A CIELO ABIERTO, no me olvides

Un concierto multitudinario conmemoró el centenario del Genocidio Armenio

“No me olvides”. Este lema y la imagen de la flor del mismo nombre, de notable presencia en el escenario a cielo abierto, acompañaron la música del concierto dirigido por Santiago Chotsourian. Esta vez no fue solamente motivo de disfrute, ni el punto de encuentro entre culturas, sino que sirvió además para canalizar y hacer visible el dolor de cien años de reclamo por las atrocidades perpetradas en contra del pueblo armenio, a manos del entonces imperio turco otomano.

También fue la expresión de que pese a todo, y tal como lo cantó la voz impecable y clara de Liliana Vitale, “como un fuego chispeante, arde la vida”. Acompañada al piano por el mismo Santiago Chotsourian, fue uno de los momentos más íntimos, pero también vibrantes, que pudo apreciar el numeroso público que se hizo presente en el Monumento de los Españoles, a cielo abierto en el acto público por la memoria, organizado por la comunidad armenia argentina junto con Arpeggio, la emisora de música clásica (FM 89.5) que además emite una programación de 24 horas diarias por el sistema de Televisión Digital Abierta (TDA 24.03).

La conducción estuvo a cargo del experimentado Martin Wullich, acompañado por Laura Yorghandjian, quien tuvo palabras en recuerdo de la matanza acaecida hace ya un siglo. El concierto abrió con la Procesión del Sardar, de los Bocetos caucásicos del ruso Mijail Ipolitov-Ivanov, a cargo de la orquesta sinfónica a pleno, bajo la batuta del maestro Chotsourian. La evocación musical de esos paisajes tan caros al pueblo homenajeado siguió con la sinfonía La montaña misteriosa de Alan Hovhaness, compositor de origen armenio nacido en Estados Unidos, injustamente poco frecuentado.

Aquí cabe recordar que el simbólico nomeolvides recuerda, con sus cinco pétalos, los cinco continentes que dieron cabida a los armenios que debieron huir de su Hayastan natal. Siguió un vocalise de Arno Babajanian, interpretado por la soprano Alla Avetisyan y el tenor Marcelo Kevorkian, y luego tres piezas del emblemático Aram Khatchaturian, incluida su famosa Danza del sable, que luego se emparentó, representando el encuentro entre dos culturas y continentes, con otra danza: el Malambo de nuestro Alberto Ginastera.

También Astor Piazzolla estuvo presente con su Libertango, en una placentera versión, marcada por la sonoridad del duduk, un aerófono tradicional, a cargo de Gagyk Gasparian, tras lo cual subió al escenario Liliana Vitale, para cantar el citado Arde la vida de Peteco Carabajal y un bellísimo tema del recordado Luis Alberto Spinetta: Será que la canción llegó hasta el sol.

Con la emoción a flor de piel, se sumó entonces el Coro Nacional de Jóvenes, dirigido por Néstor Zadoff, para hacer lo que bien puede considerarse un himno, que además fue coronado por un público que aplaudió de pie: Pour toi, Armenie del francés Charles Aznavour (cuyo nombre real es Shahnourh Aznavourian), en un arreglo realizado por Fernando Pereyra. Aquí también se sumaron como solistas la soprano Lourdes Flügel y el tenor Emanuel Groh, del Coro Polifónico Nacional de Ciegos.

Como cierre de la velada a cielo abierto, orquesta y coro interpretaron varios fragmentos de los Réquiem de Mozart y de Verdi, incluido un Agnus Dei que tuvo la particularidad de combinar un pasaje del texto cantado en armenio por los solistas Avetisyan y Kevorkian. El broche de oro, antes de los bises y como uniendo dos pueblos hermanados en el dolor, fue el famoso Va pensiero de Giuseppe Verdi, que evoca la melancolía de los judíos exiliados en Babilonia, que lloran la patria perdida. En el caso del pueblo armenio, una patria que, cien años después, sigue reclamando que se reconozca a sus mártires y que al mismo tiempo sigue cantando, como antaño: Zartir, lao. Despierta, hijo mío. Viviana Aubele

A cielo abierto por Armenia
Dir.: Santiago Chotsourian
Fue el 28 de marzo de 2015

Monumento de los Españoles

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