVIER PERIANES, afinidades reveladas

El pianista andaluz puso en diálogo al joven Manuel de Falla con Chopin en un refinado programa que culminó con páginas de Albéniz

Se aguardaba con impaciencia esta nueva visita de Javier Perianes, uno de los pianistas españoles con mayor proyección internacional, cuyo repertorio se extiende desde el barroco hasta la música de nuestro tiempo. Gracias al Mozarteum Argentino, Perianes regresó a Buenos Aires con un programa en homenaje al 150º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla (1876-1946), que el pianista está llevando por todo el mundo. Así, tuvimos la oportunidad de descubrir un Falla temprano, más afín a Chopin, lo que explica que en la primera parte de su recital Perianes combinara inteligentemente obras de ambos compositores, uniéndolas por estilo y carácter, en lugar de seguir un orden cronológico como suele ocurrir en los recitales tradicionales.

Según señala Claudia Guzmán en los interesantes comentarios que suele publicar en los programas de mano, la formación pianística de De Falla estuvo estrechamente vinculada con la influencia que el compositor polaco ejerció sobre el joven gaditano. A ello se suma el hecho de que Chopin acostumbraba presentar sus recitales en los salones de París, mientras que el joven Manuel de Falla incluía numerosas composiciones del polaco en los programas que ofrecía en los salones de Cádiz.

Chopin fue el gran maestro de la microforma: piezas breves que en pocos minutos describen un sentimiento, un paisaje, una danza popular o aristocrática. Desde su juventud se interesó por la mazurca, danza del folklore polaco a la que vistió de gala y difundió en los aristocráticos salones europeos. Chopin compuso y tocó mazurcas durante toda su breve vida. En sus primeros años como compositor, De Falla se sintió atraído por las mazurcas y los nocturnos (género creado por el irlandés John Field), hecho que Javier Perianes puso de relieve en la inteligente selección de su programa, integrado por nocturnos y mazurcas de ambos compositores, a los que agregó el Vals en la menor, op. 34 Nº 2 de Chopin.

Resulta difícil distinguir al autor andaluz del compositor polaco en las primeras obras de Manuel de Falla, aunque en la Serenata andaluza y en la Canción (ambas de 1900) ya aparece un atisbo del apasionamiento andaluz y el comienzo de la utilización de melodías en modo frigio, característica del folklore de Andalucía.

El pianista, vestido de negro, se sentó ante el piano del mismo color y se produjo una comunión entre Chopin, Falla, Perianes y un público extasiado, en un clima de recogimiento sin interrupciones de aplausos inoportunos. La belleza del sonido del pianista, el exquisito uso de los matices, la dinámica ideal, los contrastes entre la melodía superior —que los dedos de su mano derecha acariciaban sobre el teclado como melismas inspirados en la voz del bel canto belliniano— y las líneas intermedias, junto con un acompañamiento de la mano izquierda firme y aterciopelado a la vez, permitieron una lectura clara y prístina de las partituras.

Con la última nota de la Berceuse en re bemol mayor, op. 57 del compositor polaco, canción de cuna que Perianes vertió con un bajo cautivador e hipnotizante, repetido quince veces para dar lugar a las más diversas variaciones, la atmósfera de recogimiento alcanzó su clímax.

Llegó luego el momento de internarnos de lleno en el Nacionalismo Musical Español, con una obra del compositor homenajeado y otra de Isaac Albéniz, uno de los máximos representantes hispánicos de esta corriente estética surgida en la Europa de fines del siglo XIX y principios del XX. Ambos se conocieron en París, fueron amigos y se admiraron mutuamente. A Albéniz, precisamente, le dedicó Manuel de Falla sus Cuatro piezas españolas (1909), cuyos títulos (Aragonesa, Cubana, Montañesa, Andaluza) aluden al profundo conocimiento que el autor tenía del folklore, los ritmos y el cante jondo flamenco, aunque siempre aparecen tratados de manera estilizada, como señaló el intérprete en una conversación con la periodista Cecilia Scalisi.

Javier Perianes, andaluz como Falla, conoce profundamente las características del estilo del compositor: su idiomático rubato, su pulsación interna, sus contrapuntos de gran riqueza armónica. Todo ello se evidencia en su interpretación de la partitura.

El concierto finalizó con una selección de cuatro piezas pertenecientes a una obra cumbre del repertorio pianístico universal: la suite Iberia de Isaac Albéniz. Apasionado, heroico y sutil en los ritmos de El Polo, Perianes recorrió con suma facilidad los endiablados acordes, los contrapuntos y los polirritmos de Triana. Los bises incluyeron dos favoritos de De Falla: la monumental Fantasía Bética, con su alternancia de ritmos salvajes e intermedios de jipío (lamentos del flamenco) expuestos en distintas tonalidades, y la versión pianística de la muy conocida Danza ritual del fuego. Estela Telerman

Fue el 29 de junio de 2026
Mozarteum Argentino
Teatro Colón
Libertad 621 – CABA
(011) 4378-7100
Sitio Web Mozarteum Argentino 

A modo de reflexión

Días antes de este recital, Nelson Goerner, pianista contemporáneo de Perianes y frecuente invitado del Mozarteum Argentino, se había presentado como solista con la Filarmónica de Buenos Aires. Más allá de las diferencias entre ambos intérpretes, comparten una misma ética musical: la búsqueda de la belleza sonora, la fidelidad al texto, el rechazo del efectismo y la convicción de que la técnica no es un fin sino un medio, en una línea que recuerda a figuras como Radu Lupu, András Schiff y Murray Perahia. E. T.

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