GABRIEL SIVAK, pueblos originarios de Brasil

La Filarmónica interpretará su pieza Lágrimas de Tahuarí en el Teatro Colón

El compositor argentino Gabriel Sivak, radicado en Francia, nos cuenta acerca de su historia y de sus más recientes trabajos. Inspirada en un viaje al Amazonas, donde residió con los pueblos originarios Kuikuros en 2022, Lágrimas de Tahuarí está incluida en su más reciente álbum monográfico Danza en las aguas de Buriti y se compone de cinco movimientos. Se trata de una pieza compuesta por encargo de la Orquesta des Pays de la Loire y la Fondation Banque Populaire.

El músico nos habla de las dificultades de la emigración, pero también de los maravillosos recursos que desde Europa le permitieron crecer como profesional. Además, conversamos de sus fuentes de inspiración y de la interrelación entre lo popular y lo académico, y su experiencia en el Amazonas. Su música ha sido interpretada por prestigiosos coros, ensambles, orquestas y solistas.

¿En qué medida te inspiraron la naturaleza y los pueblos originarios Kuikuros del Amazonas para tu composición Lágrimas de Tahuarí?
Hubo varios aspectos. El primero, un lugar al que íbamos a bañarnos con los pueblos originarios que se llama Buriti, un lugar paradisíaco rodeado de palmeras. Allí se me ocurrió la idea de que en el tercer movimiento la orquesta suene un poco como una orquesta que esté sumergida en el agua y por eso creé una textura con acordes graves … Esa sensación un poco acuática es, para mí, una metáfora de las lágrimas de los árboles. Por otra parte, está el trabajo con texturas en base a las grabaciones que hice de sonidos de la naturaleza: insectos y pájaros. Previamente había explorado en el catálogo de biodiversidad de Humboldt.

¿Cómo fue la convivencia con los Kuikuros?
Muy buena. Son gente muy bondadosa de espíritu. Y mi interpretación es que el hecho de que no haya intercambio comercial dentro de la tribu elimina muchos rasgos de maldad que están completamente incorporados en nuestra sociedad, como la competencia excesiva, la ambición. Entonces, al principio podría decir que había un poco de desconfianza de parte de ellos antes que entráramos a vivir ahí, basada en algunas malas experiencias que habían tenido con gente que filmó documentales o hizo cosas sin pedir permiso. Una vez eliminada esa primera barrera, la convivencia se transformó casi en una relación fraterna muy profunda y muy linda que mantenemos hasta hoy.

¿Qué observaste acerca de la destrucción de los espacios verdes?
Me impactó mucho que cerca de la tribu en la que vivíamos había una zona que se había incendiado hace poco tiempo y estaba completamente devastada. Ellos vivieron ese incendio como una amenaza latente. Podrían haber desaparecido con ese incendio, pero tuvieron la suerte de que no llegó a dónde viven. Era muy impactante ver cómo no había transición entre la zona que estaba completamente vegetada, que era donde nosotros vivíamos, y de golpe el campo estaba todo negro y quemado.

¿Cuál fue la obra compuesta por encargo?
En el disco Danza en las aguas de Buriti todas las piezas fueron escritas por encargo. Cuarteto de cuerda Suite Capoeira fue un encargo del Cuarteto Voce, Descaminos, concierto para violonchelo y orquesta, es un encargo de la orquesta de Lutetia y Patrick Langot. Después Kathakali, para piano, es un encargo de la Scala de París. Cuatro esencias, es encargo de la Ópera de Hamburgo. Uray Purij mayun, obra en lengua quechua, es un encargo de un coro de Carcassonne, ciudad del sur de Francia. Y después está Lágrimas de Tahuarí, que es un encargo de la orquesta des Pays de la Loire y la Fundación Banco Popular.

