ALBERTO GINASTERA, glorioso homenaje

Magnífica interpretación de Pablo Diemecke y la Filarmónica de Buenos Aires

JAVIER DRAGu00daN homenajea a Luis Tauriello - www.martinwullich.com

El programa no pudo haber sido mejor elegido, y la interpretación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, al mando de Enrique Arturo Diemecke, fue impecable. El entusiasmo generado, a partir de los primeros acordes de la maravillosa Obertura para  el Fausto Criollo, fue in crescendo hasta el apoteósico final con el Malambo, sin perder jamás el carácter personalísimo ni las fuentes en donde abrevó Alberto Ginastera.

Butacas había de sobra. Muchos se arrepentirán de no haber ido. Sobre todo los que aún no consideran fundamental la música de ese colosal compositor que fue Ginastera, maestro –entre tantos otros- de Astor Piazzolla. Toda la modernidad y lo argentino estuvieron presentes en un escenario.

El mejicano Diemecke es otro coloso, uno de los grandes directores de la actualidad, que lleva el espíritu de la interpretación por los justos y deleitables caminos que el compositor ha imaginado, tal como lo hizo en este homenaje al músico argentino. Sus entradas triunfales al podio, sus comentarios atinados que siempre aportan un dato interesante, su profesionalismo y pasión, su proverbial simpatía, son características que lo definen y que el público espera. Tan adentro lleva la ejecución que llega a bailar arriba del podio, saltando coreográficamente, casi volando con su cuerpo todo y sus manos que marcan con precisión las entradas de una orquesta que responde magníficamente. Pero también es capaz de emocionarse profundamente en un sutil pianissimo y saludar, sin ambages, con su mirada vidriosa. Diemecke maneja no sólo a la orquesta sino también al público, indicando el silencio que debe ser mantenido y autorizando el momento en que el aplauso merecido puede romper abierta y enérgicamente. En ocasiones genera una experiencia casi religiosa.

Después de la Obertura, el Concierto para violín op. 30 tuvo en Pablo Diemecke –hermano del director- un traductor precioso que transmitió los climas dodecafónicos con emotiva sutileza, particularmente en la Cadenza inicial y en los estudios donde -al decir de Ginastera- sobrevuela la sombra de Paganini, para sorprender con el Perpetuum Mobile final.

En la segunda parte volvieron las referencias criollas con las Variaciones Concertantes op. 23. El comienzo del arpa, remedando sonidos de la guitarra, fue dando paso a la presencia solista de otros instrumentos de cuerda y de viento -en excelentes ejecuciones-, marcados en  precisos movimientos, hasta llegar al penúltimo, dedicado al contrabajo, en subyugante ejecución de Javier Dragún, seguida de un momento de silencio en homenaje al contrabajista Luis Tauriello. Al decir de Diemecke, Luis se nos adelantó llegando al cielo antes que nosotros. Emotivo, cerró con la última variación, donde los instrumentos volvieron a unirse en un todo deleitable.

Las Danzas del Ballet Estancia cerraron una noche disfrutable y exultante, con la visión musical de trabajadores agrícolas y peones de hacienda bailando el célebre malambo ante la presencia del flameante trigo. Martin Wullich

Fue el 14 de abril de 2016
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109
teatrocolon.org.ar

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