AUDRIE & DAISY, vidas truncas

Un delito aberrante, dos suicidios y el papel de los documentales

¿Cuál es la función de un documental? Informar, educar, mostrar una realidad o un aspecto de esta, alertar sobre una cuestión. Hay tantos motivos para producir documentales como personas hay sobre la tierra, quizás. Cuando el matrimonio conformado por Bonni Cohen y Jon Shenk decidió producir Audrie & Daisy, fue acaso a causa del horror que padecen las víctimas de abusos sexuales y la condena social que estas sufren aun sin tener responsabilidad alguna sobre las decisiones de sus abusadores.

En septiembre de 2012 durante una reunión de amigos, Audrie Pott, una joven de 15 años, oriunda de Saratoga, California, fue abusada sexualmente por otros tres adolescentes, quienes tomaron fotos del hecho y las divulgaron por las redes sociales. Como estaba alcoholizada, Audrie no supo qué le habían hecho hasta que recobró el sentido horas más tarde. No pudo superar la vergüenza y se suicidó algunos días después. Meses antes de lo sucedido con Audrie en esa fatídica fiesta, en Maryville, estado de Missouri, Daisy Coleman, que a la sazón tenía 14 años, sufrió la misma suerte en condiciones similares.

Hasta aquí, un breve resumen de lo sucedido. Las penas para los culpables de ambos delitos distaron mucho de ser las que todo humano racional con dos dedos de frente esperaría en estos casos: al ser menores de edad, los varones que perpetraron los hechos en ambos casos recibieron penas demasiado leves para el infierno que ambas víctimas debieron soportar desde entonces y que lógicamente se propagó como fuego a ambos senos familiares.

Las influencias también hicieron lo suyo, pues en el caso de los abusadores de Daisy, uno de ellos tiene parentesco con gente políticamente influyente en su comunidad. En todos lados se cuecen habas, y para colmo, pueblo chico, infierno grande, pues ambos casos sucedieron en lugares donde casi todos se conocen o tienen algún tipo de vínculo, y donde el hecho de que la víctima pase a ser sospechosa o culpable (o en el peor de los casos, mentirosa, como pasó con Daisy) parece ser ley.

Audrie & Daisy sería, quizás, un documental más -con una estupenda realización- de no ser que el 4 de agosto pasado, Daisy Coleman decidió resolver su padecimiento y su depresión quitándose la vida. El documental emitido por Netflix, se basa principalmente en las historias de Audrie y Daisy, pero también remite a otros casos de adolescentes abusadas, ya sea porque tienen relación con alguna de ellas -como Paige, amiga de Daisy- o porque son parte del documental, como Delaney, Jada y Ella. Pero es llamativamente paradójico que el título del documental se llame como las dos jóvenes que decidieron poner fin a su existencia.

Realizado en 2016, el documental repasa los escabrosos detalles de los abusos de Audrie y Daisy, y muestra los testimonios de los acusados; de algunos de ellos se escucha el audio pero sus imágenes están disimuladas con animación. Cuenta también la vida de estas dos muchachas, con videos y fotografías familiares, los testimonios de sus familias y amigos, y reproduce los intercambios por redes sociales de las víctimas con sus abusadores después de los hechos.

En enero de 2016 Audrey & Daisy fue estrenado mundialmente en el Sundance Film Festival. Este festival se celebra año a año en el estado de Utah con el fin de fomentar el cine independiente. Ese mismo año, la empresa de contenidos audiovisuales Netflix compró el documental, lo lanzó en septiembre de 2016, y hasta hoy se puede ver. El documental está muy bien hecho, la fotografía es de calidad, y el desarrollo es ágil y sin baches. Los primeros planos, sobre todo de Daisy y su madre, son conmovedores. Pero a la luz del triste final de Daisy, uno no puede evitar hacerse este planteo: ¿Sirvió de algo? Las víctimas son conocidas por nombre y apellido, mientras que en el caso de la violación de Audrie, los culpables solo son mencionados con nombres ficticios para su protección -como si Audrie no hubiese merecido el mismo tratamiento por parte de la justicia, de la escuela donde era alumna y de la comunidad en la que vivía-.

Audrie no vivió para el documental, pero Daisy dio la cara y, seguramente una vez más, tuvo que reeditar la pesadilla que le tocó en suerte. Dicen que los ojos son el espejo del alma, y sus ojos, al igual que los modelos que ella dibujaba para los tatuajes que hacía, reflejaban el dolor de haber sido víctima de unos sujetos que no solo no recibieron condena por ley, sino que recibieron, inexplicablemente, el apoyo de parte de su comunidad, y hasta se los consideró héroes cuando la justicia decidió su libertad porque las pruebas no ameritaban que se siguiera adelante con la causa. Afortunadamente, eso en la Argentina no sucede ni sucederá jamás.

Sarcasmos aparte, posiblemente hubo y habrá cifras por lo menos interesantes en la elaboración del documental y en su traspaso de manos. Audrie & Daisy cierra con un final que pretende ser rosado pese a lo negro del asunto, casi como un himno de esperanza por un mundo mejor. Pero claro, eso fue cuatro años atrás; hoy, Daisy ya no está. Veintitrés años de una preciosa vida cortada prematuramente por la maldad de algunos, la desidia de otros, y la incomprensión de casi todos: en caso de violación, la víctima “algo habrá hecho” para que le sucediera, o lo tendría merecido.

De nuevo: ¿tuvo algún sentido producir el documental y exponer tanto a las víctimas? Por otra parte, ¿cuál es el sentido de que ciertas redes sociales censuren algunas publicaciones, si se quiere banales e inocuas, y no se les mueva un solo pelo con cuestiones tan delicadas y que lesionan el interés y el bienestar de menores? Y por último, ¿no será hora de cambiar nuestro discurso, y entender que, al fin y al cabo, all lives matter (toda vida importa)? Viviana Aubele

Audrie & Daisy en el sitio de Netflix
Entrevista a Daisy Coleman y más info en el Daily Mirror

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