JERUSALEM CHAMBER MUSIC FESTIVAL, admirables contrastes

Con Elena Bashkirova en el piano y la dirección brilló el grupo de cámara

Jerusalem Chamber Music Festival: Michael Barenboim y Axel Wilczok (violines), Madeleine Carruzzo (viola), Timothy Park (violoncello) y Elena Bashkirova (piano y dirección)

El segmento de público más tradicional del Mozarteum Argentino no es afecto, en general, a las expresiones de compositores pertenecientes a nuestra época o al siglo XX. Esto es notable en los aplausos, que son siempre la expresión inequívoca del éxito del artista y el repertorio elegido. En el caso de Jerusalem Chamber Music Festival, aun teniendo como figura principal a su directora, Elena Bashkirova -de indudable atractivo dado su éxito en 2012, cuando la pianista tocó junto a la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo-, no se vivió esa sensación de que todos habían disfrutado el concierto por igual, y se escucharon aplausos tibios o de compromiso en las piezas de Schnittke y Webern.

De hecho, el comienzo, con el Cuarteto N0. 1 (K.478) de W. A. Mozart, tuvo una recepción mucho más exultante, aun con ausencia de contrastes, como si faltara convicción y temperatura en los ejecutantes, y hasta con alguna desafinación.

Seguidamente, el interesantísimo Quinteto para piano y cuerdas de Alfred Schnitke, con momentos de climas densos y atractivos sonidos, permitió el total lucimiento del grupo y de cada uno de sus integrantes, en particular el trabajo sublime de Bashkirova, quien denotó su precisión y experiencia no solo en el piano, sino en la marcación de los tiempos. Algo es cierto, los subyugantes y superlativos pianissimi propuestos por el compositor quedaron prácticamente inaudibles en una sala del tamaño del Colón, a tal punto que las molestas toses y carraspeos característicos del tiempo invernal superaban a las notas en plena interpretación (ver video). Es indudable que en un pequeño auditorio este tipo de piezas se aprecia mucho más. Así y todo, Bashkirova realizó un trabajo notable en su instrumento y entregó una interpretación de estupendos contrastes e increíble delicadeza.

Algo similar ocurrió con Anton Webern y su intrincado Cuarteto para cuerdas op. 28, menos digerible para un público indudablemente apasionado por el repertorio más clásico o romántico. Por eso el Quinteto op. 44 de Robert Schumann fue una exultante fiesta final, una pieza que sonó deleitable y gozosa en una versión que marcó el brillo de la noche en todo el sentido musical e interpretativo, en franca comunión con los asistentes que agradecieron sonoramente. Martin Wullich

Fue el 24 de junio de 2014
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109
Sitio Web Jerusalem Chamber Music Festival

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