ALEKO y FRANCESCA DA RIMINI, terriblemente deliciosas

La subyugante música de Rachmaninov da vida a los gitanos de Pushkin y al infierno de Alighieri

Programa: Aleko y Francesca da Rimini – Música: Sergei Rachmaninov – Elenco: Serguei Leiferkus, Hugh Smith, Irina Oknina, Leonid Zakhozhaev, Maxim Kuzmin-Karavaev, Guadalupe Barrientos – Escenografía y vestuario: Helmut Stürmer  – Iluminación: Henry Skelton – Coreografía: Karel Vanek – Director Coro Estable: Miguel Martínez – Director musical:Ira Levin- Régisseur: Silviu Purcarete 

Interesantísimo programa este duplete de Sergei Rachmaninoff con sus óperas Aleko y Francesca da Rimini. En primer lugar porque ambas fueron estreno en el Teatro Colón. Además, Aleko fue una prueba que dio el compositor ruso mientras era estudiante -con 19 años de edad-, basada en el drama Los gitanos de Alexander Pushkin. En tanto, Francesca da Rimini parte de una historia real que, al ser relatada por Dante Alighieri, inspiró no solo a Rachmaninoff sino a muchos músicos, aunque la más famosa y homónima composición pertenece a Riccardo Zandonai.

La puesta en escena de Aleko muestra el campamento de gitanos en donde se desarrolla la historia, trasladado a épocas más actuales, a tal punto que aparece un Citroen que se convierte en nido de amor, junto a un carromato y otros coloridos elementos que marcan un atractivo contraste con la tragedia sobreviniente. Preciosos momentos de danzas y piruetas circenses se combinan con el estupendo clima generado por la música, mucho más evocativa que la acción histriónica marcada en un desarrollo cuyo final deja mucho que desear. La muerte de los amantes a manos de Aleko se produce sin tensión dramática en ninguno de los cantantes, como si se tratara de un hecho cotidiano.

En cambio, en la tremenda puesta infernal de Francesca da Rimini, el crescendo del drama se hace evidente en las mutaciones de cuadros sombríos y demoníacos que anticipan castigos a los amantes. Sin embargo, si uno llegara a ver solamente ésta ópera,  seguramente no comprendería ciertas cuestiones, considerando que una dista 14 años de la otra, los escenarios son muy distintos y no está pensada como saga. No se entiende que les encontró en común –salvo la infidelidad-  el regisseur rumano Silviu Purcarete para hacer aparecer, en el medio del infierno final de Francesca, el Citroen usado en Aleko . Tampoco la reaparición del oso que había quedado en la ópera anterior. O el insólito ventilador gigante, que quizás acá tendría más sentido, si lo pensó para airear un poco a los pecadores en el averno. La música, una vez más, es generadora de sensaciones apabullantes e impresionantes contrastes –con total sello Rachmaninov-, que la Orquesta Estable del Teatro Colón logró generar gracias a la precisa y férrea batuta del norteamericano Ira Levin.

Los cantantes principales impresionaron en los roles de ambas óperas. El barítono Sergei Leiferkus fluyó en su canto potente y deleitable de profundos bajos, en ideal combinación con la soprano Irina Oknina, delicadamente dramática y de notable emisión. El tenor Leonid Zakhozhaev encantó con su trabajo vocal, tal como lo había hecho en el reciente Colón Ring. También Maxim Kuzmin-Karavaev, Hugh Smith y nuestra Guadalupe Barrientos realizaron una destacable labor. El Coro Estable del Teatro Colón, dirigido por Miguel Fabián Martínez, brilló siempre con encantadoras voces, totalmente amalgamadas al espíritu lírico y musical. Martin Wullich

Fue el martes 14 de mayo 2013
Teatro Colón
Libertad 651 – Cap.
(011) 4378-7109

 

Aleko en Wikipedia
Francesca da Rimini en Wikipedia
Sergei Rachmaninov en Wikipedia

Publicado en:

Deja una respuesta