AGUSTÍN PEREYRA LUCENA, alma de bossa nova

A tres años de su partida, el genial compositor y guitarrista pareció asistir al teatro en un macramé tejido entre público y artistas

Agustín Pereyra Lucena, homenajeIntérpretes: Rodrigo Aberastegui, Livia Barbosa, Beto Caletti, Lucho González, Norma Iovino, Daniel Maza, Marina Melero, Belén Pérez Muñiz, Juan Portalis, Adriana Ríos, Alejandro Santos, Luna Santos, Jorge Savelon, Helena Uriburu – Arreglos y Dirección Musical: Alejandro Santos – Producción: Amelita Silveyra Reyes

La bossa nova estaba en una de las mejores tribunas de Buenos Aires, la del Teatro Coliseo. Iba y venía, se mezclaba, los músicos la disparaban, y el público -pocas veces tan sabio- la regresaba en silencio. La depositaba sobre un escenario de talentos, de intérpretes virtuosos y voces que esperaban el rito. Todo un tejido muy enhebrado, finamente ajustado, un encaje de sonidos. 

Se trataba de rendir el homenaje esperado y retrasado por la pandemia a un brillante compositor y guitarrista que poco necesitó de voces y que rápidamente las situó en sonidos. Agustín Pereyra Lucena murió hace tres años en Buenos Aires, a la que cosió con Rio de Janeiro en una bossa nova porteña. Fue el mejor de aquí y uno de los mejores de allí.

En la sala, elevadas cuerdas de guitarra, de piano y otros teclados, se juntaron en sonidos acompañados por esa percusión que no golpea y vientos de flautas que soplaban con el mejor trino. Dirán que cuento lo sabido, y es cierto. Jamás podría poner una evaluación crítica sobre éste género que siempre me tararearon amigos: Armando Sagasti, el cómplice de “Vina” en Punta del Este; Luisa Josefina Casado, la del Brasil en la piel y su amor persistente y, Germán Sopeña, el de la guitarra amateur y la voz baja, quien se fue sin poder realizar un homenaje a Vinicius y su gente. Ese Vinicius que afirmó: “Con excepción de los brasileños Baden Powell y Toquinho, pocas veces he visto alguien más ligado a su instrumento que Agustín Pereyra Lucena. Daría la impresión de que, si le retirasen la guitarra, se desvanecería en música”.

Entonces no tuve en mi un crítico, pero si al cronista de siempre, que prestó atención cuando una voz le dijo a Agustín: “Llegaste con guitarra y fuiste orquesta”. Y todos allí fueron su orquesta. Una sinfonía acollarada con la armonía, el buen gusto, el tiempo, y esas voces tan amables, brillantemente tarareadas. Instrumentos, al fin. 

Que ganas de extenderme sobre las virtudes de unos y otros, de los sonidos que vinieron de Punta del Este y que adoraron a Valeria del Mar. Lo de Agustín Pereyra Lucena fue nostalgia y arena, melancolía y mar, como Clara luna, y -permítanme el oxímoron- alegre tristeza como Ese día va a llegar. Las cantantes en un coro me impactaron y ese final de marcha que una de ellas logró que Agustín grabara aunque él, sin antes aclarar: “Sí, pero es muy alegre”.

Todo este homenaje fue el logro una productora de esas que se juegan con ganas, aunque no tengan nada que ver con el bolsillo. Es que Amelita Silveyra Reyes demostró hace una noches que puede tener todo el Coliseo, más allá del borderaux. Es la empresaria post pandemia que Buenos Aires necesita.

Un público atento, sin bullicios, entendedor y encantador estaba integrado al espectáculo, con el que también formó parte bailando con gracia y elegancia. ¿Y Agustín? Claro que lo esperaba, si así pudo sumar a todos en su ajustado macramé. Mariano Wullich

Fue el 31 de octubre de 2022
Teatro Coliseo
Marcelo T. de Alvear 1125 – Cap.
(011) 4814-3056
Bossa nova en Wikipedia

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