En Lo que no se ve, su primera muestra individual, Romina Kleinman nos muestra justamente aquello que no termina de revelarse: una serie de piezas organizadas en torno a una poética de la mancha. Pequeños formatos agrupados conforman una primera impresión de delicadeza y juego: manchas coloridas, algunas monocromáticas, otras atravesadas por una vibración de colores más intensa, muchas trabajadas con la sutileza de la acuarela y el toque de la tinta china.
La artista explora no solo el color sino también la materialidad. En algunas obras, el papel adquiere un relieve casi escultórico: superficies montadas unas sobre otras, círculos superpuestos y leves volúmenes generan una dimensión corpórea que amplía el lenguaje bidimensional. Allí, la mancha deja de ser solo gesto pictórico para convertirse también en textura y presencia física.
En otras paredes, los formatos crecen y el color gana protagonismo. Naranjas, rosas, azules, celestes y verdes despliegan una paleta luminosa sobre fondos blancos, mientras la abstracción se sostiene como eje central de toda la muestra. Sobre esas superficies aparecen, en ocasiones, nuevos velos y superposiciones que podrían remitir al acrílico o al óleo, como si una mancha interviniera a otra, profundizando el misterio visual.
Algunas composiciones sugieren recorridos, rutas o caminos que se abren sobre el blanco, trazando direcciones posibles para la mirada. Otras, en cambio, concentran la atención en formas pequeñas y densas, casi objetuales, que evocan canapés dispuestos en bandeja: imágenes inesperadamente sensoriales, atractivas y cercanas, que introducen una dimensión lúdica en el recorrido.
También aparecen estallidos luminosos, fulgores que irrumpen dentro de la paleta y se reiteran en distintos sectores de la muestra, como una pulsación interna que conecta las piezas entre sí. Ya sea en dípticos, trípticos o composiciones múltiples, el concepto de mancha se repite y se transforma, revelando distintas intensidades del mismo gesto.
El título, Lo que no se ve, instala de inmediato una pregunta que atraviesa toda la exposición: ¿qué es aquello que permanece oculto? La obra de Romina Kleinman parece moverse justamente en esa frontera entre lo visible y lo insinuado, entre la evidencia del color y el misterio de lo que se sustrae a la mirada. Más que ofrecer una respuesta, la muestra invita a internarse en esa zona ambigua, casi filosófica, donde cada espectador completa con su propia percepción aquello que la artista apenas deja entrever. Martin Wullich
Se exhibió hasta el 17 de abril de 2026
Lo que no se ve – Romina Kleinman
Curaduría: Dolores Valdés
Bresson Art Gallery
Av. Callao 1880 – CABA
(011) 5254-2020









Comentarios