BRAHMS Y CONSTELACIONES, ciclo en expansión

Clave de Sol, creado por Alan Kwiek, culminó con un programa de marcada diversidad estética

En nuestra reseña del 15 de febrero pasado hicimos referencia al primer recital —Pasión, genio y locura. Robert y Clara: música y amor— a cargo del Dúo Isas-Kwiek, uno de los tres conciertos que integraron En Clave de Sol, el primer festival de música clásica realizado en la Fundación Beethoven. La propuesta planteó un recorrido por distintos mundos estéticos de la música de cámara, desde el romanticismo alemán hasta las múltiples constelaciones sonoras del siglo XX. Hubo además dos homenajes: el 25º aniversario de la fundación y el centenario del nacimiento de Pía Sebastiani, alma mater, pianista, compositora, pedagoga y gestora fundamental.

Siguió un programa tan atractivo como su título: Amado Brahms. Nuevamente la polifacética Margarita Pollini conjugó sus dotes de musicógrafa y poeta, ubicó las obras en tiempo y espacio y reveló aspectos de la vida de Johannes Brahms (1833-1894). Alan Kwiek, de negro riguroso, ofreció una selección de piezas tardías del compositor, agrupadas en los opus 116, 117, 118 y 119, páginas que condensan el lirismo introspectivo de sus últimos años.

En esta ocasión, el anfitrión se rodeó de destacados colegas: Mariano Manzanelli al piano junto a la soprano Marisú Pavón, la mezzosoprano Mariana Rewerski, el tenor Carlos Ullán y el barítono Sebastián Sorarrain. Una selección de conocidos valses y Danzas húngaras a cuatro manos evocó, con refinamiento y estilo, aquella música de salón de fines del siglo XIX que invita al movimiento y al encuentro.

Una exquisita versión de los Valses de amor op. 57 para cuarteto vocal y piano a cuatro manos constituyó la culminación de la velada. Esta joya camarística reúne canciones amorosas al estilo de los Ländler tiroleses, con textos tomados de la colección Polydora de Georg Friedrich Daumer. La variedad de ritmos y estados de ánimo de sus dieciocho números encontró en este sexteto una interpretación expresiva y matizada.

El cierre del ciclo llegó con Clásico y moderno. Constelaciones sonoras del siglo XX, un concierto abarcador que recorrió diversos países y estéticas. La diversidad del programa dio lugar a nuevas y sugestivas intervenciones de Margarita Pollini. Alan Kwiek, esta vez con brillante chaleco, transitó los colores impresionistas y neoclásicos de Claude Debussy y Maurice Ravel. El sólido dúo que integra con Cecilia Isas, dedicado a difundir obras de la compositora polaca Grażyna Bacewicz (1909-1969), compartió su Sonata Nº 3. También ofrecieron una delicada página de la talentosa y prematuramente fallecida Lili Boulanger (1893-1918).

Pía Sebastiani, figura emblemática de la música argentina y reconocida también en Francia y en Estados Unidos, recibió su homenaje a través de fragmentos de una obra para dos violines vinculada al nacionalismo musical argentino, con reminiscencias de danzas folklóricas. El diálogo entre Rafael Gintoli y Cecilia Isas —dos generaciones de violinistas de primer nivel— despertó el deseo de escuchar la obra completa.

El tramo final estuvo a cargo del conjunto de cámara Estación Buenos Aires, dirigido e integrado por Gintoli y Gabriela Olcese (violines), Ricardo Bugallo (viola) y Siro Bellisomi (cello), el ensamble contó además con la participación de Alan Kwiek al piano y del clarinetista Mariano Rey para interpretar la Obertura sobre temas hebreos (1919) de Serguéi Prokófiev (1891-1953), compuesta en Estados Unidos para clarinete, piano y cuarteto de cuerdas. Basada en melodías tradicionales judías, la obra alterna pasajes de profunda melancolía con otros de carácter festivo y vertiginoso. La versión resultó vibrante y comprometida, con especial lucimiento de Mariano Rey, cuya interpretación evocó con autenticidad el estilo klezmer.

Con En Clave de Sol, Alan Kwiek inauguró su primer festival de verano en una metrópoli reconocida por su riqueza cultural. Cabe desear que el proyecto se consolide en el tiempo y se convierta en semilla de nuevos encuentros dedicados a la música clásica. Estela Telerman

Foto: Santiago Botet

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