¿Cuál fue el interés específico?
Hacer un retrato contemporáneo del Amazonas con lo que estaba ocurriendo en 2019. El tema de los incendios y la deforestación le dieron un vuelco y un vuelo a la obra, que hasta aquel entonces estaba más basado en un trabajo etnomusicológico, y acá le dio un relieve mucho más amplio, que me empujó también a hacer una investigación sobre toda la destrucción del Amazonas desde la colonización de los portugueses hasta los incendios y la deforestación.

¿Como interviene la música brasileña en tu disco Danza en las aguas de Buriti?
Principalmente en la obra Suite Capoeira, en la cual utilizo rítmicas que vienen de la música popular, como la capoeira, el candomblé o el samba. Y en la obra sobre el Amazonas, Lágrimas de Tahuarí, no es lo mismo, porque en el Amazonas no hay rítmicas populares identificables, como decir ritmo samba o ritmo de candomblé. Todo el material que escuché, toda la búsqueda musicológica que hice antes de empezar a componer la obra, fue escuchando y analizando la música de las trece etnias del territorio indígena xingú, donde yo viví. Entonces no se pueden poner a la par una obra con la otra. Digamos que en el caso del Amazonas, el lenguaje musical me lo tuve que inventar yo. Muchos elementos vienen justamente de lo que describía antes, como las máquinas de deforestación, sonidos de fuego, experiencias en el agua o a veces con algunas células que tomé de las improvisaciones de los indios que yo escuchaba en esas grabaciones, y pude recolectar en el CNRS de Nanterre, un lugar donde hay archivos que han hecho etnomusicólogos grabando material de las etnias.

¿Cómo interviene la música de la India?
La obra Kathakali nació de un encargo de la Scala de París para el pianista francés David Kadouch y el concepto era elegir una música del mundo y escribir una obra inspirada de esa música. Yo había hecho un viaje a la India en 2005 y había grabado un músico, un gran percusionista en el sur de la India, en la región del Kerala, que hacía un espectáculo que se llama Kathakali, que es una forma de danza-teatro en la India. Guardé esa grabación entre mis archivos, era la época en que todavía se grababa con cassette, ni siquiera tenía celular para hacer una grabación, y quedó ese cassette  en mi casa. Cuando surgió este encargo se me ocurrió empezar a desgrabar las rítmicas del tablas y aplicarlas en el piano, lo cual puso al pianista en una situación de extrema complejidad porque una de las dificultades técnicas del piano es la nota repetida. Acá hay como un ostinato que se repite en la mano izquierda, que es un pattern que viene del tablas, y simultáneamente la mano derecha toca polirritmias y cosas que son de una complejidad importante.

¿Cómo se combina lo moderno con el primitivismo? En Cuatro Esencias, ¿cuál fue el disparador para escribir sobre los cuatro elementos?
El disparador principal para componer la obra fue descubrir el poema Las cuatro maravillas del mundo de la poeta argentina Liliana Bodoc. En ese texto descubrí una universalidad en las palabras que me resultó muy atractiva para el tipo de música que yo imaginaba en el cual había un trabajo con la sensorialidad de las palabras y las texturas en las voces, a veces usando instrumentos de percusión. El texto tiene un aire  infantil  que me parece que se prestaba muy bien para hacer un juego ambivalente entre lo primitivo y lo moderno.

¿Cómo convive lo académico con lo popular en tu música?
Dentro de mi trabajo hay obras que son más netamente académicas, otras donde se combina más lo académico y lo popular, y otras donde son más netamente populares. Diría que conviven con mucha fluidez y a la vez con muchísimo trabajo de fondo, porque a la formación más académica que tengo se añade toda la práctica que he tenido como instrumentista de música popular y como arreglador, lo cual me dio mucha fluidez y creo que lo hago muy natural. También me sirvió mucho tener modelos para cómo trabajar sobre este doble aspecto en el ámbito del siglo XX. Puedo citar por ejemplo Jean-Louis Florentz, compositor francés, o un poco más atrás en el siglo XX, Bartók o Villa-Lobos, por supuesto, referencias de compositores que se han encontrado frente a problemáticas similares y que lo han resuelto de manera muy interesante y que me han servido como modelos.

