DON QUIJOTE, según Vasiliev

Invitados especiales en el colorido relato pintado por el coreógrafo ruso

DON QUIJOTE 2019 - Teatro Colu00f3n - www.martinwullich.com

Vladimir Vasiliev y Ekaterina Maximova, estrellas del Ballet Bolshoi, estrenaron en 1980 el primer Don Quijote completo que tuvo el Ballet Estable del Colón en su repertorio, con la maravillosa coreografía de Zarko Prebil. ¡Qué habrá sentido Vasiliev, casi cuarenta años después, en el mismo escenario, recibiendo la ovación de un sala repleta, que homenajeó al gran bailarín que fue y al gran maestro que es hoy! Seguramente, la satisfacción del deber cumplido.

Más allá de las consideraciones que puedan hacerse sobre la originalidad o no de su versión del ingenioso hidalgo, lo cierto es que su presencia diaria preparando esta obra infundió un nuevo entusiasmo en todo el elenco, algunos de cuyos jóvenes integrantes de la compañía no lo conocían.

También su visita estuvo signada por el reencuentro con artistas y amistades cultivadas a partir de aquel inolvidable primer desembarco de 1977 con Giselle, cuando Katia Maximova enfermó y una jovencísima Silvia Bazilis salió al toro con una solvencia pasmosa al lado del rubio Volodia. Vendría luego el espléndido Homenaje a Galina Ulanova, en 1983, con la presencia en escena de la legendaria maestra y un puñado de bailarines del Bolshoi, que luego se calzaron el chambergo para Fragmentos de una biografía, a puro tango.

Pero aquello es pasado, glorioso pero pasado. Hoy Vasiliev, con sus ágiles 78 años, volvió para compartir toda su sabiduría, en una obra que conoce al dedillo. Don Quijote es un ballet que levanta el ánimo de cualquier mortal, por su música –banal, reiterativa, profundamente hispana e irremediablemente adorable-, por su simpática historia, su colorido, su liviandad.

Ciento cincuenta años cumple esta comedia debida a Marius Petipa estrenada en el Teatro Bolshoi de Moscú, revisitada en 1900 por Alexander Gorsky, basada en algunos personajes que aparecen de manera tangencial en la novela de Cervantes. La versión de Vasiliev se atiene a la tradición, variando el orden de los actos, pero casi sin cambiar la coreografía de los números troncales. Eso sí, le dio mayor participación al cuerpo de baile, que acompaña a los protagonistas replicando sus pasos, blandiendo panderetas o batiendo palmas, recursos que dan brillo a las escenas de conjunto.

El acento puesto en los detalles dramáticos resulta un acierto, como en la introducción al ballet, donde adquiere sentido que Don Quijote confunda a Kitri con Dulcinea al ser flechado por Cupido mientras Basilio lo afeita. Desde el punto de vista escenográfico, en cambio, no lo es la utilización de proyecciones en reemplazo de elementos corpóreos, aunque se trate de pinturas realizadas por el propio Vasiliev.

En la función que comentamos, Kitri y Basilio fueron bailados por Margarita Shrainer -del Ballet Bolshoi- e Isaac Hernández -del English National Ballet-, dos bailarines ideales para estos papeles. Shrainer fue pícara y espontánea, dos características esenciales de Kitri, además de poseer una increíble técnica que le permite despreocuparse de ese aspecto para centrarse en la interpretación dramática. Por su parte, el debut del bailarín mexicano fue brillante: totalmente compenetrado con la personalidad del simpático Basilio, de gran limpieza técnica y físico ideal, Hernández fue ovacionado en varios momentos de la obra.

En los comprimarios se destacaron la espléndida gitana de Natalia Pelayo (verdadera bailarina-actriz), la sensual Mercedes de Ayelén Sánchez, y Paula Cassano, bellísima como la Reina de las dríades. Alcanzados por la dinámica coreografía de Vasiliev, los papeles que en otras versiones son apenas mimados aquí tienen su parte bailada, y así se lucieron Maximiliano Cuadra como Camacho, Roberto Zarza como Sancho Panza e Igor Gopkalo como Quijote.

La intervención de los numerosos alumnos del Instituto Superior de Arte, como desde hace años, constituyó una importante experiencia para quienes están haciendo sus primeras lides en escena. Desde lo musical, el maestro Carlos Vieu condujo eficazmente a la Filarmónica, que desgranó con brillo y matices la partitura de León Minkus, entre fandangos seguidillas, adagios y virtuosismo. Patricia Casañas

Fue el 5 de abril de 2019
Teatro Colón
Libertad 621 – Cap.
(011) 4378-7100
teatrocolon.org.ar

 

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