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TRES FINALES, tríptico posmoderno

Rafael Spregelburd y una obra con mucha carga conceptual

Tres finales – Actúan: Luciana Acuña, Sofia Brihet, Débora Dejtiar, Andrea Garrote, Matthieu Perpoint, Monica Raiola, Lalo Rotaveria, Pablo Seijo, Rafael Spregelburd, Alberto Suárez – Cantantes: Cecilia Arellano, Isol Misenta – Músicos: Ignacio Caamaño, Raquel Giuliani, Valentina Guirigay, Mariano Irschick, Cecilia Luna, Sebastian Strauchler – Vestuario: Julieta Álvarez – Escenografía e Iluminación:  Santiago Badillo – Dirección musical: Mariano Irschick – Texto y Dirección: Rafael Spregelburd

Es complicado catalogar esta obra de Rafael Spregelburd, estrenada el año pasado en el Teatro Argentino de La Plata (a esa puesta corresponde el video  incluido) y repuesta ahora brevemente por el Complejo Teatral de Buenos Aires en el Teatro de la Ribera. Tal vez no sea necesario hacerlo, pero de todos modos fue divertido escuchar algunas alternativas en boca del público una vez concluida la función: “una obra para nerds” le oímos decir a alguien, “teatro conceptualista” opinó otro, también dijeron “teatro posmoderno”…

Es verdad que este tríptico trabaja sobre conceptos, y exige cierto compromiso intelectual para acceder a un abordaje que haga de la obra una propuesta atractiva. También es cierto que hay una cantidad de elementos que remiten a un debate acerca de la posmodernidad, esa corriente cultural de definiciones tan amplias como imprecisas. Si el lector de esta reseña se ve atraído por las ideas de pensadores como Zygmunt Bauman, Jean Baudrillard o Francis Fukuyama, seguramente encontrará cosas muy interesantes en este trabajo, que plantea en tres bloques independientes diferentes reflexiones acerca del final de una época.

La primera parte plantea El final del arte, con dos docentes universitarios y una estudiante que discuten acerca del sentido del arte conceptual y la fallida restauración del Ecce Homo de Elías García Martínez. Esta obra, perteneciente al Santuario de Misericordia de Borja, en la provincia española de Zaragoza, cobró fama internacional cuando fue arruinada por Cecilia Giménez Zueco, una octogenaria amateur que pretendió revivirla. Es muy interesante, en este primer cuadro, el uso de una cámara de video dispuesta en posición de picado absoluto, que proyecta en una pantalla ubicada detrás de los actores lo que sucede en la mesa a la cual están ambos sentados, abriendo a la mirada del público un plano de acción muy interesante.

El segundo cuadro se titula El fin de la realidad y presenta a un grupo de intérpretes, sentados en fila frente al público, intentando traducir en simultáneo algo que carece de cualquier importancia. Lo relevante aquí no es el texto, sino el sinsentido del ritual significante. La única coherencia textual está dada por unas frases que se proyectan en la pantalla, algo así como un poema que habla de los altos mástiles de unos barcos, altos incluso cuando se alejan llevándose consigo a los marineros. Quizás se trate de una significativa metáfora relativa al mismo lenguaje. O acaso ésta sea apenas una de las tantas interpretaciones posibles, la que mejor calza al parecer de este comentarista.

Finalmente llega El fin de la historia, que nos muestra a una compañía de teatro intentando vanamente representar una obra antigua, con la intención –asimismo vana- de capturar al mismo tiempo el espíritu de lo contemporáneo. También en este caso la coherencia narrativa no está focalizada en la acción misma, sino en los textos que se proyectan en la pantalla, mientras que en la escena se mezclan el pasado, el presente y el futuro, mientras se desarrolla en simultáneo una performance musical que sostiene fuertemente el conjunto.

La música tiene un rol fundamental en este tríptico. Hasta podría decirse que en realidad se trata de algo así como una mezcla bastante equilibrada entre un ensayo escénico-teórico y una obra de teatro musical barroco, con aires contemporáneos. O acaso posmodernos. En este sentido cabe destacar el desempeño impecable de Mariano Irschick en la dirección musical, al igual que el de sus músicos y cantantes.

Para concluir, queremos rescatar del programa de mano una idea: aquel que señala el fin de algo lo hace desde la autoridad de quien siente que ha sobrevivido; que ha sido capaz de cruzar una frontera que separa un espacio y un tiempo de otros. Es posible que ese sea el sentimiento; sin embargo, para comprender cabalmente esta obra no podemos ubicarnos de un lado ni del otro de una línea, sino en la dimensión misma de la encrucijada. Germán A. Serain

Se dio hasta el 20 de agosto 2017
Teatro de la Ribera
Av. Pedro de Mendoza 1821 – Cap
(011) 4772-3350

complejoteatral.gob.ar

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