EL AMOR DESPUÉS DEL AMOR, un retrato vívido

Interesante producción de Netflix para una biografía sobre Fito Páez

El amor después del amor (biopic sobre Fito Páez, en Netflix) – Reparto: Iván Hochman, Gaspar Offenhenden, Micaela Riera, Martín Campilongo (Campi), Daryna Butryk, Eugenia Guerty, Mirella Pascual, Mónica Raiola, Victoria Bernardi, Fernando Ritucci, Mauricio Di Yorio, Andy Chango, Mariano Saborido, Joaquín Baglietto, Luis Ziembrowski, Jean Pierre Noher, Manuel Fanego, Julián Kartun, Pablo Turturiello, Gastón Frías, Tomás Raimondi, Iván Sorokin, Dante Bruni y otros – Voz de Fito Páez en canciones: Agustín Britos – Guión: Juan Matías Carballo, Lucila Podestá, Francisco Varone, Leandro Custo, Diego Fió, Fito Páez – Música: Alan Senderowitsch, Ezequiel Silberstein – Fotografía: Diego Guijarro – Dirección: Felipe Gómez Aparicio, Gonzalo Tobal

Si hay alguien en el rock nacional que ha tocado el cielo y el infierno de manera alternada, ese es, sin dudas, Fito Páez. Con seis décadas de vida a cuestas, el músico rosarino tiene su propia biopic, con producción de Juan Pablo Kolodziej (su cuñado) y Mariano Chihade: El amor después del amor, título del séptimo álbum de Páez de 1992. Al igual que en el álbum, en la miniserie -distribuida por Netflix- aparecen retratados, con mayor o menor precisión, los artistas que pasaron por su vida, desde los tiempos de la trova rosarina hasta aquellas míticas presentaciones en el estadio de Vélez Sarsfield en 1993. Los ocho episodios de la miniserie comprenden los treinta años, desde el nacimiento del músico, en 1963, hasta ese multitudinario evento que marcó un antes y un después.

La historia da una vuelta completa: inicia con el Fito treintañero (Iván Hochman) en los momentos previos de ese recital y culmina con su subida a ese escenario en el mismo evento, ya como artista consagrado a nivel local e internacional. En todos los episodios los flashbacks son un recurso eficaz a la hora de contraponer los momentos más salientes de la vida artística de Páez con pinceladas de su infancia y adolescencia. La caracterización del Fito adulto está, en general, muy bien lograda. Si bien Hochman acierta en copiar casi a la perfección la forma de moverse del artista y sus gestos en los recitales, no parece adentrarse de lleno en el personaje, que cada tanto cae en algún bache interpretativo. De todos modos, la personificación es muy creíble, y a esto hay que sumarle la estupenda labor del cantante uruguayo Agustín Britos poniéndole voz a Páez para las partes cantadas.

Mientras tanto, el Fito de la infancia (Gaspar Offenhenden) se acopla en un tierno tándem con su padre, deliciosamente interpretado por Martín Campilongo. La labor de Campilongo es de lo mejor de la miniserie. En cuanto a caracterizaciones, la fidelidad con que tanto Micaela Riera como Andy Chango lograron meterse en los personajes de Fabiana Cantilo y de Charly García es digna de encomio. No solo sorprenden sus caracterizaciones, sino que crean un efecto ilusorio donde el espectador se preguntaría acaso si no serían Fabi y Charly as themselves, como se dice en las películas. La frutilla del postre en cuanto a caracterizaciones la ofrece Joaquín Baglietto, clon de su padre Juan Carlos en lo físico y en lo vocal. Cecilia Roth, esposa de Páez en los noventa y su musa, aparece muy bien retratada por la actriz ucraniano-argentina Daryna Butryk.

Los temas sensibles sobre los que gira la miniserie están tratados con sumo cuidado, pero sin omitir cuestiones tan crudas como el descenso de Fito a los infiernos: las pastillas y las drogas, su relación tempestuosa con Fabiana Cantilo, la muerte prematura de su madre Margarita (Victoria Bernardi), o el crimen de su abuela Delma y su tía abuela Josefa (Mirella Pascual y Mónica Raiola), brutalmente asesinadas en 1986 en su casa de Rosario, junto con la empleada doméstica, por Walter De Giusti (Mauricio Di Yorio).

Es de destacar la excelente fotografía en toda la serie. La ambientación de época está eficazmente lograda, salvo algunos detalles que hubiesen requerido más cuidado, como la fachada de la confitería donde transcurre la cita de Páez padre con una potencial novia -evento que habría ocurrido en Rosario- donde se ve una placa de mármol dedicada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires al restaurant El Globo, ubicado a algunas cuadras del Congreso Nacional.

Por la serie desfilan por igual Luis Alberto Spinetta (Julián Kartún), los hermanos Federico, Marcelo y Julio Moura (Dante Bruni, Pablo Turturiello y Tomás Raimondi, respectivamente), Pipo Cipolatti (Ezequiel Encinas), y Andrés Calamaro (Javier Morado), aunque quizás otros contemporáneos de aquellas épocas de gloria del rock nacional estén mencionados muy por encima (como Silvina Garré en las escenas con la trova rosarina), o no existe alusión alguna (sorprende la ausencia, aunque sea una mención, de Soda Stereo).

Más allá de gustos personales, Fito Páez es, innegablemente, un referente del rock gestado en Argentina. Lo avalan más de cuatro décadas de su aparición en escenarios, sus más de 25 álbumes publicados y su palmareses. La miniserie El amor después del amor captura los mejores (y los peores) momentos de Páez tanto en su vida personal como en su carrera musical,  y funge como álbum de fotos de las figuras que han nutrido y siguen nutriendo a una rica historia de rock gestada en las entrañas mismas de nuestra república. Viviana Aubele

El amor despuu00e9s del amor | Tru00e1iler oficial | Netflix

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