M EL IMPOSTOR, prolongada vistosidad

Martín Bossi brilla en lo más íntimo de un show ostentoso

M el impostorActúan: Martin Bossi, Vivian El Jaber – Cantantes: Maia Escandarani, Lorena Risso – Bailarines: María Laura Cattalini, Leandro Heredia, Carla Lanzi, Martín Marín, María Merolla, Sabrina Sansone – Músicos: Alfredo Arias, Francisco Cordima, Juan Cordima, Julián Santagada, Conceicao Soares, Nicolás Trucco – Iluminación: Georgina Díaz, Cecilia Ettori – Vestuario: Mabel Rodriguez, Ana Sans – Coreografía: Rodrigo Cristófaro, Vanesa Garcia Millan – Dirección: Ana Sans, Manuel Wirzt

El espectáculo es efectista. Basado en una orquesta de media docena de músicos, bailarines en llamativas coreografías, restallante iluminación, atractivo vestuario y proyecciones en grandes pantallas, no repara sin embargo en lo íntimo, en lo sutil, en la comunicación de que es capaz el impostor del título. Martín Bossi es un artista completo y un gran imitador, no hay duda, pero un show de más de dos horas sin una línea argumental y al que le falta gracia en los textos, no se sustenta. Por eso se pierden las pocas apariciones de la dúctil Vivian El Jaber -en el rol de su madre-, mientras aparecen Chayanne, Sandro, Charly García, Fito Páez, Joaquín Sabina, algunos en largos y desabridos diálogos.

Lo mejor de M el impostor reside en las breves transformaciones que Bossi hace con tan sólo muecas, gesticulaciones e inflexiones vocales, mientras reflexiona sobre cuestiones del actor y se somete a un dilatado proceso de maquillaje, sentado frente al público. Entre tanto, sin vestuario alguno, con su torso desnudo, personifica a Ricardo Fort, a Cristina Fernández de Kirchner, a Zulma Lobato, a Mauricio Macri, en rápidas apariciones marcadas con precisos matices, en divertidos flashes, sin aparatosidad alguna. Es en ese momento donde aparece lo auténtico, lo que es capaz de dar este observador minucioso para ser otro. Pero queda solitario y pequeño en el vasto escenario, y a la dirección no se le ha ocurrido que quien está sentado más atrás de la tercera fila en la enorme y oblonga sala, no podrá detenerse en las líneas que dibujará en su cara para ir mutando, en las delicadas pinceladas sobre sus ojos o sus pómulos que nadie podrá observar en detalle. La sola decisión de proyectarlo aprovechando las pantallas laterales se les ha escapado. Del modo en que lo presentan, se disfrutaría mucho más en un íntimo escenario de café concert o de pequeño teatro off.

El resto es pirotecnia visual, colorida y algo rimbombante, que no haría falta si Bossi se convenciera de que -al decir de Gracián- lo bueno, si breve, dos veces bueno. Martin Wullich

M el impostor
se dio hasta 2011
Teatro Broadway
Av. Corrientes 1155 – Cap.
(011) 4382-2201

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