AUTOCLÁSICA 2022, perfumes de combustión

Los mejores fierros volvieron a San Isidro en la vigésima edición de la impactante muestra del Club de Automóviles Clásicos

 Autoclásica 2022, voces de motores, perfumes de combustión, ojos plenos de colores y un gusto que sobra para cualquier pretensión: es el del auto y su gente. ¿Cómo contar algo que abarca todos los sentidos? Es donde los hombres -y algunas mujeres- se completan y estallan de pasión con ese corazón que palpita en la explosión de un motor. Los vi este fin de semana en San Isidro, mientras los visitantes envolvían las más de 1000 máquinas entre un centenar de stands que se desparramaron por las calles y la gramilla que siempre les ofrece uno de los mejores hipódromos del mundo, el del Jockey Club Argentino. Así, Autoclásica 2022, la muestra que organiza el Club de Automóviles Clásicos desde de hace 20 años, resultó una convocatoria superior y que, por lo vivido, promete seguir repitiendo.

¿Visitantes dije? Error. Familias, chicos y hombres que saben de un chasis o del lomo de un motor. ¿Cien mil personas calculé? No le erré, solo que es infrecuente ver muestras masivas en el país. Es que aquí ganaron todas esas cosas de la Argentina, cuando el auto, los caballos y el boxeo se imponían en los deportes. Es tan difícil promediar tanto esfuerzo que muchos son los que deberían ser mencionados. Entonces el resultado es genérico, porque aúna artesanos, motoristas, rallystas, chapistas, mecánicos, tuercas, historiadores, ingenieros, periodistas… Y se agrega el mismo fanatismo de todos ellos en el buen gusto, la clase, el prestigio y el arte que impide olvidar esta asociación, el Club de Automóviles Clásicos…, ese grupo de rescatistas que dejan mucho, casi todo, en esto de no apagar motores.

La crónica no puede dejar de mencionar que este conjunto de voluntades puso de pie una carpa para homenajear al Lole Reutemann, en su llegada a la gloriosa meta de la vida. A Oreste Berta (El Mago de Alta Gracia), y a los Soldados de Malvinas; por ello vinieron y compitieron los vehículos de las Fuerzas Armadas (Ejército, Aeronáutica y Armada), las que en esta muestra siempre tienen su lugar y elevado reconocimiento. 

Para los no iniciados, entre los que me incluyo, un premio aquí es como el de un toro Gran Campeón en Palermo, el campeonato de Turismo Carretera o una maratón mundial. Así debo mencionar el Best of Show, el mejor de la muestra, ese auto que debe mostrar singular belleza y armonía, un óptimo estado de preservación y restauración, aquilatar importante historia y suficiente antigüedad, es decir, un verdadero clásico de todos los tiempos: Fue coronado el Bugatti Type 57 Ventoux de 1936, una verdadera maravilla azul-celeste que, hasta el año que viene, ocupará su reinado en el Club. Luego, sus inmediatos contendientes, el Bentley (4 y ½ lt.) de 1929 y el Alfa Romeo de seis cilindros, 2500 SS, de 1949.

Sol, tarde, armonía de motores y música, con el soberbio relato del speaker. El premio al auto artesano argentino, de Benjamín Iriarte. Y la ovación para el Fiat Nuova 500, tan nuestro, La Bolita. Un lujo: sí, Stoddard Dayton Special (1914), una boiserie andante. ¡Qué puedo agregar de los dos Chevrolet Impala Coupé (1959), o de la preservación del Cadillac Phaeton (1916).

Bueno o malo, resulta que alguno sin saber nada opina con ganas: el Jaguar E-Type  (1966), es decir que no hay color más lindo que el verde inglés. A su vez, la motocicleta campeona y que quedó también expuesta: Harley Davison U 1250 Flat Head (1947).

Premio Germán Sopeña

Hubo una maravilla que se repitió en el final. Se trata del varias veces premiado Alfa Romeo 6 C., 2500 SS, un diseño Pininfarina, y con eso está todo dicho. Esa unidad recibió el Premio Germán Sopeña, otorgado por los periodistas especializados. Tuve la suerte, junto a Gloria Sopeña, de entregar el distinguido premio del brillante periodista amigo. Gracias Club de Automóviles Clásicos, Alfa Romeo, Expositor, Pininfarina… ¡Gracias, Germán!.

En la carpa del club, más premios, más abrazos, más camaradería. El agradecimiento al intendente Gustavo Posse y los saludos entre tantos amigos: Alejandro Bartolomé, Eugenio Schlosber, Eugenio Ottolenghi, Gerado Bianchi, Sergio Rinland, Charly Walmsley, Sergio Esnal, Jorge Penedo, el Padre Augusto Zampini (capellán del Club), Rodolfo Iriarte, Oscar Viola, Carlos Rodríguez, Roberto Senerchia, Jorge Girotti, Dudy Libedinski, Eduardo Ramírez Calonge, Luis Crocci, Pedro Diguardo, Ricardo Battisti (presidente del Club), Julio César Pacini, Gisela Spadafora, Jean Lou Ranwes, Luis Bustelo, Ricardo Blackowis, José Pedota, Alec Daly… y el hombre que ya ingresó en otro Salón, el de la Fama: Luis Spadafora.

Si parecían muchos, es poco, porque en las hectáreas del predio, más miles que no se iban: mate, vino, las cachadas de siempre, el rugido de un motor y un sol que había cerrado el día de San Isidro con la promesa de volver el año que viene. Sí, como antes, con el asado al costado de la ruta, con el buen gusto de los drivers y con la pasión de todos, sin alardes. Mariano F. Wullich

Fue el 9 de octubre 2022
Autoclásica 2022
Hipódromo de San Isidro
Sitio Web Club Automóviles Clásicos

 

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