Cuando se toca fondo, pueden ocurrir dos cosas: quedarse ahí, o alzar los brazos para que nos rescaten. Zach Williams es de los que hicieron lo segundo. Y lo expresa con aquello que, irónicamente, lo llevó en un principio a seguir el rumbo de una autodestrucción segura. Pero tuvo la inteligencia suficiente como para capitalizar su historia de fracaso, oscuridad y drogas. El 14 de marzo pasado, su canción There Was Jesus, en dúo con la mítica cantante de música country, Dolly Parton, fue elegida mejor canción de música cristiana contemporánea en la ceremonia de entrega de los premios Grammy.
Hay un antes y un después en la carrera musical del cantautor Zach Williams, como lo hay en su vida. Nacido en 1981 en el estado de Florida -aunque criado en Arkansas-, Zach Williams creció en el seno de una familia cristiana. Sus padres servían en las actividades de alabanza y adoración de su iglesia. Educado como cualquier muchacho en ese tipo de entorno, Zach aspiraba a descollar en el básquet, pero una lesión en el tobillo lo alejó del circuito. Pronto descubrió su aptitud para componer canciones, y entre 2007 y 2012 fue el vocalista de Zach Williams & the Reformation. El nombre de la banda es llamativo, pues nada tiene que ver con Martín Lutero, sino que la banda aspiraba a revitalizar el rock sureño, aquel subgénero entre cuyos exponentes se destacaron Little Richard y Elvis Presley. Durante esos años, Willliams llevó la vida que parece ser la habitual en un artista de rock: presentaciones continuas, drogas y alcohol.
En su sitio web cuenta con mucha franqueza que “construí ese personaje que evidentemente no era yo. Estaba muy engreído, y a todo el mundo le parecía un tarado”. La banda sacó dos álbumes, pero las adicciones hundían a Williams en un pozo del que parecía no poder salir. El momento bisagra llegó en 2012, en que uno de sus compañeros de banda comenzó a asistir a una iglesia, y Zach y su familia hicieron lo mismo. La banda se desintegró, y Zach se unió a The Brothers of Grace, luego renombrada Zach Williams & the Brothers of Grace. Y en un curioso juego de palabras con el nombre de la banda anterior, Zach comenzó su proceso de reforma. Dejó las adicciones, se volcó a su familia, y desde entonces cuenta su experiencia personal con Jesucristo a través de la música.
Zach lanzó su carrera como solista en 2016. Su música fusiona elementos del rock sureño, del country y del rock, y en sus letras están expresadas su historia de vida y su vida de fe. Se trata posiblemente de algo que es muy habitual entre los artistas que experimentan un cambio drástico en su vida y que lo expresan con la música; la música que Zach interpreta no es muy diferente de lo que es la música country y el rock sureño, y tampoco de lo que se escucha en el rubro música cristiana. Pero es de destacar esa sana costumbre de dar un giro de 180 grados —después de todo, de eso se trata el arrepentimiento— sin necesariamente tirar por la borda aquello que puede usarse para transmitir a otros un mensaje de esperanza, y encima hacerlo con buena música.
El primer álbum de esta segunda y renovada etapa de Zach, Chain Breaker (2017) ganó un Grammy por mejor álbum de música cristiana contemporánea. El segundo álbum, Rescue Story salió en 2019 (tuvo una nominación para los Grammy en 2020) y tiene entre sus temas aquel que le hizo ganar el Grammy el domingo pasado. El álbum se ubicó en el segundo lugar en el listado Top Christian Albums de la publicación Billboard, y en el puesto 111 de los Billboard 200.
En el sitio de la publicación cristiana CCM Magazine, Zach comenta que “sin Dios, evidentemente nada de esto sería posible. Junto con Jonathan Smith y Casey Beathard (sus coautores) estamos muy agradecidos por esta oportunidad”. Y además de darle el crédito a sus compañeros de ruta, agradece a Dolly Parton por su participación en el video.
Zach Williams supo capitalizar su don natural para la música y todos sus años de experiencia como músico de rock previos a su conversión para ponerlos al servicio de algo más grande. Sus letras, como en Less Like Me, hablan de esa transformación que sigue su curso, ese antes y después en su vida a partir de su encuentro personal con Jesús, a quien reconoce no solo en lo personal y en sus canciones, sino en sus palabras de agradecimiento por el galardón obtenido. Viviana Aubele






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