JOSÉ ANTONIO BOTTIROLI, valses rosarinos

Fabio Banegas encaró el registro integral de la obra para piano del compositor argentino

Antes de charlar con Fabio Banegas, una reflexión; dentro del amplio espectro de los compositores de música académica, son muchos -muchísimos- los nombres que desconocemos, comparados con los pocos que nos llaman la atención por haber escuchado algo de ellos en alguna ocasión. Esto también resulta válido, por supuesto, en lo que se refiere a las músicas argentinas. José Antonio Bottiroli (1920-1990) fue un compositor rosarino, también director, pedagogo y poeta, cuyos trabajos no se encuentran precisamente entre los más frecuentados. Descendiente de inmigrantes genoveses y lombardos, su árbol genealógico lo vincula con Ambrogio Damiano Achille Ratti, más tarde Papa Pío XI, quien impulsó el nacimiento del Vaticano como un estado independiente y soberano.

Si su nombre pasó a los libros que hacen referencia a nuestra música, fue como compositor de una marcha, con letra de Ernesto Arturo Sánchez Queirolo, dedicada a Manuel Belgrano. En 1960 la pieza fue incorporada por decreto del Concejo Nacional de Educación al repertorio musical de las escuelas argentinas.​ Y por decreto municipal de la ciudad de Rosario, también fue declarada canción oficial para ser cantada en las ceremonias del Monumento a la Bandera.

Conversamos con el pianista Fabio Banegas, también oriundo de Rosario, quien ha encarado el proyecto de grabar de manera integral la obra para piano de José Antonio Bottiroli, que está editando el sello Naxos para su serie Grand Piano. Este registro, lanzado a treinta años del fallecimiento de su autor, es una de las pocas publicaciones de la obra pianística completa de un compositor argentino.

Fabio Banegas ¿cómo llegás a interesarte puntualmente por la música de Bottiroli?

Bottiroli fue una figura muy importante en Rosario. Él se desempeñó como director de la Escuela Normal N°3 de esa ciudad, en la época de apogeo de la institución, de la cual mi padre era egresado. Cuando cumplió sus 25 años de egresado, hubo una gran fiesta, y ahí conocimos a Bottiroli, quien por entonces ya estaba retirado. En aquella ocasión estuvimos sentados en la misma mesa mis padres, mi hermano, y por supuesto yo. Y enfrente estaba Bottiroli con su esposa. También estaba presente el pianista Roberto Tagliabue Rossi. La de mi padre fue una camada de gente muy ilustre. 

Me llama la atención este dato: Bottiroli tiene 117 opus. Compuso 73 piezas para el piano, 23 obras de cámara, una docena de obras sinfónicas… Además, fue poeta. Su obra está registrada en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Pero aquí se lo recuerda nada más que por una marcha.

A mí no me extraña. Yo siempre hablo de un triángulo, ese que conforman el creador, el intérprete y el público. El arte musical tiene ese triángulo, que en las artes plásticas no existe, porque allí el contacto con la obra es directo. En la música se necesita de un puente, que es el intérprete. Y hasta que un intérprete no se ocupa, la obra no existe. Después está también, por supuesto, un poco la apatía del público, que por lo general sigue el gusto adquirido de escuchar siempre lo mismo, sea el brindis de La Traviata o los Nocturnos de Chopin. Esto es algo que hay que cambiar, y hay que cambiarlo a través de los intérpretes. Entonces, por ejemplo, yo puedo tocar Brahms, pero en la otra mitad del programa presentar algo nuevo. Y esto tendría que darse en todos los niveles: el de los solistas, el de los conjuntos, el de los organismos. 

Otro dato sintomático es que un sello que no es nacional ha sido el encargado de editar dos volúmenes con la obra de un compositor argentino, a cargo de un intérprete argentino.

El sello en este caso es Naxos, para su serie Grand Piano. Yo defino a Naxos como un pulpo, con muchos tentáculos, y en el tentáculo de Grand Piano tenemos una serie especializada en obras para piano inéditas, interpretadas por artistas que tienen un manejo profundo del material, como lo tengo yo con Bottiroli, porque fue él quien me enseñó su obra. Así que calzamos justo. Y todo surgió por la recomendación de Diego Orellana, un gran musicólogo argentino radicado en Bélgica. Yo ya había grabado el ciclo de los valses de Bottiroli, él presentó el proyecto a Naxos, y les interesó. A mí esto me encantó, porque se trata de la primera vez que se encara la grabación de la obra completa para piano de Bottiroli, que además de ser un autor desconocido es alguien nacido en el interior del país. Y con esto ya queda un registro para siempre.

Los dos volúmenes editados, ¿completan el proyecto o hay previsto algún disco más con otro material?

Va a haber un tercer disco, y también un cuarto. Mi intención es que el tercero pueda ser presentado a fin de año. Utilicé un criterio curatorial para estos discos, y si una idea fue ordenar las obras de un modo cronológico, al mismo tiempo buqué ordenarlas por géneros o estilos. Así, el primer disco incluye los valses, el segundo los nocturnos, que son obras muy galácticas o cósmicas, si se quiere. Bottiroli era rosarino, pero tenía además una casa en Los Cocos, en la provincia de Córdoba. Casi todos esos nocturnos los escribió en Los Cocos, un lugar donde hay unas noches estrelladas hermosas. Y me quedan los temas y variaciones, que irán al tercer disco, y lo que llamaré fantasías, que son obras con movimientos cortos y ensamblados.

Por lo visto, José Antonio Bottiroli se dedicó mayormente a obras breves. Y tiene además un lenguaje bastante universalista: si uno escucha estas músicas sin saber quién es el compositor, no hay referencias que remitan a nuestras tradiciones.

La obra para piano de Bottiroli está centrada en las microformas, con obras de tres a cinco minutos. La excepción a esta regla la encontramos en sus poemas sinfónicos. Y en relación al estilo, yo una vez le pregunté por qué no componía malambos o chacareras, y su respuesta fue decidida: “Es porque no lo siento”. Y tenía la capacidad de hacerlo, si hubiese querido. Su primera obra orquestal es su Pequeña Suite Norteña, de unos doce minutos de duración, una pieza preciosa, y también tiene una vidala para coro. Pero él no sentía la música autóctona, y se dedicó a componer lo que sentía.

Además, él venía de una línea compositiva formada en Nápoles, como un postromanticismo vinculado al cromatismo de Wagner o de Richard Strauss. Y debo decir que he recibido muy buenas críticas, tanto de la música como de la interpretación, en el exterior. Hubo reviews en medios especializados y en general la repercusión fue positiva, aparte del interés por una música que hasta ahora era desconocida y que se está brindando como una totalidad. Ojalá llegue a muchas personas.

Valses de Bottiroli por Fabio Banegas en Spotify
José Antonio Bottiroli en Wikipedia
Sitio Web de Fabio Banegas
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