El inicio del ciclo Aura —en su segunda temporada en Argentina— nos trajo a dos artistas excepcionales: el violinista y director Maxim Vengerov y la pianista Polina Osetinskaya.Visitante frecuente de nuestro país desde su debut para el Mozarteum Argentino, Vengerov dejó huellas inolvidables en cada regreso. Entre ellas, permanece especialmente presente su interpretación del Concierto para violín de Sibelius junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, ocasión en la que invitó al entonces concertino Pablo Saraví a compartir los bises de su despedida.
En esta oportunidad, el interés radicó también en escucharlo por primera vez en dúo con Osetinskaya, su partenaire artística desde hace una década. El recital confirmó una afinidad musical profunda, donde el diálogo entre ambos músicos superó la lógica de acompañamiento para instalarse como una verdadera construcción compartida.
La inteligencia del programa permitió advertir desde el inicio esa sintonía estética. Schubert, Shostakovich y Brahms delinearon un recorrido de contrastes expresivos, desde la claridad clásica hasta la densidad emocional del romanticismo tardío y la modernidad más desgarrada del siglo XX.
La admiración que despierta Vengerov puede volver difícil cualquier intento de distancia crítica. Su perfección técnica, la amplitud expresiva y la versatilidad de su repertorio lo sitúan en un lugar singular. Sin embargo, en esta ocasión encontró en Osetinskaya una contraparte ideal, de refinamiento extremo y gran capacidad de escucha, capaz de disolver los bordes entre violín y piano hasta volverlos una sola respiración musical.
La primera parte se inició con la Sonata para violín y piano en sol menor, D. 408, de Schubert. La lectura resultó luminosa, transparente y equilibrada, con un sentido camerístico de notable naturalidad.
Sin pausa, el dúo ingresó en la Sonata para violín y piano, op. 134, de Shostakovich, una de las grandes obras del repertorio del siglo XX. Escrita en 1968, en la etapa final del compositor, despliega un clima de tensión sostenida y una expresividad atravesada por el dolor y la introspección. El Allegro alcanzó una intensidad de fuerte impacto emocional, mientras el movimiento final extendió una atmósfera de gravedad profunda, con sus cadencias para piano y violín como puntos de quiebre expresivo. La versión ofrecida por Vengerov y Osetinskaya se sostuvo en una lectura de enorme concentración y potencia dramática.
Tras el intervalo, la Sonata para violín y piano n.º 3 de Brahms aportó el cierre del recorrido romántico. Allí, la solvencia técnica quedó plenamente subordinada a una interpretación de entrega total, marcada por un entendimiento musical de rara intensidad.
Los bises prolongaron naturalmente ese estado de comunión con el público. La Danza húngara n.º 17 de Brahms, la Melodía de Tchaikovsky, la “Marcha” de El amor por tres naranjas de Prokofiev y la Marcha miniatura vienesa de Fritz Kreisler funcionaron como un epílogo de gran vitalidad, recibido con entusiasmo sostenido por la sala.
El concierto dejó la impresión de un verdadero encuentro artístico en el que Maxim Vengerov y Polina Osetinskaya, dos personalidades de enorme peso individual, lograron construir un espacio común de gran coherencia expresiva. Estela Telerman
Fue el 18 de mayo de 2026
Ciclo Aura
Teatro Colón
Libertad 621- CABA
(011) 4378-7100
El Ciclo Aura es presentado por
Teatro Colón, Mama Hungara Live y Elisa Wagner ICP








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