PARIAS, demonios rusos

Versión libre sobre el primer libro teatral escrito por Anton Chéjov

Actúan: Horacio Acosta, Fernando Contigiani García, Agustina Groba, Esteban Kukuriczka, Javier Lorenzo, Julián Marcove, Ivan Moschner, Laura Nevole, Georgina Rey, Ignacio Rodríguez De Anca, María Inés Sancerni, Marcelo Subiotto, Lorena Vega – Músicos: Francisco Casares, Patricia Casares, Eliana Liuni – Voz en off: Daryna Butryk – Vestuario: Magda Banach – Escenografía: Félix Padrón – Iluminación: Alberto Albelda, Aquiles Gotelli – Sonido: Patricia Casares – Música: Patricia Casares – Coreografía: Celia Argüello Rena, Andrés Molina – Dramaturgia: Guillermo Cacace, Juan Ignacio Fernández – Dirección: Guillermo Cacace

Digamos, ante todo, que Parias nos pareció una obra maravillosa. Se trata de una versión libre, realizada por Guillermo Cacace, del primer libro teatral escrito por Antón Chéjov, rechazado en su momento por todas las salas de Moscú. Esto llevó a que Chéjov se desentendiera de la obra, que permaneció desaparecida durante décadas, para ser finalmente hallada en 1922 en la caja fuerte de un banco de la capital rusa. Aquel trabajo lleva como título el nombre del principal protagonista de la acción: Platónov. Sin embargo, Cacace recuerda que el autor pretendió llamarla Los sin padres, y la palabra Parias le sirve para remitir con fuerza a aquella idea original de orfandad, que tiene además un alcance social y cultural, traducido en una ausencia de reglas, expectativas y certezas.

Lo primero que llama la atención es el hecho de que, habiéndose recién reinaugurado el Teatro San Martín, después de dos largos años de estar cerrado por trabajos de refacción, el diseño escenográfico de esta obra nos lleva a lo que bien podría ser un teatro abandonado, o que al menos continúa estancado en una reforma que podría ser eterna. Todo el andamiaje teatral está a la vista. También las fragmentaciones. Por lo demás, la obra está repleta de contrastes: está presente la poética literaria de Chéjov, que convive al lado de una carga enorme de acidez, de un humor cruel, por momentos despiadado, en medio de claves teatrales originales y efectivas. Y por supuesto también está presente la tragedia, atravesada por los amores errantes.

Todas las actuaciones son magníficas, aunque merece destacarse especialmente la labor protagónica de Marcelo Subiotto como Platónov, el gran paria, el antihéroe, aquel a quien Glagóliev (Horacio Acosta) define con certeza: “Es el mejor intérprete de la vaguedad actual. Es el héroe de la mejor novela contemporánea aún no escrita. Por vaguedad entiendo el estado actual de nuestra sociedad. … Todo es excesivamente vago, incomprensible. Todo se ha confundido en extremo, embrollado. El portavoz de esa vaguedad, a juicio mío, es nuestro inteligentísimo Platónov.” Absolutamente salvaje, de cuerpo y espíritu, el personaje que compone Subioto trae a la memoria a Jack Nicholson en el film El resplandor, de Kubrick; y como para señalar que la actuación no es su único talento, hasta se da el lujo de mostrar sus habilidades como violinista. El tratamiento musical de la obra es otro de los puntos destacables, con la participación de músicos en escena y un efectivo coro formado por los propios actores.

En resumen, se trata de una puesta de Chéjov absolutamente inusual pero, sin dudas, magnífica. En el programa de mano, Cacace habla de un “realismo ebrio”, como una corporalidad que genera acontecimientos desde el mareo del pensamiento, y hace referencia también a una “fiesta rota”, como una metáfora de aquello que los personajes buscan recobrar, al tiempo que intentan descubrir otros modos posibles de estar juntos. La descripción nos parece adecuada, y en medio de la desmesura y el caos, de los abismos a los que se arroja el protagonista, arrastrando consigo a todos los que se encuentran cerca, esta puesta se constituye como una gran obra de arte teatral, en todos los sentidos.

En cuanto al fondo de la obra, no es casual que sea precisamente Osip (Fernando Contigiani García), un declarado ladrón, quien nos hace sentir representados cuando justo antes de marcharse a su casa le propone a Sasha (María Inés Sancerni): “Mire al cielo… ¿No ve las lucecitas en los árboles? Son los fuegos fatuos. Mi madre decía que un alma pecadora yace bajo cada árbol, y cuando surge un fuego fatuo, los caminantes rezan por él. Un fuego fatuo se desprenderá de mí, pues yo también soy pecador… ¿Quién rezará por mí? Vea, allí hay un fuego, y allí otro, y otro, y otro… ¡Cuántos pecadores existen en el mundo!” Germán A. Serain

Miércoles a sábados a las 20
Domingos a las 20
Teatro San Martín
Av. Corrientes 1530 – Cap.
0800-333-5254

complejoteatral.gob.ar

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