LYNN HARRELL (1944-2020), millaje revocado

Curiosa anécdota del chelista estadounidense recientemente fallecido

A los 76 años, Lynn Harrell ha dejado este mundo. Nacido en Nueva York en familia de músicos -su padre era barítono y su madre, violinista-, quedó huérfano antes de llegar a los veinte, lo que lo llevó a vivir por períodos en casas de familias amigas, siempre con su chelo a cuestas. Pero esta circunstancia no lo detuvo: fue parte de la Cleveland Orchestra -de hecho, fue su chelista principal durante siete años-, y pasó por instituciones muy prestigiosas: la Royal Academy of Music (Londres), el Cleveland Institute of Music, la Juilliard School, y el Los Angeles Philharmonic Institute, del que fue su director musical entre 1988 y 1992.

Participó de giras importantes de la mano de directores de la talla de Zubin Mehta y Kurt Masur. Entre su discografía, que incluye más de treinta álbumes, hay dos que fueron galardonados con los Grammy Awards, en compañía del violinista Itzhak Perlman y el pianista Vladimir Ashkenazy. Uno de estos álbumes está dedicado al Trio para piano en la menor Op. 50 de Tchaikovsky; el otro, a los tríos para piano de Beethoven.

Una extensa y fructífera carrera, por cierto. En su cuenta de Instagram, Gautier Capuçon lo despidió con estas palabras: “Adiós, Lynn Harrell, adiós a mi entrañable amigo y colega, a tu maravillosa y única manera de hacer cantar tu violonchelo como si fuese una voz humana, y a tu inmensa generosidad”. Reconforta saber que quienes parten antes que nosotros son capaces de dejarnos algo que nos da la fuerza necesaria para seguir adelante.

Una anécdota particular da cuenta de su sentido del humor. En sus giras, Harrell solía comprar dos boletos de aerolínea, uno para él y el otro para su chelo. Cierta vez, una conocida aerolínea estadounidense decidió, quizás para evitar más “abusos” de su pasajero frecuente y su inusual compañero de asiento, no solo darlo de baja del programa de millas, sino absorber el millaje acumulado y dejarlo, digamos, en fojas cero.

Con estoica resignación y muchísima altura, Harrell lo cuenta así: “me quedé pasmado al recibir, a principios de 2012, una carta de Delta Airlines, en un tono como si fueran a romper una relación amorosa. Al igual que cualquier otra carta de rechazo, esta comenzó en un tono muy cortés, de modo tal que pensé que serían buenas noticias. Pero enseguida se tornó desagradable, y al final era como si ellos estuvieran intentando hacerme sentir como el peor de todos los delincuentes”.

Más allá de lo hilarante del relato, Harrell aprovecha la oportunidad para acaso derribar mitos que giran en torno a los músicos: “Una de las realidades de la carrera de un chelista es que debe viajar mucho en avión, y como el hecho de tener que confiar en las aerolíneas para facturar un equipaje que consta de un instrumento que vale millones de dólares basta como para una reacción a la defensiva, los chelistas debemos aguantárnosla y comprar un boleto adicional para el instrumento. Después de todo ¡nadie anda tomando prestado un Stradivarius o un Montagnana en cualquier ciudad a donde viaja! Durante toda mi carrera he acumulado millas con la cuenta del chelo, las que, a su vez, ayudan a reducir los costos de los vuelos para el instrumento en futuros viajes”.

Gran sentido del humor, además de excelente chelista. Lo recordamos en este concierto del año 1998 en compañía de la pianista china Yuja Wang, en que interpretan la Sonata para chelo en sol menor, Op. 19 de Sergéi Rachmaninov, en Nuevo México, Estados Unidos. Viviana Aubele

Yuja Wang & Lynn Harrell: Rachmaninov Sonata for Cello & Piano in G minor

Lynn Harrell en Wikipedia

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