BERNSTEIN, GLASS AND VERDI, algo en común

El New York City Ballet y tres épocas musicales con la visión de Jerome Robbins

Glass Pieces: Unity Phelan, Daniel Applebaum, Sara Adams, Andrew Scordato, Lydia Wellington, Cameron Dieck, Maria Kowroski, Russell Janzen – Fancy Free: Roman Mejía, Harrison Coll, Sebastián Villarini-Velez, Mary Elizabeth Sell, Sterling Hyltin, Miriam Miller, Giovanni Villalobos – The Four Seasons: Janus: Silas Farley – Winter: Cameron Dieck, Indiana Woodward, Harrison Coll, Devin Alberda – Spring: Isabella LaFreniere, Sara Mearns, Tyler Angle – Summer: Clara Frances, Ashley Laracey, Taylor Stanley – Fall: Preston Chamblee, Ashley Bouder, Joaquín De Luz, Daniel Ulbricht

El languideciente frío aun se cernía sobre Washington D.C. y mantenía retenida a la primavera inquieta que se anunció hace unos días con las primeras flores de los cerezos. Fue ese mismo frío el que mantuvo a la terraza del Kennedy Center -una de las mejores vistas de esta ciudad- completamente vacía. En el interior del complejo, se dieron cita el célebre compositor Giuseppe Verdi y dos americanos del siglo XX, Leonard Bernstein y Philip Glass ¿Qué tienen ellos tres en común? Pues que inspiraron al coreógrafo y co-fundador del New York City Ballet, Jerome Robbins.

Con el acompañamiento de la Kennedy Center Opera House Orchestra dirigida por Andrews Sill, el primer acto reunió a Rubric, Façades y fragmentos de la ópera Akhnaten para situar al espectador en los años ’80. El minimalismo de Philip Glass es asimilado por la coreografía de Robbins que, aunque puede presentarse por momentos como espontáneamente desordenada, no deja de regirse bajo una disciplina mecanicista. Bajo el paraguas imperante de la austeridad, la puesta escenográfica de Robbins y Ronald Bates (consistente en un telón de fondo cuadriculado) se amalgama perfectamente con los premeditados colores del vestuario de Ben Benson. Hubo algunas imprecisiones menores, principalmente durante Façades en el pas de deux de Maria Kowroski y Russell Janzen, opacadas sin embargo por el inusitado “ballet de sombras” en el inicio, como una de las imágenes más cautivantes del ballet contemporáneo.

Si hubo un desacierto, fue precisamente introducir Fancy Free con música de Bernstein, que narra la llegada de tres marineros a la vertiginosa y opulenta New York de los años ‘40. Aunque la razón puede haber sido mostrar el recorrido del coreógrafo estadounidense y su multifacética versatilidad, esta pieza como bisagra entre Glass y Verdi constituyó un factor disruptivo y, por demás, perturbador. Sin embargo, se apreció notablemente el despliegue escénico del bailarín Roman Mejía que expuso todo su potencial en un solo que realiza en el interior del bar, cuando compite con otros marineros por el amor de dos mujeres.

Luego del segundo intervalo, el telón desnudó una puesta escenográfica destacable tanto por lo imponente como por la tosca interpretación del período romántico que cobijó al compositor italiano Giuseppe Verdi. La flaqueza de Santo Loquasto (a cargo de la escenografía y vestuario) fue  notablemente sopesada por la entrega en que cada uno de los bailarines representó a las estaciones del año. Sin caer en lugares comunes, deslumbraron por los giros creativos y metafóricos, tales como invernales estalactitas en brazos de los bailarines masculinos, o la posible evocación de la caída de hojas del otoño, en ligeras telas que dejaban entrever la piel desnuda. Ocasionales faltas de coordinación durante Summer no oscurecieron, sin embargo, a un cuerpo de danza que -como el contradictorio frío primaveral- bien reflejó las transiciones entre una y otra estación. Martín Quiroga Barrera Oro

Fue el 30 de marzo de 2018
Kennedy Center Opera House
The John F. Kennedy Center for the Performing Arts
2700 F Street -Washington D.C. – U.S.A.
kennedy-center.org

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