El juego del espectador y del oyente será descifrar el contenido de las piedras rosettas que habitan este nuevo álbum. Con una fusión de géneros en la que predomina el jazz, Marcelo Sasso se lanza a la aventura de presentar este trabajo en público. La cita será este domingo 7 de junio en Bar de Fondo. En esta conversación, el músico —entrevistado por este portal en 2023 cuando presentó Shadows & Rain— cuenta cómo llegó hasta aquí y habla también de sus proyectos actuales.
Recién a tus 40 años comenzaste a mostrar las composiciones que habías escrito desde los 18. ¿Qué pasó con todo ese material durante tantos años?
En general las canciones fueron acumulándose en hojas pentagramadas, casetes y discos rígidos, y fueron retomadas al momento de grabar los álbumes. Ahí sí mutaron sumando secciones que faltaban, como solos o más letra, hasta adquirir su forma definitiva. La mutación fue más por el lado de esos agregados porque, en general, trato de que la idea original quede lo más respetada posible, como si la hubiera grabado en momentos cercanos a su composición en vez de, digamos, treinta años después.
Otra cosa que sucede y me gusta hacer es “matchear”, como se dice ahora. Un ejemplo de esta misma semana: tenía una canción con sus partes A y B bien definidas. Me faltaba una introducción. La encontré en doce compases que desde el invierno del 98 andaban sueltos por ahí. Cuando pasa eso, me da mucha alegría. A veces me parece que grabo los discos solo para encontrarles un lugar a esos papeles viejos.
Después comenzó una etapa muy prolífica en la que, en pocos años, editaste seis discos. ¿Cómo la viviste?
Con mucho cansancio y mucha felicidad. Es una tarea que tendría que haber hecho en tiempos más jóvenes y más lógicos. Pero las cosas se dieron así y ya estoy pensando en el disco que viene.
¿De quienes te considerás discípulo?
Me considero un aplicado exalumno del Pollo en sus clases de la querida Escuela de Música Contemporánea. Y un gran admirador de su obra y de su capacidad de trabajo. Antes y después de los años en que tuve la suerte de estudiar con él (2013 a 2016), también otros profesores fueron muy generosos y estimulantes. Nombro al profesor con el que estudié más años: Pablo Saclis (2007 a 2011). Y al de estos tiempos: Diego Penelas (desde 2024).
¿Con qué se encuentra el oyente al escuchar Piedras Rosettas?
Con un disco en el sentido que esa palabra tenía en mis años juveniles, o sea: un conjunto de canciones cuyo orden no es azaroso, hiladas por un concepto, que incluye un arte de tapa cuyo valor es el mismo que el de cada canción. Todo eso en un soporte físico. Eso no quiere decir que reniegue de los simples digitales lanzados para no perder el pulso de la presentación de novedades que exigen estos tiempos de redes. Tampoco quiere decir que no reniegue.
De las diez piezas de Piedras Rosettas, tres son de 1992, una de 1998, dos de 2012, dos de 2018 y dos de 2024. Las piezas de los años 90 me recuerdan que alguna vez tuve veinte años. Las de 2024, que ya no los tengo. Pero me alegra que la música permanezca como una constante.
Actualmente, ¿te dedicás también a la filosofía, además de la música? ¿Qué sucedió con tu libro acerca de la filosofía en la obra de Borges?
Me he puesto a filosofar de a dos con otro querido profesor de música con grandes inquietudes filosóficas, Teo Cromberg, que a partir del aprecio que tuvo por mi libro sobre Borges me propuso pensar algunos temas en torno a la relación entre música y filosofía. Las reuniones que dedicamos a ello derivaron en una ponencia —que nos divirtió mucho— en la UNA y en un artículo publicado por la misma universidad. Pero, en lo que hace al trabajo con las palabras, en los últimos tiempos me puse a intentar escribir textos encuadrados en el género que realmente más me interesa como lector: el cuento. Espero concretar alguna vez un buen cuento.
¿Por qué decidiste volver al jazz luego de tu anterior disco, que tenía una influencia mayor del rock y del pop en inglés?
Tenía ganas de volver al género que habíamos sobrevolado en el primer disco (Perlas Abruptas). Y esas ganas se reflejaron en la elección de las primeras canciones que seleccioné para Piedras Rosettas. Eso fijó el rumbo para la conformación de la lista final de temas por grabar.
Al ser el primer álbum en que repetimos género, me dio ganas de seguir con la secuencia y que el séptimo esté, como el segundo (Vitraux), signado por los ritmos latinoamericanos; el octavo, como el tercero (Cruces), al que yo entiendo como de “rock nacional” (la música más cercana a mis sentimientos); y el noveno, tal vez, como un mix del cuarto y el quinto: Shadows & Rain I y II (rock y pop con referencias extranjeras). Todo eso no implica que el loop pueda romperse con otros proyectos.
¿Por qué decís que el nombre y el concepto del álbum giran en torno de la incomprensión y la incomunicación?
Porque además de ese criterio de selección jazzero, le sumé que los temas tengan —y, si ya no lo tenían, me propuse incorporarlo a la partitura final— algunos elementos que, con mi amigo Andrés Wolfhal, corresponsable del arte de tapa de todos los discos, llamamos “roseteros”. Nos referimos a pistas y referencias difícilmente comprensibles, aunque no imposibles de revelar. Se trata de juegos para que juegue el oyente. Y de juegos que jugué yo como compositor y/o arreglador. Un ejemplo: en Tan Webern hay citas de Mariel y el capitán, Smells Like Teen Spirit y La muerte del ángel, que son tan claras como inentendibles.
¿Cómo elegiste a Pilar Icazuriaga como cantante y al resto del conjunto?
No la elegí. Apareció en el estudio de grabación como una presencia milagrosa. Estoy exagerando un poco, pero más o menos fue así. Su aparición en el segundo día de grabación del primer disco me abrió la posibilidad de rescatar la mitad de mis composiciones, las cantadas, ya que en principio mi idea era enfocarme en el repertorio instrumental. Nunca voy a estar lo suficientemente agradecido a Pili por estar en este proyecto. Esas gracias valen para todos los integrantes del grupo, tanto para quienes grabaron este último disco como para quienes participaron en álbumes anteriores y para quienes lo harán en los venideros.
¿Qué tenés preparado para esta próxima fecha?
Seis temas de Piedras Rosettas, una sección con Pilar de piano y voz recorriendo canciones de los discos anteriores, tres temas del próximo disco aún sin nombre.
Domingo 7 de junio a las 20
Bar de Fondo
Julián Alvarez 1200 – CABA
Reservas por Whatsapp: (11) 3009-5795
Marcelo Sasso (piano), Pilar Icazuriaga (voz), Nicolás “Mú” Sánchez (guitarra), Pablo Martín (bajo) y Rodrigo Genni (batería).
PIEDRAS ROSETTAS







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