Desde 1982, entre agosto y septiembre, en la histórica ciudad de Utrecht, Países Bajos, se lleva a cabo el Festival de Música Antigua, una ocasión que dura diez días y que reúne a artistas especializados en música barroca y renacentista. Además de conciertos, el festival ofrece conferencias, actividades culturales y simposios. En el marco de este acontecimiento el contratenor francés Philippe Jaroussky cantó junto con la soprano belga Céline Scheen un exquisito repertorio que incluyó a Johann Sebastian Bach, Heinrich Schütz, Claudio Monteverdi y otros compositores de esos tiempos. L’Arpeggiatta, el ensamble fundado en 2000 por la austríaca Christina Pluhar, acompañó a estos dos cantantes en destacada performance.
Es steh’ Gott auf (SWV356), de Heinrich Schütz (1585-1672, compositor alemán nacido en Turingia, contó con la fuerza expresiva de Scheen y la suavidad de Jaroussky. Una agradable combinación de registros para esta obra basada en los primeros tres versículos del salmo 68 (“Levántese Dios”). Luego el ensamble dirigido por Pluhar ejecutó Ciaccona, del italiano Tarquinio Merula (1595-1665); maravillosa y sólida Veronika Skuplik al violín. Scheen volvió al escenario para interpretar de nuevo a Schütz: Erbarm Dich mein, o Herre Gott (SWV447): los cuatro primeros versículos del salmo 51, salmo penitencial de David por haber pecado con Betsabé (“Ten piedad de mí, oh Dios”).
También de Schütz, Von Gott will ich nicht Lassen, obra perteneciente al segundo libro de Symphoniae Sacrae, una colección de obras musicales de carácter religioso, en dúo de soprano y contratenor. Jaroussky trajo Ach, dass ich Wassers g’nug hätte, de Johann Christoph Bach (1642-1703), obra en la que su canto aportó una gran dosis de pathos. Como dato de interés, la obra es parte de una colección que, según el sitio Hyperion-Records, fue una “víctima” de la Segunda Guerra Mundial y que afortunadamente fue redescubierta en Kiev a fines de los años noventa.
El ensamble interpretó a continuación el preludio de la Suite para violonchelo Nro. 2 en re mayor BWV 1008, de Johann Sebastian Bach (1685-1750) con gran lucimiento del violonchelista español Josetxu Obregón. Luego, Céline Scheen volvió al escenario para cantar Mein Jesu, was vor Seelenweh BWV 487; Jaroussky se sumó para interpetar Komm, süsser Tod BWV 478, ambos de Johann Sebastian. De Heinrich Ignaz Franz von Bieber (1644-1704), compositor austro-bohemio, se escuchó la Sonata Nro. 1 en re, y volvió a destacar la genial Skuplik. Jaroussky y Scheen regresaron para cantar una obra del siglo xvii de autor anónimo, Ninna Nanna al Bambin’ Giesú. De nuevo Ciaccona, pero la de Maurizio Cazzati (1616-1678), interpretada por el ensamble.
El contratenor Jaroussky reapareció con una bellísima O gloriosa Domina, de Ignazio Donati (1570-1638), y dejó la posta a Scheen para Hor ch’e tempo di dormire, de Tarquinio Merula. La vinciolina Op. 4 Nr. 6, una preciosa pieza de Giovanni Antonio Pandolfi Mealli (1629-1679), precedió al sublime Pianto della Madonna, del Stabat Mater de Giovanni Felice Sances (1600-1679), cantado igualmente de sublime por Jaroussky, que cerró el concierto con el Laudate Dominum in sanctis eius SV 287 de Claudio Monteverdi (1567-1643), artista que dejó una enorme huella en la música por su aporte al género operístico, pero que también dejó numerosas obras de música sacra y madrigales.
El bis tuvo una parte seria, con Quando corpus morietur, del Stabat Mater de Pergolesi (1710-1736), y una parte divertida: Ciaccona del paradiso e dell’inferno, una obra anónima del siglo , qXVI que contrasta las delicias del paraíso -a cargo de Jaroussky y Scheen, muy desacartonados y Scheen haciendo gala de un particular histrionismo- y las penurias del Averno, cantadas por Doron David Sherwin, quien durante el concierto ejecutó magníficamente el cornetto y aquí hizo reír a músicos, cantantes y público con deliciosa comicidad.
En síntesis, el Festival de Música Antigua es una propuesta muy completa y de calidad para todo aquel que desee acercarse a la música del Renacimiento y del Barroco más allá de Bach y Monteverdi, con dos cantantes de lujo y un ensamble con aristas interesantes. Viviana Aubele











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