MÚSICA PARA NIÑOS, entre Debussy y Krása

La infancia según la música clásica y en contextos dispares

Hay mucha música para niños creada por compositores académicos, con algunas historias muy contrastantes, como el caso de Debussy y Krása. Entre 1906 y 1908, Claude Debussy compuso Children’s Corner (El rincón de los niños), una suite de seis movimientos para piano. En la dedicatoria, el compositor escribió: “A mi pequeña Chou-Chou, con las más tiernas disculpas de su padre sobre lo que escuchará a continuación”. Chou-Chou, o Claude-Emma Debussy, la niña de tres años que inspiró la pieza, fue el fruto de la unión entre Debussy y Emma Bardac, cuya relación comenzó mientras tanto él como ella estaban casados -ella con un banquero, y él con Lilly, su primera esposa-.

Debussy era de un temperamento más bien díscolo; Mary Garden, la soprano que cantó en la première de Pelleas et Mélisande, manifestó no saber si “Debussy alguna vez amó a alguien en realidad. Amaba su música; y quizás, a sí mismo (…) Era un hombre muy, muy raro”. Pero sí tenía adoración por Chou-Chou. Si bien Debussy era francés, es posible que el haber elegido un título en inglés para la obra tuviese que ver con que la institutriz de Chou-Chou era británica.

Los protagonistas de la suite son los juguetes de la niña, como por ejemplo Jimbo, su elefante de juguete (Jimbo’s Lullaby, o el Arrorró para Jimbo), o su muñeca de trapo (Golliwogg’s Cakewalk; golliwogg eran las muñecas de trapo negras con que las niñas jugaban en el siglo XIX); el nombre del primer movimiento refiere al libro de texto para aprender piano, Gradus ad Parnassum. Los otros tres movimientos son Serenade of the Doll, The Snow Is Dancing (La nieve está bailando), y The Little Shepherd (El pastorcito). Chou-Chou sobrevivió a su padre por un año, y murió de difteria, con catorce años de edad.

Hans Krása nació en Praga en 1899; estudió violín, piano y composición, y tuvo influencias de Gustav Mahler, Arnold Schönberg, y principalmente de Alexander von Zemlinsky. Krása no llegó a vivir medio siglo, pero compuso varias obras, entre estas una ópera, un cuarteto para cuerdas, una cantata, música de cámara y canciones. Lo último que compuso en 1938, antes de ser transportado al campo de concentración de Terezin fue Brundibár (“el abejorro”, en checo), una ópera para niños, con libreto de Adolf Hoffmeister.

Dos hermanos huérfanos de padre, Aninka y Pepiček, deben conseguir leche para que su madre enferma pueda sanar, pero no tienen dinero. Cuando escuchan al bigotudo organillero Brundibár (una obvia alusión a Hitler), deciden que cantando pueden llegar a obtener ese dinero. Pero Brundibár los echa; los niños son ayudados por un gorrión, un perro, un gato y otros niños. Juntos logran cantar y juntar el dinero en una gorra, que Brundibár roba. Todos los niños y los animales persiguen a Brundibár y recuperan el dinero.

La obra fue estrenada en el Orfanato Judío de Praga, y los actores fueron todos niños. Pero poco después, en 1942, comenzó la deportación masiva de checos judíos a Terezin. Con una copia de la partitura que logró transportar dentro del equipaje permitido y con ayuda de su memoria, Krása logró adaptar la orquestación para los instrumentistas disponibles en el campo. En la génesis de Brundibár, Krása y Hoffmeister tuvieron influencias posiblemente de Der Jasager (Bertolt Brecht y Kurt Weil); de Wir Bauen eine Stadt (Paul Hindemith); de Hänsel und Gretel (Engelbert Humperdinck); de La zorrita astuta (Leoš Janáček);  y de Pedro y el lobo, de Sergei Prokofiev.

La primera función fue en septiembre de 1943 y se representó 55 veces más. En una función especial fue vista por oficiales nazis y delegados de la Cruz Roja Internacional, en un montaje armado por los nazis para convencer a los de la Cruz Roja de que, después de todo, a los judíos se los trataba bien allí. Después de esta función, dos semanas después, la mayoría de los participantes -niños incluidos- fueron transportados a su destino final en Auschwitz. Fue la última vez que se representó en Terezin.

El 20 de noviembre de 1959, la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño; de ahí que esa fecha fuera la elegida por la organización para instituir el Día Internacional del Niño, aunque cada país puede elegir su propia fecha. En nuestro país, se eligió el primer domingo de agosto, y la decisión fue una propuesta de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete; años más tarde, la fecha fue movida al tercer domingo de agosto. Una idea encomiable, vista desde el interés del niño, pues en el sitio web de la cámara, se hace mención de la declaración de la ONU y del interés de la cámara por dedicar un día a la niñez. Pero si uno desplaza el cursor hacia abajo, va a notar con cierta perplejidad promociones de bancos para que la gente compre.

En menos de un siglo, dos ejemplos de obras para niños en contextos tan contrastantes. Una, producto del amor paternal; la otra, surgida en medio de persecución y guerra. Y como siempre, están quienes tienen demasiado aguzado el ingenio para sacar provecho de ciertas cuestiones. En esta entrega, les ofrecemos Children’s Corner en estupenda interpretación del pianista francés Alain Planès, y una puesta en escena de Brundibár con la Orquesta Sinfónica Juvenil del Chacao (Venezuela) dirigida por el maestro Alfredo Rugeles, y con la participación del Coro Infantil y Juvenil de la Universidad Central de Venezuela y la agrupación A Voces. Esta última se realizó en el marco del programa In Memoriam del Espacio Anna Frank, en Venezuela. Viviana Aubele

Más sobre El rincón de los niños
Más sobre Brundibár
El mismo Claude Debussy toca El rincón de los niños
Suite Brundibár, (Orq. de Cámara
Auditorio de Zaragoza, Grupo Enigma)

Publicado en:

Deja una respuesta