HAYR MER, 106 plegarias

Justicia, memoria, verdad y resarcimiento en el mes aniversario del genocidio armenio

Hayr mer es Padre Nuestro, en armenio. Y “resiliencia” es una de las palabras que Eva Guiragossian y su madre María Yolanda formaron en el juego de tablero del que ambas participan, en uno de los videos de Instagram previos a la nueva entrega de Dunin Mech (“en casa”, en armenio), el proyecto de Guiragos.com para este año. El 24 de abril pasado se cumplieron 106 años de un genocidio que fue un ensayo para otros genocidios que vinieron después. El testimonio de María Yolanda es solo uno de los tantos con los que los sobrevivientes del genocidio cuentan al mundo un hecho negado por Turquía hasta hoy, pese a los reclamos que se repiten año tras año.

El Padre Nuestro aparece dos veces en el Nuevo Testamento: una, en el Evangelio de Mateo (cap. 6); la otra, en el de Lucas (cap. 11). Es la oración central de la cristiandad, enseñada por Jesucristo mismo. En los más de 2000 años de cristianismo, el Padre Nuestro ha estado presente en las liturgias de todo el mundo cristiano. Sus palabras son repetidas misa a misa, culto a culto, reunión a reunión, e incluso fuera del ámbito eclesiástico, como oración personal de cualquiera, incluso si su fe dista de ser firme.

Esta oración ha sido llevada a la música, y si San Agustín tuvo razón al afirmar que quien canta a Dios, ora dos veces, con más razón si lo que se canta es la oración enseñada por Jesús a sus discípulos y, por extensión, a los creyentes. Una versión es la del gran sacerdote y musicólogo armenio, Komitas Vardapet (1869-1935), considerado pionero de la música armenia; la otra es la de Makar Yekmalian (1856-1905), compositor armenio contemporáneo de Komitas. Alumno de Rimsky-Korsakov, Yekmalian puso música al rito litúrgico de la iglesia armenia, una serie de inspiradoras composiciones entre las que está el Hayr Mer.

Esta  última es la versión elegida por los Guiragossian, cuyos bisabuelos fueron masacrados en el genocidio. Sin embargo, lograron reconvertir el dolor y ser luz en un mundo donde la oscuridad vuelve una  y otra vez. La luz del Evangelio es la que los acompaña en todo momento, y por eso la familia en pleno interpretó, para esta ocasión, el Hayr mer. Con idea y producción general de Pablo Guiragossian (también al violonchelo), la familia de músicos se completó con Eva y Andrés (voces), acompañadas por Silvana Rodríguez y Susana Gradassi. En la parte instrumental, Claudio (teclado, arreglos y dirección musical), Franco (guitarra eléctrica), Esteban (guitarra acústica) y Ezequiel (bajo eléctrico). Viviana Aubele

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