Eugene Onegin (ópera) – Música: Pyotr Ilyich Tchaikovsky – Elenco: Asmik Grigorian, Iurii Samoilov, Maria Barakova, Larissa Diadkova, Stanislas de Barbeyrac, Alexander Tsymbalyuk – Escenografía: Tom Pye – Vestuario: Chloe Obolensky – Iluminación: Jean Kalman – Proyecciones: Ian William Galloway y Finn Ross – Coreografía: Kim Brandstrup – Dirección musical: Timur Zangiev – Régie: Deborah Warner
Casi al finalizar la temporada 2025-2026 se incluyó en la programación del Met un título favorito de todos los tiempos: Eugene Onegin, de Piotr Ilich Tchaikovsky, que gracias a la gestión que realiza la incansable Pupi Sebastiani desde hace quince años en la Fundación Beethoven pudimos ver simultáneamente con millones de espectadores en todo el mundo.
Un elenco internacional de jóvenes cantantes se lució en la reposición de la bella, ingeniosa y funcional puesta en escena multimedia de la reconocida directora teatral y gestora británica Deborah Warner, que reflejó con gran eficacia la atmósfera del universo de Alexander Pushkin: la casa familiar en el campo, la aterradora madrugada sobre la llanura helada y el lujoso, frío y distante palacio de San Petersburgo.
Brillaron también las escenas de baile —vals y polonesa— oportunamente incorporadas por el compositor como pausa dentro del drama. Allí, bailarines y cantantes se amalgamaron de manera deslumbrante en la precisa coreografía de Kim Brandstrup.
El debut en el Met del joven director ruso Timur Zangiev evidenció una profunda cohesión con una orquesta de virtuosos. Su conducción destacó por la entrega a las líneas melódicas, el refinamiento del fraseo y el cuidado pulso dramático que sostuvo a los cantantes.
La soprano lituana Asmik Grigorian, debutante en el rol de Tatiana, se destacó por su extraordinaria calidad vocal, intensidad dramática y total compromiso teatral. La célebre escena de la carta, en la que el personaje desnuda sus sentimientos, resultó devastadora. Más tarde supo transformarse en una Tatiana madura y serena, a punto de ceder, aunque conservando su fortaleza interior. La complejidad de un personaje que se transfigura a lo largo de la ópera fue resuelta con tal profesionalismo que costaba creer que estuviera afrontando el papel por primera vez.
El barítono bielorruso Iurii Samoilov debutó en el Met luego de haber interpretado el rol de Oneguin en nueve producciones anteriores. Convincente y elegante, ofreció un desempeño vocal irreprochable y un timbre de gran belleza, aunque menos impactante que el de su compañera de elenco. Resultó especialmente notable la química entre ambos artistas, unidos no sólo por una década de escenarios compartidos sino también por una profunda amistad.
El tenor francés Stanislas de Barbeyrac emocionó en el rol de Lenski, amigo de Oneguin. Dueño de un hermoso timbre y gran expresividad escénica, brilló especialmente en la famosa aria previa al duelo que terminará con su vida. Quizás su acento no alcanzara la naturalidad de los intérpretes rusoparlantes, pero la intensidad de su interpretación se impuso.
La mezzosoprano Maria Barakova sobresalió como Olga gracias a su frescura vocal y presencia juvenil. También impresionó el príncipe Gremin del bajo Alexander Tsymbalyuk, dueño de una voz densa, oscura y típicamente eslava. Por su parte, Tony Stevenson, como Monsieur Triquet, recordó a esos personajes cómicos que aparecen en las óperas dramáticas francesas para aportar un momento de distensión.
A la magnífica producción que tuvimos la dicha de compartir con millones de melómanos de todos los continentes se suma además un valor agregado propio de las transmisiones en vivo del Met: la posibilidad de ver la ópera desde adentro, desde perspectivas inaccesibles para el público presente en la sala. La anfitriona de esta función fue la carismática mezzosoprano Joyce DiDonato, quien además celebraba veinte años de participación en estas transmisiones desde sus comienzos. Gracias a ello pudimos asistir a sus diálogos con los artistas, enriquecernos con sus comentarios y presenciar un ensayo de la próxima ópera, la última de la temporada.
Dos veteranas artistas —Larissa Diadkova (la nodriza Filippyevna) y Elena Zaremba (Larina, madre de Tatiana y Olga)— recibieron además un cálido homenaje de DiDonato, quien manifestó su admiración hacia dos cantantes que ya forman parte de la historia del Met.
Por todo esto, y pese a la crisis que atraviesan los teatros del mundo, hay algo que todavía puede afirmarse: la ópera no ha muerto. Estela Telerman
Fue el 2 de mayo de 2026
Auditorio Fundación Beethoven
Av. Santa Fe 1452 – CABA
Fundación Beethove Met Live HD








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