Petit Hotel Chernobyl – Actúan: Laura Manzini, Alejandra Oteiza, María Fernanda Provenzano, Martina Zapico – Escenografía: Vanessa Giraldo – Dramaturgia: Andrés Binetti – Dirección: Nicolás Manasseri
Cuatro mujeres enfrentadas con la realidad emergen de Petit Hotel Chernobyl, y esa oposición las obliga a construir una realidad paralela. Crean una “irrealidad” que las envuelve hasta protegerlas de ese afuera devastador que no contempla a quienes, por algún motivo, van quedando en la más absoluta carencia. Son cuatro personajes marginales que bordean lo grotesco, aunque funcionando en una estructura realista que las contiene. Viven unidas, amparadas y necesitándose entre ellas para sobrevivir.
Ellas son: una joven que mastica soliloquios incomprensibles sobre la cama, de la que sólo se despega para ir hasta la vereda o la terraza; una maestra que recuerda sus días de trabajo como un infierno mayor que su presente y canta, a cada rato, en clave de ópera, la marcha de San Lorenzo; una aspirante a tenista a quien ya se le pasó el cuarto de hora; y una entrenadora que posee quizás el único atisbo de esperanza que puede salvar esa situación.
Petit Hotel Chernobyl es una obra muy disfrutable de Andrés Binetti, que tiene ese “no se qué” que te atrapa. Las actuaciones son buenísimas, muy trabajadas y sobre todo muy peculiares. Todas están en un delgado límite con lo grotesco. Sin embargo, no generan distanciamiento, sino empatía. Desde que llegás, querés saber que es lo que viene y hacia dónde va la historia.
Es una pieza que te deja inevitablemente pensando y sintiendo. Cuatro mujeres viviendo en un cuarto de pensión, cuatro mundos que se entrelazan y se vinculan como pueden y que sobre todo no pueden no necesitarse. Petit Hotel Chernobyl nos hace reflexionar acerca de lo “normal” y sus límites. ¿Dónde se ubica nuestra normalidad? ¿dónde se esconde nuestra locura? ¿qué necesitamos como seres vinculantes y hasta qué límites llega nuestra necesidad, en relación a nosotros mismos y a los otros?
Asimismo, en el mundo de cada personaje podemos ver su deseo, su anhelo en la vida… Quedan manifiestas y en juego las frustraciones, lo qué ya pasó y no puede volver, lo que nunca será, e incluso -y muy marcadamente en uno de los personajes- lo que todavía puede ser y hay que seguir insistiendo.
Acompañan muy bien la iluminación -marcando pequeñas elipsis-, el vestuario y la escenografía. Pocas cosas que conforman lo justo. Grisel Bercovich
Viernes a las 21.30
Duración: 50 min.
Ítaca Complejo Teatral
Humahuaca 4027 – Cap.
Entradas por Alternativa
Elenco 2022:
Alejandra Oteiza, Jowy Sztrik, Silvia Villazur, Martina Zapico
Tres preguntas a Martina Zapico, una de las actrices, también productora ejecutiva del espectáculo:
– ¿Por qué el nombre Petit Hotel Chernobyl?
– Cuando leí el material de Andrés Binetti, entendí que engloba la situación que envuelve a estos personajes. Es una especie de paradoja que tanto caos pueda caber en un lugar tan “petit”, pequeño… Estas mujeres son carentes desde cualquier perspectiva que se las mire y en casi todos los aspectos imaginables. El título también pone un poco en jaque el caos que se puede llegar a esconder entre tanto anhelo y deseo disfrazado. Chernobyl es eso, sinónimo de desastre, desolación, daño. Eso es lo que refleja la obra cuando la ves.
– ¿Esos rasgos extremos que cada una representa revelan lo que cualquier neurosis roza?
– Mucho de lo que representan estos personajes, exacerbados por la propia convención teatral, ponen un poco en jaque lo que la mente intenta ocultar muchas veces. Todos somos en mayor o menor medida estos personajes. Lo rico de esta obra es que le da la posibilidad al espectador de sentarse y crear la historia que quiera, sin demasiada vuelta ni mucho rulo. La idea es que pueda preguntarse y responderse al mismo tiempo, pero sin necesidad de tener que explicar demasiado. Esta obra es una foto, un fragmento de la vida de estas mujeres en ese momento puntual. Muchos espectadores dicen sentir cierta empatía e identificación con lo que viven estos personajes a lo largo de la obra y la pregunta que más aflora es ¿de qué nos reímos?, ¿de ellas?, ¿de sus vidas?, ¿de la situación?, ¿de nervios?, ¿de sentirnos que somos eso y nos lo están mostrando?… es muy amplio.
– ¿Qué representa, según tu punto de vista, cada uno de los personajes?
– El pilar en donde se apoya el fracaso de la otra. No se sabe por qué terminaron ahí, pero se acompañan y se necesitan. No podrían haber sido otras mujeres, por algo tenían que ser ellas, ahí, en ese momento. Eso es muy interesante, pues cada una fue viviendo en base a la carencia de la otra y así fueron sobreviviendo. Tal vez el personaje más realista, el de la Nena, corta un poco con lo onírico que plantea la obra. No se sabe si el exterior existe, lo sueñan, si es el anhelo que tienen o si simplemente es una evocación de lo que se quiere, pero nunca sucederá, porque nada las termina alejando de ese lugar. Están enfrentadas con la realidad y ese enfrentamiento las obliga a construir otro de sueños, el irreal. La irrealidad las va envolviendo para protegerlas de ese afuera devastador que no tiene contemplación con aquellos que van quedando en la más absoluta carencia.
Andrés Binetti en Alternativa









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