SOLO PIANO (CLÁSICA+JAZZ), encuentros

Música clásica e improvisación en el piano de Bebop Club

No es políticamente correcto que un periodista que al mismo tiempo es productor haga la crítica de un espectáculo que él mismo ha producido. Estamos de acuerdo en esto. Sin embargo, en este caso el productor se ha limitado, prácticamente, a generar una serie de encuentros, de artistas que tal vez en otras circunstancias no se hubiesen juntado jamás en un mismo escenario. Y una vez lanzados estos encuentros, se ha convertido nuevamente en un espectador más. Y si este argumento todavía no fuese suficiente, digamos que esto no pretende ser propiamente una crítica, sino más bien una serie de reflexiones acerca del arte y sus límites.

La idea que dio inicio a este ciclo fue, precisamente, cuestionar los límites que en ocasiones parecen separar la llamada música académica de la música popular, presentando en un mismo escenario a un pianista dedicado a la música clásica y un pianista más cercano a la improvisación que es característica del jazz. En este contexto el protagonismo no lo tendrían tanto los géneros en sí mismos, como el instrumento. Y en cualquier caso tener a un pianista clásico tocando en un reducto dedicado al jazz me pareció de por sí un gesto divertido y desafiante.

Las dos primeras fechas, ya comentadas en este mismo portal por Martin Wullich y Estela Telerman, tuvieron por protagonistas a Viviana Lazzarin, Nicolás Guerschberg, Valentín Surif y Hernán Jacinto. El recital siguiente presentó a María José Maito y a Marco Sanguinetti. Ella demostró su amplia solvencia como solista en un exigente programa dedicado a Frédéric Chopin, con el Andante spianato y gran polonesa brillante y la Fantasía impromtpu. Más cercano al concepto amplio de música contemporánea que al jazz, él interpretó a su tiempo una serie de piezas propias que pudimos redescubrir en la intimidad del formato de piano solo, antes de terminar con un cover de Radiohead y un Claro de luna de Claude Debussy. Curiosa cuestión esta de los límites, como puede verse.

El repertorio debussyano volvió a estar presente una semana más tarde, junto con Albéniz y Granados, en las manos de la exquisita Fernanda Morello, en este caso dupla con el talentoso Gustavo Hernández, quien abordó el arte de la improvisación con Les feuilles mortes y varias piezas del repertorio folclórico argentino como Zamba de mi esperanza, elegidas por el público en el momento, para terminar ambos con un celebrado bis a cuatro manos, también improvisado, sorpresivamente, dado que es algo muy poco común entre nuestros artistas clásicos que se atrevan a tocar sin el resguardo de una partitura. Fue un momento único, maravilloso, irrepetible.
– ¿Qué es eso que tocaron al final, Fernanda?
– No tengo idea… Encore: Improvisación a cuatro manos, ponele.

Escuchar a estos grandes pianistas, convocados desde la admiración y el afecto, fue una experiencia singular y constructiva. Y jugar de a ratos a tocar en el mismo piano en el que ellos lo harían, mientras preparábamos con Christian Paladino, de Avant Producciones, las cámaras y los micrófonos con los que íbamos a registrar estos recitales, para luego compartirlos con los usuarios de la plataforma SelectaTV, me movió a recordar alguna reflexión relativa a la música.

Cuando tuve mi primer piano yo solía pensar: definitivamente yo no soy músico. No sé leer música, no sé adónde está el Si bemol, ni puedo armar un acorde de manera premeditada. Entonces, ¿qué era eso que sucedía cuando me siento frente al instrumento y surgían sonidos más o menos ordenados? Eso era música, creo. Mala música, eventualmente. Aunque no creo que peor que otras cosas que algunos llaman música y que a mí me producen retorcijones. Como sea, dado que no sé leer música, ni tampoco me atrevo a sacar cosas de oído, lo que todavía hoy toco en mi piano es una constante improvisación. Y no me pidan que vuelva a tocar tal o cual pasaje más o menos inspirado, porque me resultaría imposible hacerlo.

¿Adónde van todos esos sonidos, entonces? Son nada más que presente, un presente fugaz, que se disuelve en el momento mismo de concretarse. Arte curioso, la música: sólo existe mientras dura. Como decía Heidegger en su Arte y poesía, hasta las partituras de las obras más destacadas de un Beethoven son como papas en una bodega cuando nadie las toca. La música está en otra parte, en ese instante fugaz que huye permanentemente de nosotros. Interesante metáfora de lo que es la misma vida. Germán A. Serain

Fueron el 19 y el 26 de junio de 2018
Bebop Club
Moreno 364 – Cap.
(011) 4331-3409

bebopclub.com.ar

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