¿Qué nos podés decir de tu carrera actualmente?
Vengo de hacer una residencia en la Casa Velázquez de Madrid, donde cada año Francia envía 13 artistas a desarrollar un proyecto. Fui seleccionado por una comisión que hace la Academia de Bellas Artes de París cada año. Se presentan más de 300 artistas y fuimos seleccionados 13; había 4 pintores, 3 escultores, 3 realizadores de cine y un compositor. En mi caso trabajé sobre una ópera que estoy escribiendo, que se va a llamar La Propagación, en la cual coescribimos el libreto, el dramaturgo argentino Alejandro Tantanian y yo.

¿Qué pensás acerca de tu emigración?
Llevo casi 24 años viviendo fuera de Argentina. Me ha hecho crecer y madurar muchísimo. Fue un camino de aprendizaje muy laborioso, pero lo disfruté y sigo haciéndolo. Estoy muy agradecido a Francia por todo lo que pude desarrollar. Me fui siendo muy jovencito, con muchas ilusiones. La verdad es que la gran mayoría las he podido cumplir. He podido realizar un montón de sueños. Todo me costó muchísimo esfuerzo. Desde acá se idealizan mucho las posibilidades en el extranjero. Yo tuve que batallar todo mucho. Estoy muy satisfecho de lo que fue mi vida en Francia, tanto en lo profesional como en lo personal.

Como compositor radicado en Francia, ¿qué diferencias ves entre la música que se compone allí y la que se compone en Argentina?
Argentina es un país donde hay muchísima gente muy talentosa y muy creativa, no solamente en la música, lo veo también en el cine y otras artes, pero falta una estructura y un apoyo del Estado para sostener todas las iniciativas y toda la creatividad de esos artistas a los que les cuesta mucho desarrollar su arte. Por otra parte, me parece que se idealizan sobremanera algunas vanguardias europeas que ya tienen 40, 50 años y desde acá se las pone en un pedestal. Creo que deberíamos tener una mirada un poco más crítica de esas vanguardias. Hoy en día veo en Francia una apertura estética para componer con mayor libertad. creo que es lo que me gustaría ver más incorporado en Argentina, en la mentalidad de los compositores.

¿Cómo es tu vida allí como músico?
Muy intensa, muy rica, muy variada. Tuve la suerte y la posibilidad en los últimos 13 o 14 años de realizar un montón de experiencias que me enriquecieron mucho como artista y como persona. Esto va desde escribir obras de orquesta para ensambles, para grupos de música de cámara, obras vocales, instalaciones, escribir para instrumentos solistas, experiencias como arreglador. Todo eso me ha nutrido y me ha dado mucho impulso para estimular mi imaginario y mis ideas permanentemente.

¿ Qué expectativas te genera este concierto con la Filarmónica en el Colón?
Es un honor muy grande presentarme en un teatro al que venía de niño, donde iba al gallinero con los abonos del Mozarteum allá por los 90, donde pude descubrir un montón de música, incluido las percusiones de Estrasburgo, con los que terminé trabajando en Francia años más tarde. Me mueve cosas muy profundas de Argentina. Como decía el poeta austríaco Rainer Rilke, la verdadera patria del hombre es la infancia. Y yo tuve una infancia y una vida muy intensa en la Argentina que me dejó marcado a fuego. Entonces me remueve también toda esa parte de mi historia y por eso es un concierto muy emotivo para mí.

El programa de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires será el siguiente:
Lágrimas de Tahuarí (Gabriel Sivak) – Concierto para piano en la menor, Op. 16 (Edvard Grieg) – Sinfonía Nº 12 en re menor, Op. 112 “El año 1917” (Dmitri Shostakovich) – Director: Manuel Hernández-Silva – Pianista: Teo Gheorghiu

Fue el 24 de mayo de 2024
Teatro Colón
Libertad 621 – Cap.
(011) 4378-7100

Sitio Web Gabriel Sivak

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