El concierto de la Orquesta Estable del Teatro Colón tuvo carácter de celebración. No solo por la excelencia musical alcanzada, sino porque marcó oficialmente el esperado nombramiento de Alejo Pérez como director titular de una de las agrupaciones sinfónicas más antiguas y prestigiosas del continente. Su regreso al país, luego de una extensa trayectoria internacional, inaugura una nueva etapa para el organismo.
Director de sólida experiencia y repertorio vastísimo, Alejo Pérez ha transitado músicas de cinco siglos, con destacadas incursiones en obras contemporáneas. Sus trabajos en el Teatro Argentino y en el Teatro Colón —muchos de ellos junto a Marcelo Lombardero— permanecen como referencias de alto nivel en la historia reciente de la lírica argentina. Tras sus temporadas al frente de la Opera Ballet Vlaanderen, con sedes en Gante y Amberes, vuelve ahora a su tierra con una madurez artística evidente.
Su dirección combina precisión técnica, transparencia conceptual y una expresividad intensa pero nunca exagerada. Mantiene una comunicación fluida con los músicos y logra transmitir al público la arquitectura interna de las obras. Desde el comienzo del concierto quedó claro que no se trataba de una presentación más, sino de una verdadera declaración artística.
Integraron el programa la Sinfonía N.º 6 en fa mayor, Op. 68 “Pastoral” de Ludwig van Beethoven y la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz, dos obras monumentales de carácter programático, estructuradas en cinco movimientos y concebidas como relatos puramente instrumentales.
Resultó especialmente interesante ver a la Estable —habitualmente dedicada al repertorio operístico y de ballet desde el foso— ocupando el escenario como protagonista absoluta. Las dos partituras exigen lucimiento individual y cohesión colectiva en todas las familias instrumentales, desafío que la orquesta afrontó en un estado artístico ideal.
En Beethoven, la naturaleza se convierte en experiencia sonora. Cada movimiento describe escenas y emociones vinculadas al mundo pastoral: la llegada al campo, el murmullo del arroyo, la reunión campesina, la tormenta y el agradecimiento posterior. La escritura despliega una extraordinaria imaginación tímbrica: las maderas evocan pájaros y brisas, las cuerdas dibujan el fluir del agua y la percusión anticipa la violencia climática.
La lectura de Alejo Pérez evitó todo exceso romántico y privilegió la claridad del entramado orquestal. Cada plano sonoro apareció expuesto con nitidez, como si pudiera leerse cada detalle de la partitura. Esa transparencia permitió apreciar el virtuosismo y la entrega de los músicos, además de la riqueza de matices de una obra que muchas veces suele interpretarse de manera más pesada o grandilocuente.
Después del intervalo, el concertino Freddy Varela Montero, visiblemente emocionado, se dirigió al público para referirse a la continuidad histórica de la agrupación, cercana a cumplir cien años, y despedir a su colega Martha Cossatini al finalizar su ciclo dentro de la orquesta.
Entonces llegó la desmesura visionaria de Berlioz. Para la ejecución de la Sinfonía Fantástica subieron al escenario más de treinta músicos adicionales, requeridos por una orquestación revolucionaria para su tiempo: arpas múltiples, percusión expandida y una masa sonora de enorme complejidad.
La obra narra las obsesiones y delirios de un artista bajo los efectos del opio, acosado por la imagen de una amada ideal representada por la célebre idée fixe, melodía recurrente que reaparece transformada a lo largo de toda la partitura. Bailes, escenas campestres, marchas al cadalso y aquelarres conforman este universo teatral y alucinado que anticipa muchos rasgos del sinfonismo moderno.
Aquí Alejo Pérez desplegó una dirección intensa y comunicativa, que penetró en las capas más dramáticas de la obra sin perder nunca claridad estructural. La Estable respondió con brillo y precisión admirables, especialmente en una partitura de semejante exigencia técnica y expresiva. Las secciones de vientos y percusión alcanzaron momentos de gran impacto, mientras las cuerdas sostuvieron con solidez el complejo entramado sonoro imaginado por Berlioz.
Ha comenzado una nueva etapa para la Orquesta Estable del Teatro Colón. Y el regreso de Alejo Pérez parece señalar, además, un esperado reencuentro entre un gran artista argentino y su público. Estela Telerman
Fue el 3 de mayo de 2026
Teatro Colón
Libertad 621 – CABA
(011) 4378-7100
Sitio Web Teatro Colón
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