La verdadera historia de Ricardo III (basada en Ricardo III, de William Shakespeare) – Elenco: Joaquín Furriel, Ingrid Pelicori, Luis Ziembrowski, Silvina Sabater, Marcos Montes, Belén Blanco, Luciano Suardi, María Figueras, Iván Moschner y Luis Herrera – Música y Sonido: Janiv Oron – Iluminación: Calixto Bieito y Omar San Cristóbal – Vestuario: Paula Klein – Escenografía: Barbora Horáková Joly – Dramaturgia y Video: Adrià Reixach – Dirección: Calixto Bieito
Una playa de estacionamiento en Leicester fue el punto de partida para esta propuesta escénica que sacude desde sus cimientos el Ricardo III de Shakespeare. Allí, en 2012, fueron hallados los restos del último rey inglés muerto en batalla, y ese hallazgo real activa la mirada implacable de Calixto Bieito, quien, junto a Joaquín Furriel, propone una relectura que trasciende lo histórico para explorar la raíz contemporánea de la maldad. No se trata de una versión clásica ni de un homenaje académico: es una experiencia teatral que interpela, que incomoda, que se adentra en la sombra humana con una audacia que ya es marca registrada en el director catalán.
La verdadera historia de Ricardo III convoca a los amantes del drama isabelino con una propuesta que rompe moldes. Bieito, con una mirada ferozmente contemporánea, aborda esta tragedia sobre la condición humana con recursos escénicos de fuerte impacto visual y simbólico, y con la convicción de que el poder, la ambición y la perversidad se repiten a lo largo de los siglos.
La escenografía de Barbora Horáková Joly diluye las fronteras del tiempo y transporta la acción a un presente impreciso, donde el hallazgo arqueológico genera la pregunta: ¿por qué un monarca terminó enterrado de forma anónima, como si no lo hubiera sido? Esa incógnita activa la necesidad de revisión histórica y da pie a una reinterpretación donde el mito se desarma desde una narrativa tan fragmentada como provocadora. El dispositivo escénico se organiza en torno a un caos controlado: muebles que se ensamblan y desarman, cuerpos que se arrastran con movimientos quebrados, en una coreografía física y expresiva al límite. El vestuario contemporáneo diseñado por Paula Klein subraya ese presente difuso que no pretende ser realista, sino mental.
La dirección de Bieito y el diseño lumínico compartido con Omar San Cristóbal construyen atmósferas densas, entre claroscuros que alternan planos escénicos y profundidades simbólicas. En el centro, Joaquín Furriel ofrece una interpretación extraordinaria, cargada de entrega física, potencia vocal y presencia escénica. Su Ricardo III es un ser alucinado, verborrágico, seductor y despiadado, que se confiesa ante el público mientras los fantasmas de sus crímenes lo rodean. Su monólogo es también un cuerpo en tensión permanente, un discurso sin piedad, donde la ambición lo consume hasta lo irreparable.
El elenco acompaña con intensidad y compromiso. Ingrid Pelicori se destaca en un papel complejo y emocionalmente tenso, mientras que Luciano Suardi, Iván Moschner, Silvina Sabater, Luis Ziembrowski, Belén Blanco, Marcos Montes, María Figueras y Luis Herrera componen un conjunto expresivo, versátil y orgánico. La dramaturgia de Adrià Reixach articula esta convivencia entre lo teatral y lo performático, entre lo íntimo y lo colectivo.
La música de Janiv Oron, inquietante y disonante, aporta tensión y subraya los momentos de mayor crudeza. El montaje propone un viaje sensorial hacia lo oscuro: traiciones, incestos, crímenes y manipulación política se suceden sin pausa, haciendo de La verdadera historia de Ricardo III una reflexión punzante sobre el poder como pulsión destructiva. No es solo la historia de un rey: es la de ambiciones humanas capaces de sacrificarlo todo en nombre de la gloria.
Hay momentos en los que Furriel rompe la cuarta pared, busca la complicidad del público, como si intentara justificar lo injustificable. En uno de los pasajes más irónicos, despliega micrófonos y pronuncia un discurso populista sobre el “sacrificio” de gobernar, subrayando la hipocresía del poder.
El final, marcado por la caída inevitable del tirano en la batalla de Bosworth, no da lugar a redención. La célebre frase “mi reino por un caballo” no llega a pronunciarse, y el cierre deja en claro que la historia —como siempre— la escriben los vencedores.
Bieito nos recuerda, sin moralismos, que la maldad no es un accidente de época, sino parte constitutiva de nuestra condición. Y en esta versión, el teatro vuelve a ser ese espejo incómodo en el que ya no podemos evitar mirarnos. Martha Wolff
Miércoles a sábados a las 20
Domingos a las 19
Teatro San Martín
Av. Corrientes 1550 – CABA
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