EL CONDE, recuerdos del futuro

Una premiada pelicula chilena que vuelve a cobrar notoriedad con la actualidad política

El Conde (Chile, 2023) – Elenco: Jaime Vadell, Gloria Münchmeyer, Alfredo Castro, Paula Luchsinger, Stella Gonet, Catalina Guerra, Amparo Noguera, Antonia Zegers, Marcial Tagle, Diego Muñoz, Clemente Rodríguez, Rosario Zamora, Sofía Maluk, Marcelo Alonso, Daniel Contesse, Daniela Seguel – Guionistas: Guillermo Calderón, Pablo Larraín – Dirección: Pablo Larraín

Fue en agosto de 2023 cuando El Conde, la película del cineasta chileno Pablo Larraín, se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Nominada para el León de Oro como mejor película, ganó la Osella de Oro por el mejor guión y también recibió una nominación en los Premios Oscar, en la categoría de mejor fotografía. Pudo verse en unos cuantos cines antes de sumarse al catálogo de Netflix. En los tiempos vertiginosos que corren, dos años de distancia de aquellas referencias podrían ser suficientes para que esta producción cayera fuera del marco de lo que puede considerarse un contenido de actualidad. Sin embargo, la realidad política hace que El Conde vuelva a ser, con absoluta justicia, una producción que reclama recuperar su visibilidad.

El Conde trae como figura protagónica al dictador chileno Augusto Pinochet, en una ficción histórica que lo retrata como un vampiro que oportunamente fingió su muerte, aunque ahora, después de 250 años de inhumanas tropelías, se debate entre la decisión de dejarse morir de una vez por todas o continuar asolando al mundo. En torno de este dilema personal, los oscuros personajes que rodean al Conde debaten sus propios intereses, que van desde las especulaciones familiares de neto corte financiero, hasta la ambición de otros oscuros protagonistas por perpetuar el poder de lo siniestro. 

El estreno de El Conde coincidió con el cincuentenario del golpe de Estado chileno de 1973, que derrocó el gobierno democrático del presidente Salvador Allende y colocó en el poder a Pinochet, quien mantuvo a través del uso de la fuerza su gestión ilegítima hasta marzo de 1990. Durante estos años se suprimieron los partidos políticos, se disolvió el Congreso Nacional, se limitó la libertad de expresión y se cometieron violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Se reportaron más de 28.000 víctimas de prisión política y tortura,​ con 2.298 ejecutados oficialmente y 1.209 detenidos que simplemente desaparecieron.​ Más de 200.000 personas fueron al exilio, en lo que constituyó el mayor movimiento emigratorio de la historia del país. La desigualdad económica creció exponencialmente, en paralelo con la precariedad laboral y un apagón cultural caracterizado por la censura violenta de toda expresión que fuese considerada contraria a la línea oficial.

Por supuesto, en El Conde lo que prima es la ficción. O mejor dicho: un simbolismo metafórico, que se pone de manifiesto en una sátira sugestiva y feroz, particularmente ácida, con muy buenas actuaciones, respaldadas por una muy atractiva y cuidada fotografía en blanco y negro, de altísima calidad. Y es que, como lo expresa el propio director, hay realidades que imponen la necesidad de acercarse a ellas a través de un corrimiento: «Me parece que acercarse a Pinochet de una manera realista o dramática produce una primera complicación, que es que Pinochet podría generar alguna forma de empatía. Quizás el blanco y negro y la sátira producen la distancia necesaria para poder verlo, observarlo y tener la sensibilidad correcta hacia hacia alguien que hizo tanto daño. Alguien que, por tanto, tiene que ser mirado desde el ángulo correcto”.

Y es entonces que la cuestión de las temporalidades pasa a ser relativa: las señales de un pasado que muchos creíamos definitivamente superado, de alguna manera se convierte en algo así como un recuerdo de cosas que parecen estar en lo porvenir. No solamente en Chile, sino en diferentes naciones de América y el resto del mundo. Es que el mal aparece enquistado en el corazón de las personas y de las sociedades de maneras diversas. A veces es la ambición de poder; otras veces una extraña e incomprensible amnesia que hace que algunas historias parezcan condenadas a repetirse una y otra vez, con lo cual la tarea siempre necesaria del ejercicio de la memoria, en función de construir mejores sociedades, se convierte en un trabajo que por momentos recuerda los afanes de Sísifo, aquel rey condenado a empujar hacia arriba una enorme roca por la ladera de una montaña, que eternamente volvía a rodar cuesta abajo. Germán A. Serain

Trailer oficial de El Conde

El Conde I Tru00e1iler oficial

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